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NOMINADA A MEJOR ACTRIZ REVELACIÓN POR [i]caníbal[/i]

Olimpia Melinte: "Quería contar al mundo que el malo absoluto se puede enamorar"

miércoles 05 de febrero de 2014, 12:04h
Ha llegado a España pisando fuerte. La actriz rumana Olimpia Melinte era hasta hace pocos meses una completa desconocida en nuestro país. Su impecable debut en la cinematografía española de la mano de Manuel Martín Cuenca y en una de las películas del año, Caníbal, ha enamorado a la crítica y a los académicos, que la han convertido en una de las nominadas a los premios Goya en la categoría de mejor actriz revelación. Dicho pronto y mal: ha sido llegar y besar el santo. En España. A sus 27 años, Melinte ha participado en una decena de películas en Rumanía y ha rodado en Italia, además de su amplia trayectoria en teatro. La actriz cuenta en su entrevista con El Imparcial que se enamoró de la interpretación “cuando era pequeña” y, tras formarse en arte dramático desde el instituto (universidad y máster incluidos), debutó en cine con 22 años a las órdenes del reputado cineasta rumano Mircea Daneliuc, al que considera su “profesor”. Fue durante su primera experiencia en el extranjero, a las órdenes de los italianos Gianluca e Massimiliano De Serio en Sette opere di Misericordia, cuando Martín Cuenca se fijó en ella para el papel de las dos hermanas gemelas que romperán los férreos y perturbadores esquemas del Hannibal Lécter español.
Su primera película en España le vale una nominación a los premios Goya. Puede decirse que ha entrado en el cine español por la puerta grande…
La verdad es que he tardado en creérmelo. Vengo de Rumanía a España por primera vez a trabajar, nadie me conoce y yo apenas conozco a nadie. Por supuesto que sabía de la existencia de estos premios y que son muy importantes, pero no pensé ni por un segundo que yo podría estar nominada. El equipo de Caníbal si me decía que yo iba a estar entre las nominadas, pero yo lo veía imposible. Ellos, también Antonio (de la Torre) y Manuel (Martín Cuenca), lo vieron venir.

¿Cómo fue el casting en Rumanía para que Olimpia Melinte acabara siendo Alexandra y Nina, las gemelas que ponen patas arriba el particular mundo del sastre granadino?
Duro. Manuel me vio en una película italiana en la que participé, así que ya me conocía un poquito como actriz y me quiso conocer también como persona. La primera vez que nos vimos fue en marzo. Entonces me contó el proyecto, leí el guión y me volví loca con él. El director no volvió a Rumanía hasta octubre. Fueron muchos meses de espera en los que pensé que no le había gustado y que no era la elegida. Cuando regresó hizo un casting con unas 250 chicas. Fue un poco duro porque, al tener que interpretar dos papeles, quería ver muchas partes de mi personalidad. Cambiaba constantemente las indicaciones, tanto de look como de forma de actuar y de pensar. Así que fue duro y un poco largo.

¿Y qué fue lo que la enamoró del guión?
La idea de que el amor puede cambiar una persona, de que el amor puede cambiar el mundo, y de que el malo absoluto se puede enamorar. Me pareció una bonita idea y pensé que me encantaría poder contársela al mundo.



Creo que fue su padre quien más le ayudó a la hora de indagar y experimentar con los sentimientos que hay entre hermanos gemelos…
Sí, me ayudó muchísimo porque él tiene un gemelo con el que incluso yo, cuando era pequeña, le confundía. Él tiene muchísimas historias de su adolescencia, de su infancia, de cómo se cambiaban uno por otro y cosas así. A parte de la ayuda de mi padre, el guión ya está muy bien escrito en este aspecto y también leí mucho en Internet sobre la psicología de los gemelos. Era muy importante para mí saber cómo piensa alguien que tiene en su vida a alguien igual que él. Cuando rodé en Italia, los directores de la película eran dos hermanos gemelos y, sin saber que haría nunca este papel, les observaba constantemente: cómo interactuaban entre ellos, cómo discutían.... Me gusta mucho analizar cómo actúa la gente porque no sé si en algún momento me puede ayudar en mi trabajo. Esta vez ha sido así.

