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Corrupción: Quién es quién

martes 11 de febrero de 2014, 20:20h
Hace pocos días la Comisión Europea ha publicado su primer Informe sobre Corrupción, en el que, como era previsible, España sale muy mal parada. Nos situamos en el tercer lugar de cabeza, solo superados por Grecia e Italia, compartimos este tercer puesto con Lituania y la República Checa. A la cola están Dinamarca, Finlandia, Luxemburgo y Suecia. Nuevamente aparece la Europa del Norte en contraste con la Europa del Sur –con parte de la Europa del Este.

En el caso de España la problemática se centra en tres puntos: financiación de los partidos políticos, materia urbanística en manos de las Comunidades Autónomas y especialmente de los Ayuntamientos y, por último, la contratación pública. El clientelismo entre las grandes empresas y los alcaldes y concejales, la falta de criterios objetivos y transparentes en las adjudicaciones de las grandes obras públicas habidas en España, el urbanismo a la carta y la arbitrariedad que le rodea, el fraccionamiento de los contratos para evitar los controles y la oscuridad que rodea al dinero que reciben los partidos políticos que controlan las administraciones públicas, son los principales problemas que preocupan a la Comisión Europea en el caso de España.
Ante esta terrible realidad, Europa nos propone desde hace tiempo más transparencia, más acceso a la información y aplicar las consabidas medidas del buen gobierno. Todo pasa por aumentar los controles a priori –intervención de habilitación nacional, publicidad y facilitar a la Oposición el acceso a la información- y a posteriori –Tribunales de Cuentas, auditorias de organismos independientes, etc. Es decir, el consabido luz y taquígrafos de toda la vida. Todo está inventado, solo hay que mirar a los países escandinavos, nos falta la voluntad política de querer aplicarlo.

El diagnóstico pues está claro y el tratamiento parece que también. Entonces, ¿qué nos está pasando? ¿por qué no vamos a mejor, y la percepción de los españoles en estos años es que vamos a peor? El foco del problema, a mi entender, está en los partidos políticos. Su estructura, funcionamiento y cúpulas directivas son los que tienen una parte importante de la solución, pues son parte importante del problema. Lo que sucede es responsabilidad de las personas que ocupan los puestos claves en las administraciones públicas y éstas son seleccionadas y elegidas por los partidos políticos o, mejor dicho, por sus cúpulas directivas. No es casualidad que en España estén naciendo en estos años nuevos partidos políticos, pues la desconfianza y la desafección frente a los partidos políticos tradicionales son grandes, se quiera o no reconocer y admitir.

Por tanto es fundamental para avanzar en la lucha contra la corrupción la actuación adecuada y responsable de varios colectivos. En primer lugar el poder judicial, el gobierno de los jueces, es básica su actuación implacable con cualquier práctica corrupta, de ahí lo decisivo de su independencia política. El poder judicial es esencial. Junto a él, el cuarto poder o la prensa, los medios de comunicación. Su labor de denuncia y de dar a conocer a la ciudadanía lo que sucede es simplemente trascendental. Los medios son el altavoz, las gafas de la realidad, lo que no está en los medios no existe. La democracia real se basa pues en un poder judicial y en una prensa independiente del poder político, que tratará de comprarlos y controlarlos. Pero la verdadera clave para avanzar contra la corrupción es el poder del ciudadano. En las elecciones el voto del ciudadano tiene que ser inmisericorde con los corruptos, transmitir el inequívoco mensaje de que no va a tolerar ni una y el que la hace la paga.

Si la prensa, los jueces y los ciudadanos actúan como contra poder frente a la corrupción que se practica en los partidos políticos tradicionales y las administraciones públicas que controlan, en connivencia con determinados grandes grupos empresariales; se verán obligados a modificar su actuación, a apostar por la transparencia de verdad y no solo de palabra o marketing, si no lo hacen, poco a poco tendrán que desaparecer porque así lo queremos los ciudadanos. Tenemos los partidos políticos que votamos y apoyamos, hay que comenzar a votar con coherencia si de verdad queremos acabar con la lacra de la corrupción en la que España está lamentablemente en los puestos de cabeza en Europa.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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