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NEGACIÓN DE LOS AGUJEROS NEGROS

El joven físico español que se adelantó a Hawking: "En ciencia también se trabaja con prejuicios"

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
sábado 22 de febrero de 2014, 11:12h
Un joven físico español, Miquel Piñol, adelantó en 2004 y en 2010 la teoría que ahora Stephen Hawking acaba de publicar sobre los agujeros negros: que éstos no existen como tal.



Él lo vio en 2004: según un “simple” cálculo matemático, puede que los agujeros negros no sean ni tan agujeros ni tan negros como se pensaba. El joven físico catalán Miquel Piñol Ribas, por entonces estudiante de posgrado, se percató de que la teoría de los agujeros negros desarrollada en gran parte por Stephen Hawking y aceptada por la comunidad científica internacional hacía aguas en uno de sus fundamentos básicos: que la materia entra pero no sale de él, que lo que engulle, incluida la luz, se pierde para siempre en sus inescrutables fauces. Diez años después es el propio Hawking quien se autodesdice, hasta el punto de cuestionar la existencia misma del agujero negro, al menos tal y como se concebía hasta ahora. La nueva hipótesis de Hawking ha dado la vuelta al mundo, a pesar de que los cálculos de Piñol en la misma línea pasaron desapercibidos hace una década. ¿Hay más personalismo en el mundo científico del que parece?

“Aunque se tiende a creer que el mundo científico es algo completamente transparente, el principio de autoridad tiene un gran peso”, asegura Piñol en una entrevista con este diario. El físico tiene claro que “las cosas no se miran con los mismos ojos cuando las dice alguien que ya tiene un nombre que cuando vienen de un completo desconocido” y, aunque “confiar en alguien con un prestigio anterior tiene sentido hasta cierto punto”, cree que debería “darse una oportunidad” a las hipótesis de muchos otros trabajos, “al menos revisar su contenido”.

En su caso, la negativa vino por partida doble: primero en 2004, cuando quiso investigar en base a este nuevo planteamiento en su doctorado; después en 2010, cuando retomó la idea e intentó publicarla en alguna revista científica. “Algunas de las publicaciones no nos dieron la oportunidad de responder a sus contraargumentos. Otras, directamente, contestaron de manera automática, diciendo que recibían muchos artículos y que algunos los devuelven directamente sin revisión; ven el título y ni se lo llegan a leer” cuenta. “A veces se trabaja con muchos prejuicios”, resume el investigador.

Si bien es cierto que la vuelta de tuerca de Hawking ha tenido una repercusión mediática con la que Piñol no pudo ni soñar en su día, la comunidad científica aún no ha dado el visto bueno a la nueva teoría del célebre físico británico. Es más, las reticencias a aceptar un modelo distinto al ya establecido, pese a proceder de la misma mente privilegiada que parió los actuales esquemas, son más que evidentes.

“Todo esto implica demasiada ruptura con lo que se ha venido haciendo”, valora Piñol. “Aunque sí que ha tenido mayor repercusión que cuando lo sacamos nosotros, a nivel académico se ha rechazado de forma muy sistemática”, opina el físico y dice ver el inmovilismo como principal motor de la negativa generalizada: “Hay gente que tiene tan asumida la antigua teoría que no valora la nueva hipótesis ni tan siquiera como una posibilidad y se aferra a objeciones que, si se revisaran a fondo, se descubriría que no son tal cosa”.

Todo lo que entra, sale
El cambio que propuso Piñol y por el que ahora apuesta Hawking atañe al supuesto carácter infinito de los agujeros negros. Como aclara el científico catalán, el agujero negro se ha entendido hasta ahora como “una deformación infinita del espacio-tiempo” mientras que la nueva hipótesis dicta que se trata de “una deformación muy grande, cada vez mayor, pero nunca infinita”.

En el modelo comúnmente aceptado, los agujeros negros son el resultado de una concentración de masa lo suficientemente elevada como para generar lo que se conoce como colapso gravitatorio: un desmoronamiento hacia dentro de una estrella debido al efecto de su propia gravedad. En otras palabras, la estrella se ‘come’ a sí misma debido a una fuerza extrema de la gravedad, hasta concentrar toda la masa en un único punto. En ese proceso de colapso se forma el llamado horizonte de sucesos: la frontera que rodea el núcleo del agujero negro y que atrapa toda materia que la traspasa, reteniéndola indefinidamente. Cualquier cuerpo o partícula que atraviese esa línea, no vuelve salir. O eso se pensaba.

En 2004, Piñol negó la existencia de ese horizonte de sucesos mediante un cálculo matemático. Hoy, Hawking le da la razón y lo sustituye por un ‘horizonte aparente’. La conclusión de ambos es la misma: lo que conocemos como agujero negro no engulle la materia para siempre, sino que la atrae, la mantiene prisionera durante un tiempo y la acaba liberando de forma caótica. “Aún no se han publicado los datos matemáticos de Hawking, pero la idea fundamental de su nueva teoría sí que es exactamente igual que la que nosotros planteábamos: que el colapso gravitatorio no crea un horizonte de sucesos”.

