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RESEÑA

James Matthews: Soldados a la fuerza. Reclutamiento obligatorio durante la Guerra Civil 1936-1939

domingo 26 de enero de 2014, 16:30h
James Matthews: Soldados a la fuerza. Reclutamiento obligatorio durante la Guerra Civil 1936-1939. Prólogo de Paul Preston. Traducción de Hugo García Fernández. Alianza. Madrid, 2013. 360 páginas. 30 €
Si hay un tema en el que resulta complejo alcanzar la originalidad académica es la Guerra Civil española. James Matthews lo consigue con esta obra sin perder un ápice de rigor científico. Para ello se aleja de la recurrente dialéctica víctimas vs victimarios, rechazando la idea dominante en la historiografía de presentar la contienda como un choque entre ideologías políticas antagónicas.

A través de las descripciones minuciosas que hace (por ejemplo, de cómo era la correspondencia, la alimentación, la dependencia del tabaco por parte de los reclutas, los permisos para ver a la familia, el rol de las madrinas…) transmite la sensación de haber estado presente en el desarrollo de unos acontecimientos que sucedieron hace más de 75 años. Así, ilustra aspectos específicos del día a día y otros más generales (la forma de reaccionar de los mandos militares ante los rumores del fin de la guerra, las estratagemas urdidas por los soldados para desertar o para no ser enviados al frente…).

Desde un punto de vista formal, Matthews apuesta por seis capítulos, al que añade un último (conclusiones) y un ingente listado bibliográfico. Sabedor de que ha ofrecido abundantes datos y explicaciones, cierra cada uno de ellos con una síntesis de los principales argumentos expuestos.

En cuanto al contenido de la obra, defiende el levantamiento militar como “una intrusión no deseada” en la mayoría de las vidas de los españoles: “Aunque el Estado anterior a la guerra tenía a punto sistemas para el llamamiento generalizado de ciudadanos-soldado en tiempo de guerra, el reto fue convencer a estos hombres de que luchasen contra unos oponentes que eran españoles como ellos, no soldados extranjeros” (pp. 109).

Por tanto, como no se trataba de luchar contra un ejército extraño e invasor, los métodos para llamar a los soldados de recluta fueron determinantes. Al respecto, ambos bandos se definieron como representantes de la nación, describieron al contrario como “traicionero” y mitificaron la historia de España, presentándose individualmente como sus herederos, negando al adversario tal escarapela.

Apelar a la patria, subraya el autor, era fácil pues se trataba de un concepto flexible “y podía, si se empleaba en términos generales, referirse tanto a la nación española, a las naciones más pequeñas dentro de España -por ejemplo, catalanes y vascos, del lado republicano, y gallegos y navarros, del nacional- y a grupos locales más concretos con lealtades hacia una región particular” (pp. 111).

Matthews enfatiza que, una vez logrado el reclutamiento (muchas veces a la fuerza), los mandos debían hacer atractiva la guerra y buscar formas de lealtad (por ejemplo, a través del pago de los salarios convenidos), algo que el bando republicano no siempre consiguió.

En íntima relación con esta idea, la disciplina fue producto de necesidades militares, no de convicciones políticas. Es más, quizás ser voluntario dentro del ejército republicano se mitificó, de ahí la importancia de la siguiente puntualización: “Combatir por motivos ideológicos no se traduce necesariamente en eficacia militar ni compensa la falta de instrucción y equipamiento. Los militares profesionales republicanos se desesperaban ante el comportamiento impredecible de los milicianos bajo el fuego enemigo y carecían de autoridad para disciplinar a aquellos hombres” (pp. 48).

En definitiva, tenemos ante nosotros un libro valorado de manera sobresaliente por dos personalidades tan antagónicas, en lo que a su visión de la Guerra Civil se refiere, como Paul Preston y Stanley Payne. ¿Se debe ello a una equidistancia por parte del autor que trata de contentar a todas las partes? En absoluto. La respuesta tiene que ver con la originalidad, el rigor, la aplicación escrupulosa del método científico y una ardua labor investigadora propia de quien realiza una tesis doctoral.

Por Alfredo Crespo Alcázar
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