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EL SEÑORITO ANDALUZ DE UGT

sábado 01 de febrero de 2014, 17:56h
Por el eco que ha tenido en las redes sociales, reproducimos a continuación el artículo publicado por Luis María Anson en el diario El Mundo.

“Lo que distingue al señorito andaluz es su convicción de que el trabajo es un castigo bíblico. El dolce far niente, el no dar un palo al agua, resume su ideal de vida. Ama la borrachera, la comilona, el sexo sin compromiso. Le encanta tirarse a la Bartola, acostarse al amanecer y despertar a la hora de almorzar. Desprecia a la mujer, con la pata quebrada y en casa, o como florero sin otra misión que dar gusto al hombre. Considera que todo le es debido por ser él quien es. Mira por encima del hombro a los que trabajan. Es clasista y despectivo, es el hijo de papá que todo lo paga. Dedica sus mejores horas a cuidar su cuerpo y su vestimenta, a recrearse en el alto concepto que tiene de sí mismo.
José Luis L. Aranguren, tan injustamente olvidado, escribió que el problema consiste en que en Andalucía muchos, con la boca chica, denostan al señorito andaluz pero aspiran a ser como él. Es decir, un modelo especialmente despreciable convertido para algunos en objetivo de vida.
Vaya por delante que la inmensa mayoría de los dirigentes de UGT se distinguen por su honradez y su servicio a los intereses de los trabajadores. Nada más injusto que genera-lizar cuando se trata de un sindicato de trayectoria ejemplar en la vida española. Está claro que algunos de sus dirigentes han utilizado la central sindical para satisfacer su aspiración a vivir como el señorito andaluz, como el hijo de papá Estado, empleando el dinero público sustraído a los trabajadores para jamar como heliogábalos, libar como bacos, sestear como holgazanes y disfrutar de la vida sin otro objetivo real que darle gusto al cuerpo. Muchas de las facturas fraudulentas demuestran el entusiasmo del señorito andaluz de UGT por la suntuosa mariscada, la generosa bebida, los regalos de lujo, los viajes gratis total, la capa-cidad para el sesteo y el no hacer nada.
Tenía razón Aranguren. En lugar de denunciar lo que todavía queda del señorito en Andalucía, algunos sindicalistas se han convertido en señoritos andaluces de UGT. El escándalo ha conmocionado los cimientos de las organizaciones sindicales y ha indignado a la opinión pública de toda España.
No parece, sin embargo, que se vayan a asumir responsabilidades. Cándido Méndez permanece agazapado mientras le empapa el aguacero de las trapisonderías, las trampas, los latrocinios que todos los días descubren los medios de comunicación. No está clara la decisión de rechazar esa nueva figura -el señorito andaluz de UGT- surgida del saqueo al dinero público que estaba destinado a aliviar la situación de los trabajadores”.
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