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Matteo Renzi, ¿el hombre justo para Italia?

domingo 16 de febrero de 2014, 15:02h
Salvo inesperadas sorpresas, en las próximas horas, Giorgio Napolitano encargará la formación del Gobierno a Matteo Renzi. De esa manera, el alcalde Florencia se convertirá en el tercer Presidente que ha tenido el Gobierno de Italia en menos de dos años y medio. Se trata de una acontecimiento que genera muchas dudas y perplejidades, e invita, una vez más, a reflexionar sobre la complejidad de la política italiana.

En primer lugar, la figura de Renzi. No cabe la menor duda de que se trata de una persona ambiciosa, atrevida y carismática. Un joven crecido en el berlusconismo y que por eso, inevitablemente, ha sufrido su influencia política y cultural. Una figura tan italiana que recuerda al mismo Berlusconi, que coquetea con los medios de comunicación, usando frases de impacto como "quiero pactar las reformas con Berlusconi para no tener que gobernar con Berlusconi". Popular y mediático, seductor y joven, las comparaciones no han faltado: le han tachado de Berlusconi 2.0, "el Blair de Italia’", Renzi el simpático y el piacione. Por otro lado, como el Pinocho del florentino Carlo Collodi, parece algo mentiroso: aun suenan sus palabras de "nunca llegaré al poder sin el voto popular", "Letta cuenta con el apoyo del Partido"... La impresión es que la impaciencia, la ambición, el cálculo político le han podido, considerando que tenía el poder a su alcance sin necesidad de esperar más tiempo o a una estrategia más elaborada.

En segundo lugar, la complejidad de la política italiana no puede justificar esta nueva anomalía, un nuevo cambio en el mando del país sin pasar por las urnas. Hubiese sido deseable una vía diferente, ya que de esta manera su investidura parece fruto de una decisión tomada en los pasillos de Palacio, producto de las intrigas y de los amaños de la vieja política, una maniobra en la oscuridad al estilo democristiano de la primera República. Un Presidente del Gobierno debe entrar por la puerta grande —la legitimidad popular directa- y no por una puerta de servicio como pueda parecer el acuerdo entre partidos. Y aunque sea un mecanismo legal, al tratarse de la voluntad parlamentaria que forma un Gobierno, se trata principalmente de un asunto de credibilidad, sobre todo en un momento de gran desprestigio de la clase política y cuestionamiento de los partidos. Por quinta vez en los veinte años de vida de la Segunda República, la investidura no pasa por las urnas sino que es impuesta por el Parlamento, autocríticamente y autoritariamente. Además, ninguno de los tres primeros ministros que han sucedido a la nefasta experiencia del cavaliere han sido elegidos en las urnas. Estos datos confirman el mal estado de la política italiana.

En tercer lugar, el Partido Democrático. Las disputas familiares y la guerra fratricida se cobra otra víctima, Enrico Letta. En lugar de respaldarlo, el partido ha agudizado la fragilidad de un Gobierno débil, nacido con los peores augurios y que ha terminado ruinosamente. Renzi accede al poder sin la investidura electoral, sin haber ganado a la derecha (no sólo a Berlusconi) en una contienda electoral, y porque así lo ha decidido la mayoría de su partido. Asistimos a una crisis de Gobierno atípica, que no se consuma en el Parlamento, sino dentro de la Dirección de un partido, entre el miedo al voto anticipado y la costumbre tan italiana de “acudir en auxilio del vencedor” (Ennio Flaiano dixit). Amparar una operación legitima constitucionalmente pero tan en conflicto con el sentido común -y la percepción ciudadana- puede representar un grave error. Además, la defenestración de Enrico Letta confirmaría la anomalía italiana, donde para ser primer ministro no es imprescindible ganar las elecciones generales, basta con las primarias del partido gobernante. Aún así, tampoco hay que escandalizarse: la praxis de cambiar el Presidente dentro del mismo partido era típica de la época democristiana, con la diferencia que allí los cambios se hacían con estilo, con "finezza" y no tan burdamente.

En cuarto lugar, Berlusconi. Muchos consideran que la puñalada interna en el PD puede representar la ocasión para resucitar nuevamente el ave fénix de la política italiana, un Silvio Berlusconi inhabilitado y cada vez más marginado de la escena política nacional. Sería un craso error: la enésima lucha fratricida no debe conllevar como daño colateral su rehabilitación. El ansia de poder de Renzi no debe convertirse en un assist para Berlusconi (o Beppe Grillo). Asimismo, la presencia de Berlusconi en el Quirinale para las consultas certifica la incapacidad para librarse de un político que pretende aún figurar en el país y en su futuro. Esta es la mala noticia. Por otro lado, la esterilidad política de la derecha italiana no puede justificar la vuelta del cavaliere y debe seguir siendo propedéutica a un cambio en la derecha, una regeneración en clave liberal, moderna y menos populista.

Finalmente, el futuro. Renzi ha querido anticipar los tiempos, prefiriendo unos modos discutibles. Ha considerado la actual coyuntura como una oportunidad, desafiando -en mi opinión- la lógica, el camino correcto. Y ahora debe ser consciente del peligro. Italia necesita un proyecto, un programa de renovación política y económica: la impaciencia tiene un precio y no basta con las promesas o la increíble vitalidad de Renzi. El presidente de Gobierno in pectore promete cambios: lograrlo es la única posibilidad que le queda para demostrar que, independientemente de la forma, ha elegido el camino correcto. Debe resultar más solvente que ingenioso, más eficiente que astuto, sino asistiríamos a un suicidio político. Sólo si es capaz de obtener resultados y reformar el país, la contradicción de su decisión pasará a un segundo plano. En caso contrario, la izquierda italiana habrá fracasado una vez más, confirmando la tendencia autodestructiva de los últimos años, quemando a un joven líder que prometía renovar el país y que terminó por ser víctima de su propia guerra relámpago. El paso de oportunista y calculador a político responsable, de nuevo "Príncipe" a villano es corto y está en juego el futuro de Italia.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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