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Italia y 2014

viernes 03 de enero de 2014, 19:20h
Este año se presenta para Italia como crucial, no sólo porque le corresponde la presidencia de turno de la UE en el segundo semestre de 2014. Además, se celebrarán las elecciones al Parlamento europeo, en un creciente –y difundido- clima anti-euro y antieuropeo. No obstante y pese a seguir contando con un Gobierno frágil e inestable, 2014 debe ser el año de las reformas, de los cambios, ya que el país lleva mucho tiempo peligrosamente inmóvil, posponiendo medidas urgentes y necesarias. Antes de escribir esta colaboración, y por curiosidad, he vuelto a leer un artículo mío del 3 de enero de 2011: la casi totalidad de las reformas entonces mencionadas aún no se han abordado y la situación del país sigue siendo crítica.

Desde el punto de vista económico, el Gobierno de Enrico Letta debería plantearse la aplicación de unas medidas eficaces y eficientes para enfrentarse a la grave crisis económica, nuevas iniciativas para reducir la deuda pública y sobreponerse a la peligrosa recesión, iniciando, cuanto antes, una improrrogable etapa de recuperación. Asimismo, debería impulsar la creación de empleo, una reforma de las pensiones y del sistema fiscal. Socialmente, se debería urgentemente modificar la ley de inmigración (la internacionalmente cuestionada Bossi-Fini) y aprobar una que conceda la ciudadanía a los nacidos en Italia de padres extranjeros (el ius soli). Se debería debatir de una vez el tema de los matrimonios civiles entre personas del mismo sexo, los tratamientos con células madres o la web tax. A nivel institucional, se debería luchar contra una burocracia asfixiante y paralizante; las instituciones del país necesitan ser modernizadas para crear una estructura más dinámica y equilibrada. También se debería continuar la lucha contra las organizaciones criminales italianas, realizando una atenta reflexión sobre las relaciones entre mafia y política (en palabras del experto de ‘ndrangheta Francesco Forgione “no existe mafia sin política”). Cabe esperar una verdadera apuesta gubernamental por la legalidad, una voluntad manifiesta de erradicar esta plaga.

El Gobierno debería aprobar cuanto antes una nueva ley electoral (la actual ha sido declarada inconstitucional por el Tribunal Supremo), presentado una nueva que sea capaz de asegurar la estabilidad al país, la gobernabilidad. Por su parte, la clase política italiana debería actuar para recuperar la credibilidad pérdida. Las primarias abiertas del Partido Democrático, en las que participaron casi tres millones de personas entre militantes y simpatizantes, han sido todo un éxito desde el punto de vista de la afluencia y confirman que la mal llamada “antipolítica” en Italia en realidad es “demanda de otra política”, ambición por contar con una oferta nueva, diferente a la tradicional clase dirigente nacional. En esta ocasión, se votaba por tres candidatos (Matteo Renzi, Pippo Civati y Giuseppe Cuperlo) que a su manera representaban algo nuevo, “moderno”, en el panorama anquilosado de la izquierda italiana.

No obstante, no sólo la izquierda, sino el entero horizonte político italiano debería apostar por la renovación. El país no necesita partidos vetustos ni nuevas o viejas guías demagógicas, arruffapopolo. No se trata sólo de un problema generacional, como bien indica Renzi “Il Rottamatore”: los ciudadanos demandan una nueva clase política, honrada y eficaz. La batalla por el cambio no debe limitarse a una lucha contra la gerontocracia, sino también a favor de la competencia, su sustitución por figuras profesionales preparadas y éticamente honradas. El malestar de los italianos no debe ser infravalorado y se deben aplicar medidas que reduzcan los costes de la política, más allá de la ya publicitada progresiva abolición de la financiación pública de los partidos. Hacen falta cambios tangibles y una nueva ruta: esperamos que el 2014 sea el año del cambio político y de las reformas, antes de que la situación de Italia empeore.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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