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¿Por qué el Gobierno mexicano está equivocado en sus estrategias tributarias, económicas y de seguridad pública?

Juan Federico Arriola
miércoles 22 de enero de 2014, 20:15h
El gobierno mexicano está equivocado en sus estrategias tributarias, económicas y de seguridad pública, porque el presidente y su gabinete no están preparados para gobernar un país tan complejo como México.

Para empezar, el jefe del Poder Ejecutivo Federal, Enrique Peña tiene escasa experiencia política. Fue gobernador del Estado de México con resultados ambivalente: fue corresponsable con el presidente Fox y después con el presidente Calderón del desastre de inseguridad pública en la entidad federativa que formalmente gobernó de 2005 a 2011. Peña antes no tuvo en realidad experiencia como alcalde, legislador federal o secretario de Estado.

Sus credenciales como jurista son mínimas. No destacó en ninguna área, como investigador académico, docente, juez, ministerio público, litigante, diplomático, notario público. Peña asistió en el gobierno del Estado de México a Arturo Montiel, uno de los políticos más mediocres de los últimos tiempos, quien aspiró a ser presidente de México, pero envuelto en un mar de escándalos de corrupción, tuvo que declinar en lugar de Roberto Madrazo, contendiente del PRI contra Felipe Calderón en 2006.

Los escándalos de corrupción en el Estado de México con Montiel y Peña de gobernadores, hacen parecer al señor Bárcenas y al señor Urdangarín, en niños cantores de Viena, casi inocentes. Hubo problemas no sólo de inseguridad pública, también de corrupción en la construcción de casas y edificios, plazas comerciales, aumento de pobreza en la población.

Peña ganó las elecciones federales con poco más del 38% del voto popular, lejos de una mayoría simple, se excedió en el gasto establecido por el Instituto Federal Electoral, demostró no tener conocimiento de la realidad social, económica, cultural y política durante la campaña presidencial. Prometió no aumentar los impuestos y ahora los incrementa cuando la economía nacional requiere más inversión, prometió luchar contra la corrupción y su gobierno protege a los peores políticos de diversos signos políticos que han mermado el prestigio y la economía de México.

En realidad, la actuación del gobierno de Peña es una vuelta al viejo presidencialismo autoritario priista del siglo XX: no respeta el federalismo, no protege eficazmente los derechos humanos, no hay crecimiento económico como lo anunció al inicio de su gobierno, persiste la inseguridad pública, reconocida por él mismo, en particular, el delito de secuestro que persiste al alza, etcétera.

El gobierno mexicano falla porque no está formado por estadistas, patriotas, gente con sensibilidad social y política. El anuncio que hace el gobierno de Peña que con las reformas hacendaria y energética, habrá disminución en las tarifas de gas, gasolina y luz pueden constituir si no se cumple, en otra farsa priista, en otras palabras, en otra demagogia, tan común en los políticos mexicanos, en particular del Partido Revolucionario Institucional: políticos ricos, gente pobre.

La estrategia de Peña es fallida porque está alejado de la Realpolitik, encerrado en la residencia Los Pinos mira el horizonte de otra manera. Aún cuando sale de la casa que le presta el pueblo de México, rodeado de decenas de guardaespaldas –también se les llama en México escoltas- , no puede entender lo que viven millones de mexicanos: desempleo, pobreza, presión para pagar más impuestos, que va para terrorismo tributario e inseguridad pública.

Me gustaría invitar al presidente de México a que visitáramos algunos sitios sin sus guardaespaldas. Es lógico, no aceptaría, estaría en riesgo su vida. Ningún monarca o jefe de gobierno europeo tiene los privilegios y seguridad personal que el presidente de México en turno. Los resultados obtenidos por la clase (anti)política mexicana en los últimos 40 años, no son los que exige la sociedad mexicana. De ahí el enfado social que se puede mirar en Michoacán perfectamente: la gente se arma y se defiende contra los narcotraficantes ante la incapacidad y corrupción de dirigentes federales y locales que fueron estúpidamente pasivos ante el problema convertido hoy en una pequeña guerra civil.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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