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La balcanización de Europa

Javier Rupérez
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jruperezelimparciales/9/1/9/21
jueves 09 de enero de 2014, 20:19h
El que fuera Ministro británico de Defensa y Secretario General de la OTAN, Lord George Robertson, acaba de publicar en el “Washington Post” un alarmado y dolorido artículo sobre la posibilidad de que el referéndum relativo a la pertenencia de Escocia al Reino Unido produzca la ruptura de lo que con razón define como “una de las uniones claves en el Occidente y la segunda por su capacidad defensiva”. Para Robertson la eventual disolución del Reino Unido traería consigo “profundas consecuencias internacionales” además de una “grave pérdida de credibilidad y de peso global” para lo que denomina “el Reino Unido residual”. Apunta directamente al hecho de que la base de los submarinos nucleares británicos se encuentre precisamente en las costas escocesas y los secesionistas hayan dejado saber su aversión a cualquier armamento nuclear. Se pregunta Robertson cómo es posible que los tales que predican la independencia y quieren mantener los lazos con la OTAN se pronuncien al mismo tiempo de manera tan radical contra la política nuclear de la Alianza.

Los secesionistas escoceses han expuesto sus tesis sobre las consecuencias de la ruptura de la integridad territorial británica en un largo memorial de 670 páginas en el cual afirman que nada sustancial se verá alterado: mantendrían a la Reina, seguirán perteneciendo al mercado común insular y al mismo sistema regulatorio, retendrían la misma moneda y la pertenencia a la Unión Europea. Lord Robertson pone en duda todas y cada una de esas afirmaciones y las rebate de manera contundente:”los nacionalistas escoceses dicen ahora que toda cambiará pero que en realidad todo seguirá igual. Eso no convence a nadie. La secesión es la secesión y eso es lo que significa un estado separado”. El panfleto secesionista afirma que con la separación Escocia seria “más rica, más saludable, más influyente y más justa”. Robertson arroja una cruda luz de escepticismo sobre ello y se pregunta cual es realmente lo que se ofrece, que él teme sea “gato por liebre”.

Cierto es que hasta el momento el sentimiento secesionista en Escocia no ha superado el 30% de la población pero Robertson alerta contra cualquier complacencia: “Los separatistas van en serio, están bien organizados y bien financiados”. Al tiempo avisa de los efectos contagiosos que el referéndum escocés podría tener en otras partes del continente, y menciona específicamente Cataluña y el País Vasco en España y Flandes en Bélgica, mostrando las eventuales consecuencias del proceso :”La re-balcanización de Europa debe ser motivo de honda preocupación. En un mundo frágil e inestable, donde los problemas y sus soluciones tienen una dimensión global, volver al localismo no beneficia a nadie. La secesión no traerá ninguna tranquilidad para las preocupaciones de las gentes. Promete más enfrentamiento y disensión”. Y urge a sus coterráneos escoceses para que no se dejen seducir por el “paso a ciegas” al que les invitan los separatistas.

La oportunidad del texto de Robertson es innegable y tiene el mérito de sumar argumentos domésticos e internacionales, recordando los graves aspectos geopolíticos que las secesiones traen consigo. Tiene para los españoles un mérito adicional. Y es que, con las evidentes diferencias en las configuraciones respectivas, el artículo se podría leer de la misma manera poniendo España donde se habla del Reino Unido y Cataluña o el País Vasco donde se habla de Escocia. Un buen aviso para navegantes en aguas turbulentas.

Javier Rupérez

Embajador de España

JAVIER RUPÉREZ es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

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