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Crónica política

Granados, el árbol que cae en mitad del bosque

jueves 20 de febrero de 2014, 13:54h
El 16 de junio de 2011, Esperanza Aguirre destituyó a Francisco Granados al frente de la Consejería de Presidencia. Cinco meses más tarde, de la Secretaría General del Partido Popular de Madrid por "falta de confianza". Sus estertores políticos han tenido como escenario el Senado, donde no caminaba precisamente acompañado desde el revés de la líder. El dirigente sabía que tarde o temprano se vería obligado a volver a los orígenes. En su caso, la banca de inversión.

Tras las revelaciones de El Mundo, que destapó una cuenta en Suiza de 1,5 millones de euros que aún permanecería abierta, Granados apenas pudo reaccionar con un comunicado que, no con demasiado éxito, pretendía aclarar que en ningún caso esos fondos se obtuvieron o ingresaron durante el ejercicio de la función pública. Pero necesitaba algo más y no lo obtuvo.

¿Por qué no recibió el apoyo de ningún compañero? Puede parecer evidente en vista de los hechos publicados, pero esto es España. Ni un clásico "es una persona honorable hasta que se demuestre lo contrario". Muy al contrario, las escasas pero contundentes manifestaciones de 'populares' se desmarcaron del hasta no hace demasiado hombre fuerte en la Comunidad de Madrid.

PIE DE FOTO"Me parece estupendamente bien", reaccionó Aguirre al conocer la renuncia al escaño. Más que eso, opinó que la dimisión podría estar motivada por la "falta de pruebas" de Granados para desmontar las informaciones. La expresidenta madrileña no las puso en cuestión en ningún momento, pidiendo "explicaciones" a su antiguo colaborador nada más conocerlas. Algo más tibio, Ignacio González dejó en manos del periódico la defensa de los datos y de su antiguo compañero, la de su inocencia. La relación entre estos no era buena, como tampoco se esforzaban en disimular, ni siquiera cuando más unidos figuraban en fotografías, siempre en segundo plano tras Aguirre. Fue González quien que tomó el relevo de Granados cuando este fue apartado.

El entorno del protagonista de este texto señala a Aguirre y González como filtradores -o al menos como facilitadores- de la exclusiva al diario de Casimiro García-Abadillo. Cuenta que desde 2011 buscaban su fin y que tras la espera han encontrado la forma. La otra parte sostiene que se enteró de la cuenta en Suiza como el resto de los mortales y que lamenta un episodio así.

Pero este revuelo y estas sospechas apenas durarán unas horas. Días, con suerte. En breve, Francisco Granados se camuflará entre los civiles después de quince años en la política. De ella recordará que estuvo muy cerca de alcanzar muy elevadas responsabilidades y que terminó como el árbol que cae en mitad del bosque. Aparentemente, nadie lo ha escuchado, a nadie le importa. Al fin y al cabo, sus últimos y solitarios días consistieron en "apretar un botón" en el Senado, como ha manifestado para restar peso a la alegría de los que, imagina, festejan esta conclusión.
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