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RESEÑA

Wendy Lower: Las arpías de Hitler. La participación de las mujeres en los crímenes nazis

domingo 12 de enero de 2014, 14:23h
Wendy Lower: Las arpías de Hitler. La participación de las mujeres en los crímenes nazis. Traducción de Núria Pujol. Crítica. Barcelona, 2013. 320 páginas. 21,90 €. Libro electrónico: 14,90 €
Las arpías de Hitler. La participación de las mujeres en los crímenes nazis, de Wendy Lower, examina un tema desconocido o, más bien, frecuentemente infravalorado: el papel de las mujeres en el régimen nazi. Las imágenes o las investigaciones de las mujeres en este campo escasean y se suele considerar la Segunda Guerra Mundial y el genocidio como obra de los hombres, acontecimientos marcados por su malévola acción. No fue solo así. Y si es cierto que al principio, la mujer debía limitarse a “dar hijos a la patria”, fue adquiriendo cada vez más protagonismo en el Tercer Reich, desarrollando un papel crucial en su lucha por la conquista del hitleriano espacio vital.

Se trata de un libro documentadísimo, producto de una amplia búsqueda de datos e interesantes testimonios. En sus páginas, relata la historia de unas mujeres que abrazaron los ideales nazis y participaron en la vida del régimen. Trece millones de mujeres militaron activamente en el partido nazi, y más de medio millón fueron a países como Ucrania, Polonia o Bielorrusia para favorecer el avance del nazismo e incluso colaborar directamente con las SS. Algunas creían actuar en un contexto de normalidad, considerando que cumplían su deber de patriota. A otras simplemente les movía la ambición.

En su breve y contundente libro, la autora subraya que la decisión de torturar o asesinar fue voluntaria, ya que el régimen les obligaba a ser cómplices, no asesinas. En muchos casos se excedieron en su tarea, pasando de espectadoras del horror a carnífices. Mataron por interés, ambición, satisfacción personal o porque creían que era necesario para el predominio de la raza superior. El exterminio como vía de ascenso social o como parte de un diseño divino que llevaría la raza aria a dominar el mundo. Asesinaron a jóvenes, a ancianos, a discapacitados, a enemigos en general, por fanatismo o diversión, directamente o gestionando el “papeleo” del exterminio. Decidieron cooperar en los trabajos administrativos y las labores agrícolas pero también en los campos de concentración de Stutthof, Auschwitz, Ravensbrück y Majdanek. “Testigos, cómplices y criminales”, mujeres muy diferentes socialmente, culturalmente y que, en palabras de la autora, “todas eran ambiciosas y patrióticas; en distintos grados, también compartían las cualidades de ser avariciosas, antisemitas, racistas y hacer gala de la arrogancia imperialista. Y todas eran jóvenes”. Por otro lado, no cabe duda de que sus actos eran amparados, incentivados e incluso alabados por sus superiores, que consideraban a Alemania superior al resto de Europa.

El trabajo tiene varios méritos: en primer lugar, da a conocer el importante papel de la mujer en los crímenes nazis, demostrando que ocuparon un lugar destacado en la maquinaria de destrucción ideada por Hitler. No se trató de una aportación anecdótica, sino de un rol importante, una parte activa del exterminio. En segundo lugar, demuestra que el genocidio y la maquinaria nazi no hubieran podido funcionar sin la colaboración de la sociedad. La complicidad de gran parte de la población (masculina y femenina) es fundamental para comprender las atrocidades del régimen. En tercer lugar, enfoca el tema sin caer en la actual tendencia al sensacionalismo o a la morbosidad. El libro se caracteriza por un estilo sobrio, dividiendo las historias que narra en diferentes bloques: su formación, la llegada al Este, los crímenes (dividido a su vez en cómplices y autoras), el porqué lo hicieron (sus explicaciones) y su vida tras la guerra. Y, finalmente, demuestra que las guardianas de los campos de concentración no fueron las únicas que cometieron crímenes. Las mujeres nazis desarrollaron diferentes tareas: maestras, enfermeras, secretarias y esposas de altos cargos de la Waffen-SS, todas participaron activamente en este plan criminal. Algunas alcanzaron un elevado grado de poder que les permitió disponer de la vida de los prisioneros a su antojo y capricho. Las primeras matanzas las protagonizaron las enfermeras de los hospitales (inyecciones letales, desnutrición, falta de asistencia médica…) como el caso de Pauline Kneissler, que primero se dedicaba a preparar las listas de pacientes a matar para luego participar activamente en la muerte de muchos de ellos. Cometieron crímenes sangrientos y brutales, al igual que las mujeres de los miembros del partido nazi: el libro relata una serie de casos (como el de Johanna Altvater o el de Kürbs Petri) extremadamente violentos, de gran crueldad y de un sadismo incomprensible, que demuestran que la falta de piedad y humanidad era común tanto en el hombre como en la mujer nazi. La eugenesia nazi como valor y objetivo, la eutanasia -y la esterilización forzada- como medio.

Leyendo el libro, en algunos momentos, es inevitable cerrar los ojos o incluso sentir la tentación de apartarlo: relata episodios que realmente encogen el corazón del lector y demuestran la barbarie del ser humano. Como otros tantos libros sobre el tema o como las famosas películas Schindler's List o La vita è bella, pese a que el tema tratado nos toca profundamente, es difícil apartar su lectura o visión. Se debe seguir leyendo para conocer la brutalidad humana y no repetirla.

Finalmente, la obra, producto de un documentado e intenso trabajo de investigación, pone de manifiesto el papel de la mujer en la Alemania nazi, que, aunque secundario, fue de gran relevancia. De esa manera, subsana un vacio histórico, destacando la participación femenina en el sanguinario proyecto nazi. A través de las significativas historias personales de la vida de unas pocas mujeres, Lower invita a reflexionar sobre una terrible época, subrayando el determinante papel de la sociedad femenina en el Tercer Reich. Hitler's furies, en su título original, arroja una luz nueva sobre esta etapa, nos acerca a un horror incomprensible: el pasado no debe olvidarse, recordando que Historia magistra vitae est.

Por Andrea Donofrio


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