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Matteo Renzi y la política italiana

jueves 09 de enero de 2014, 20:21h
Italia necesita una clase política nueva que sea capaz de eliminar la difundida percepción ciudadana de que la política sea algo autorreferencial, distante de la realidad cotidiana, caracterizada por intrigas y corrupción. Tiene razón Letta cuando hace algunos días afirmó que el crecimiento del populismo en Italia no solo dependía de los duros ajustes económicos ordenados desde Bruselas, sino que era también una “reacción a una política que ha tardado demasiado en renovarse y en reducir los costes”. En este contexto, los partidos italianos necesitan replantearse su identidad, mejorar su modelo político, reflexionando y ejerciendo una constructiva autocrítica de su conducta de los últimos años.

En lo que concierne a la izquierda, la irrupción de Matteo Renzi en el escenario político italiano puede ser considerada una noticia positiva siempre, y cuando promueva un cambio efectivo dentro del partido, una renovación de su clase dirigente. El ganador de las primarias del Partido Democrático es una persona inteligente, carismática y mediática: en su labor de reconstrucción de la identidad de izquierda, debería escuchar y confrontarse con personas preparadas como Pippo Civati, Giuseppe Cuperlo o Fabrizio Barca. Sus aportaciones e ideas podrían beneficiar la vida del partido y su proyección en el escenario nacional, a sabiendas de que la izquierda italiana no puede permitirse repetir los mismos errores de siempre: es necesario refundar la sinistra, superando la sempiterna división de su clase dirigente, las inútiles luchas interinas e intestinas. Hace falta un partido dinámico, renovado y valiente, capaz de superar la retórica antiberlusconiana y, sobre todo, de presentar un proyecto político reformista y alternativo.

Por su parte, el Movimento 5 Stelle debe seguir su camino de “maduración”, evitando pataletas pueriles, caídas vulgares, tentaciones pedestres o declaraciones demagógicas. Si es cierto que en determinadas ocasiones el M5S ha pagado su inexperiencia, en otras han cometido errores discutibles, como cerrarse autísticamente en sí mismo, provocar o presentar propuestas irrealizables. Por eso, aunque se le deben reconocer algunos meritos, han sido meses en los que se han preocupado más de destruir que de proponer, ocupándose más en atacar que en debatir. En política, el dialogo es necesario y las listas de proscripciones o los insultos de poco sirven, no benefician el sistema. Quizás sería aconsejable depender menos del dúo Casaleggio-Grillo y confrontarse más con las otras fuerzas políticas nacionales, sin abandonar su espíritu crítico.

La situación de la derecha italiana sigue siendo una incógnita. Por un lado, está el eterno Silvio Berlusconi, donde la virulencia de sus ataques contra la Magistratura parece directamente proporcional a su impotencia política. El cavaliere aparece como un líder en desgracia, convertido en la sombra de sí mismo, monótono y cansado, que genera cada vez menos admiración y más pena. Basta con pensar que la única nota positiva de los últimos meses ha sido el perro dudú, un caniche muy bonito. Y, por otro lado, Angelino Alfano, la tímida esperanza de la derecha italiana: sería saludable para la democracia italiana el nacimiento de una derecha liberal, moderna y moderada. De momento, no parece que se den las premisas, pero la separación/ruptura con Berlusconi representa una buena señal.

La clase política italiana no puede permitirse el lujo de seguir siendo el vivo retrato de la frase gattopardina del “cambiar todo para no cambiar nada”, ni estar, una vez más, inmóvil, pasiva, esperando la evolución de los eventos, anclada al margen de los problemas reales de los italianos. No cabe duda de que los italianos están escépticos, críticos y molestos con el actual escenario político actual, demandando otra política, anhelando contar con una oferta nueva. Se trata de devolver dignidad a la política, evitar que, como decía George Bernard Shaw, “la política sea el paraíso de los charlatanes”. La política italiana debe abandonar esta larga y esperpéntica etapa: hace falta un sustancial cambio de la clase política italiana.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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