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¿Dónde están las feministas en Francia?

miércoles 29 de enero de 2014, 20:14h
Francia acaba de vivir una secuencia de vida política salida de un vaudeville. La famosa affaire del presidente Hollande con la actriz Julie Gayet ha ocupado los titulares de la prensa audiovisual y escrita. Desde el pasado sábado, sabemos que el presidente ha puesto punto final a su vida conyugal. Hemos asistido a la repudiación de la “first girlfriend” como habían calificado los norteamericanos a Valérie Trierweiler.

En Francia existen dos mundos : el “pueblo llano” y los que están al tanto de los mentideros de la villa y corte. Algo de la dureza social del Antiguo Régimen sigue vivo… El “pueblo llano”, objeto del desprecio de la clase dirigente, ignora todo de la vida de las supuestas élites. Y las élites estaban al tanto de los amoríos de Hollande – ya lo estaban en 2007 cuando su oficialmente compañera Ségolène Royal era candidata a la presidencia de la República y que ya no vivían juntos. Todo eso parece normal : respeto a la vida privada nos dicen en un indecente brote de hipocresía.

Mientras tanto en el Parlamento francés, se debatía una ley sobre la necesaria igualdad hombre-mujer. Defendida por la ministra de los Derechos de la Mujer, la joven Najat Vallaud-Belkacem, esta ley ha facilitado el acceso al aborto (y naturalmente el gobierno español tan reaccionario fue increpado en los debates) y obliga, entre otros dispositivos a las escuelas de periodismo a tener una asignatura sobre la igualdad hombre-mujer. El feminismo más militante se hacía un hueco jurídico con la intención de cambiar nuestras mentalidades tan marcadas por un odiado y despreciable catolicismo machista.

Y en el Eliseo, un hombre echa a una mujer que ha compartido su vida, sin elegancia (no hablemos de grandeur… un concepto que ha huido del horizonte moral y estético de los franceses). El jefe del socialismo progresista nos demuestra lo que es esta sociedad fundada solo en los deseos y derechos del individuo : el desprecio al otro, un desprecio a la mujer.

El alcalde de París proclama el derecho a cambiar y a ser feliz… Este es el ideal del socialismo progresista francés. Y los o las que sufren los cambios de nuestros deseos : no cuentan. Son una variable. Son algo que se puede despreciar. Lo único que cuenta son mis deseos.

Este es el verdadero rostro de la moralidad de nuestra clase dirigente. Y este no es el horizonte moral del pueblo. De ahí que el divorcio entre el pueblo llano y las élites se vaya agrandando. Todo eso no tardará en leerse en claves electorales.

Y ¿qué han dicho las feministas profesionales que pululan en el Partido Socialista y en el gobierno? Nada. Por temor a perder sus ministerios, han visto como una mujer era públicamente humillada y se han callado. El feminismo es soluble en el socialismo ministerial…

¡Pobre episodio de nuestra vida pública!
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