A parte de ser un país extranjero en el que era una actriz desconocida haciendo dos papeles al mismo tiempo, rodar Caníbal la enfrentó a otra dificultad: la del idioma, la de no saber español. ¿Le gustan los retos?
Eso debe ser, sí. Manuel me ayudó muchísimo. Antes de empezar a rodar pasé dos semanas en Granada hablando solo en español con Fátima, mi profesora. Manuel les dio indicaciones a todos los del equipo para que sólo me hablaran en español. En la tele tampoco veía nada que no fuera en español. Rumano y español son lenguas latinas, así que supongo que no es tan difícil. Además, creo que la voluntad juega un importante papel y, si de verdad quieres hacer algo, seguramente lo consigas. Hay que pensar en positivo.

Otra de las barreras que salvó para meterse en la piel de Nina fue la del aspecto físico: tuvo que engordar diez kilos en dos semanas. ¿Es difícil psicológicamente asumir un cambio tan radical y espontáneo en el cuerpo, sobre todo en una película en la que la desnudez, la piel y la carne ocupan un primer plano constante?
El cuerpo es el instrumento del actor, así que si tu cuerpo puede ayudar al guión, tienes que hacer lo que sea. No hay ningún problema en engordar, en tener diez kilos más o en desnudarse. De hecho, creo que para mí fue interesante porque me ayudó muchísimo en el proceso de conocer a Nina. Ella es una chica que no confía en sí misma, que no le gusta como es, y yo sentí lo mismo. Además, confío muchísimo en Manuel y en Antonio, que me ayudaron con todo esto. Antonio me dijo que si él logró engordar treinta kilos para una película (Gordos), yo podía coger diez.



Ya ha mencionado que sabía de la existencia de los premios Goya. ¿Qué mas conocía del cine español antes de rodar con Martín Cuenca?
En Rumanía, Pedro Almodóvar es muy conocido, como Penélope Cruz y Javier Bardem. Yo tenía posters de ellos en mi cuarto. También conocía a Antonio (de la Torre) por Volver, que es una de mis películas favoritas. De lo que me he dado cuenta, y ahora lo veo muy raro, es que en Rumanía se confunde el cine español con el latinoamericano, con el de Alejandro González Iñárritu, por ejemplo.

¿Cómo ha percibido la ‘salud’ de la industria cinematográfica española?
Creo que tiene los mismos problemas que la de otros países. En casi toda Europa tenemos problemas con la cultura, porque es de lo primero que se recorta. En Rumanía también se están haciendo recortes en cultura y también se ha subido el IVA, con el añadido de que nuestra industria es mucho más pequeña que la española.

Pero desde que terminó Caníbal ya ha rodado tres películas más en Rumanía…
Sí, la verdad es que me siento muy afortunada de que no me falte trabajo.

El propio Antonio de la Torre ha destacado en más de una ocasión que alucinó con la alta estima que en Rumanía tenían del cine español. ¿Está mejor valorado allí que en nuestro propio país?
Sí, desde luego se ve muy diferente. Pero es lo mismo que pasa con el cine rumano. En los festivales internacionales, en los españoles también, se valoran mucho las películas de Rumanía mientras nosotros lo identificamos más con la realidad, con algo corriente. También nosotros somos muy críticos con lo nuestro, con nuestra vida, nuestro idioma y nuestros problemas.



¿Ya había estado antes en España?
Sí, había venido antes de vacaciones, a Barcelona, Cadaqués y toda esa zona de Dalí, que me gusta muchísimo. En Granada sí era la primera vez y me encantó, tanto la ciudad como la gente. Me parece que los españoles son personas muy buenas, muy abiertas. Lo que más me gusta es que hablan muchísimo, que te hacen sentir arropada todo el rato. En Italia o en Francia, por ejemplo, creo que no es así. Me sentí mucho más cerca de mi casa aquí que en otros lugares.
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