A la espera de que vean la luz los detalles del estudio de Hawking, Piñol explica que sacó su conclusión gracias a una “sencilla” operación. “Si, partiendo de la teoría de la relatividad general, uno hace el cálculo de cuánto tiempo costaría formar un horizonte de sucesos, el resultado es infinito”, explica. La lógica dice que algo que tarda infinito tiempo en crearse, nunca llegará a existir. Según el estudio del físico catalán, el colapso gravitatorio produce una deformación del espacio-tiempo que se va pareciendo cada vez más a un horizonte de sucesos, pero sin llegar a crearlo nunca. “Eso es lo que probablemente Hawking denomine horizonte aparente”, intuye.

Sin horizonte de sucesos, el agujero negro ya no puede ser considerado como tal puesto que pierde una de sus principales características: la de retener para siempre a las partículas que llegan a su núcleo. “En un momento dado, pueden invertir su trayectoria, y podrán ser emitidas sin ningún problema”, aclara Piñol.

Poca atención, no plagio
En agosto de 2004, Stephen Hawking modificó una parte sustancial de su teoría: los agujeros negros sí conservaban la información, según sus últimos cálculos y en contra de lo que hasta aquel momento había considerado. En octubre de ese mismo año, apenas un mes después de comenzar su doctorado tras licenciarse en Física por la Universidad de Barcelona, Miquel Piñol cayó en la cuenta de que resultaba coherente plantear un colapso asintótico, es decir, que tiende al horizonte de sucesos sin llegar nunca a formarlo.

El físico catalán creyó haber coincidido con Hawking en su nueva concepción de los agujeros negros. “Si en ese momento defendió que la información sí se conservaba, la forma más natural de hacerlo era planteando un colapso de ese estilo”, explica Piñol, quien cuenta que escribió un correo electrónico al británico para informarle de lo que él creía una similitud en sus teorías. “Al día siguiente me contestó alguien hablando en tercera persona, una secretaria o un servicio automático, diciendo que el Dr. Hawking era un hombre muy ocupado, pero que procuraría leer mi correo y enviarme una respuesta en los próximos seis meses”, cuenta. Nunca la recibió y, cuando Hawking razonó públicamente su ‘paradoja de la información’, nada tenía que ver con el planteamiento de Piñol. En ese momento, el prestigioso físico no negaba los agujeros negros sino que daba otra explicación por la que se conservaba la información, manteniendo intacta su concepción de horizonte de sucesos.

Mientras revisaba su bandeja de entrada, y “sorprendido” por el hecho de que nadie antes hubiera reparado en su hipótesis, “relativamente sencilla” a su juicio, el investigador presentó su teoría al tutor del doctorado. “No hizo mucho caso, me dio un par de objeciones, que de hecho eran refutables, pero en aquel momento tampoco insistí mucho, dado lo inusual que me parecía la situación”, recuerda Piñol. Confiesa que a raíz de este episodio se “desilusionó” con su doctorado, “cuestiones que teóricamente pueden ser muy importantes, pero que no tienen una repercusión en la vida de cada día”, y reorientó su vocación a la Medicina, actividad que ejerce actualmente en el hospital valenciano de La Fe.

Aún así, siguió trabajando en Física, “más bien como afición”, y en 2010 en 2010 , junto a su amigo el ingeniero informático Ignacio López-Aylagas, acabó de desarrollar su idea y la plasmó en un artículo que llevaron al registro de propiedad intelectual y enviaron a varias publicaciones. Sólo un colega de profesión, el profesor Dejan Stokovic de la Universidad de Buffalo, que había llegado a unas conclusiones parecidas a través de procedimientos matemáticos distintos, respondió de forma positiva a su propuesta. Por lo demás, la teoría se enterró en el mundo académico. “Es algo que rompe una forma de trabajar que, aunque no me parece la más lógica, es la que se ha venido aplicando durante los últimos cuarenta años”, argumenta Piñol.

Ahora, la misma hipótesis ha saltado a un primer plano de la mano del propio Hawking. Sin embargo, Piñol no considera que ‘plagio’ sea la palabra adecuada. “Han pasado diez años desde que le envié ese correo, si quería plagiarlo, ¿por qué no lo ha hecho antes?”, razona y explica que la teoría presentada por el británico es más compleja que la suya (contiene algunos matices distintos, como el estudio de trayectorias caóticas). “Probablemente, él pasara de ese correo en su momento y ahora haya visto por propia cuenta que hay contradicciones en el antiguo modelo de agujero negro”, intuye.
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