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Obama: el Discurso de la Unión

jueves 30 de enero de 2014, 00:29h
Las valoraciones al último discurso de la Unión pronunciado este martes por Obama han sido más positivas de lo que se esperaba. Ha sido ésta una alocución algo atípica, por cuanto la crisis económica y el desempleo han ocupado la mayor parte de una intervención de hondo contenido social. Obama ha incidido en la necesidad de crear empleo y no repetir los errores del pasado que han conducido a la actual situación, y se ha comprometido a revisar el gasto público, pero sin que ello menoscabe las prestaciones a los más desfavorecidos. Todo ello mirando de reojo a Europa y su crisis, pese al marcado carácter interno que suelen tener este tipo de alocuciones. En este sentido, destacó la ausencia de referencias a los casos de espionaje filtrados por Edward Snowden y su compromiso de cerrar Guantánamo esta legislatura, tarea ésta que se antoja bastante difícil.

El miedo al endeudamiento público -convenientemente alentado por las nuevas hornadas republicanas salidas del Tea Party-, algo que en Estados Unidos tiene gran calado, es el caballo de batalla de los republicanos para intentar recortar el gasto estatal en materia social. Y es precisamente en este último punto, el gasto social, en el que Obama puso mayor énfasis durante la campaña electoral que le aupó a la presidencia de su país. A la vista está que la actual coyuntura económica no parece la más propicia para lleva a cabo incrementos en este tipo de partidas, pero es el discurso que el presidente quiere mantener, en base al contrato electoral que le une con sus votantes. Y es perfectamente lícito.

Como lo es la manera de entender la política social de los republicanos, por más que desde ciertos sectores de la opinión pública europea se les quiera demonizar. Las prestaciones sanitarias y de seguridad social funcionan allí de una manera completamente distinta a como lo hacen bajo el paraguas del Estado de Bienestar europeo. Ni mejor ni peor, sencillamente diferente. Sucede que los republicanos temen que, si el Estado se sigue endeudando, ello pueda incidir negativamente en la marcha de la economía. En consecuencia, a Obama corresponde no sólo convencer a los republicanos de que eso no es así, sino hacer lo posible para evitar que sus oponentes acierten en su diagnóstico. Y eso no se logra únicamente con retórica ni con la exigua mayoría que aún conserva en el Senado, sino con unos resultados que, visto lo visto, están tardando en llegar.
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