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[i]Aquel no era yo[/i], nominado a mejor corto de ficción

Esteban Crespo, un español en los Óscar: "Siempre que me preparo algo, la cago"

viernes 28 de febrero de 2014, 13:07h
Poco antes de la gran gala de los premios Oscar, El Imparcial charla con Esteban Crespo, cineasta madrileño que opta al premio al mejor cortometraje de ficción por Aquel no era yo, una pequeña historia sobre los niños soldado y los choques entre Occidente y el Tercer Mundo de impecable factura cinematográfica.
Iba para arquitecto de interiores, pero el rodaje amateur de un corto –cuyas copias, bromea, quiere “encontrar y quemar”- le hizo descarrilar. “Me di cuenta de que me había equivocado y, aunque seguí durante un tiempo en el mundo de la Arquitectura, al final me atreví a dejarlo definitivamente y empezar a hacer lo que me gusta”, explica Esteban Crespo a este periódico. Madrileño de 43 años, el cineasta se pelea con sus nervios ya en Los Ángeles, a la espera de pisar este domingo la deseada alfombra roja del teatro Dolby en la 86 Edición de los Premios Óscar. Horas después del paseíllo y los flashes, sabrá si finalmente su cinta Aquel no era yo, suma al Goya de 2013 el Oscar al mejor cortometraje de ficción al que aspira.

La ‘adicción’ al audiovisual le viene, eso sí, de un poco antes. “Empecé a engancharme a esto con 19 años, a raíz del circuito de versión original que antes había en Madrid, mucho más arriesgado que el de ahora”, valora. Quizá de ahí le venga lo de asumir riesgos, lo de meterse a rodar un cortometraje sobre niños soldado, lo de hipotecarse para completar una financiación “que no hubiera sido posible sin ayudas públicas”, lo de convertir Toledo en un indeterminado país africano y hasta lo de movilizar un tanque del Ejército de Tierra.

Protagonizado por Gustavo Salmerón y Alejandra Lorente, Aquel no era yo cuenta el momento en que se cruzan las historias de Kaney y Paula, un niño africano y una mujer española que podrían no tener nada en común, pero que llegarán a unir sus vidas irremediablemente a través de un disparo. Él, sin familia, niño soldado en un país de África. Ella, médico voluntaria. Un mismo problema desde dos perspectivas antagónicas que Crespo plantea de una forma tan sencilla como magistral.

Poco antes de la gran noche, El Imparcial charla con el cineasta madrileño.

El vídeo que muestra su reacción y la del resto del equipo cuando se conoce la nominación de Aquel no era yo a los Oscar ha recorrido Internet como la pólvora pero, ¿qué hay de lo que no vimos? ¿Qué fue lo primero que le pasó por la cabeza
Me habían avisado de que tuviera mucho cuidado en ese momento. Un amigo que estuvo en la misma situación de candidatura que yo, tuvo la mala suerte de que se corrió el bulo de su nominación definitiva. En todas las redes sociales se empezó a publicar que estaba nominado, empezaron incluso a llamarle periodistas para felicitarle. Al final resulta que no estaba. Yo tenía eso muy presente, así que cuando la gente empieza a aplaudir por la noticia yo me quedo paralizado, me acerco al ordenador y, hasta que no lo veo con mis propios ojos, no empiezo a botar y a abrazarme con todo el equipo. En ese momento de paralización pensé: ‘por favor, que sea verdad’. Sentí muchísima alegría, pero la verdad es que apenas me dio tiempo a pensar. Ya tenía concertada una entrevista para entrar en directo en caso de que fuera que sí, así que me agarraron y, mientras que todos mis compañeros estaban disfrutando, yo estaba atrás del todo, solo, haciendo la entrevista. Tuve que recolocarme en dos minutos.

¿Cuál es el origen de este corto?
Leí una entrevista en el suplemento de un periódico a un ex niño soldado que hablaba de las cosas que había hecho. Contaba verdaderas barbaridades y lo hacía con una frialdad tremenda, sin guardarse nada. Al final, siempre intentaba contextualizar lo que había hecho: que en su cultura es muy importante la familia y que cuando te quedas sin ella, ese vacío lo ocupa el General de la guerrilla en cuestión. Esa contextualización es una de las cosas que quería dejar en el corto. Dan muchas explicaciones con las que intentan, no justificarse, pero sí ponerse en contexto.

No se especifica el país en el que ocurre la historia que se cuenta en el corto. ¿Es una forma de darle universalidad, de decir que podría pasar en muchos sitios, que es una historia entre muchas?
Sí, podría ser muchísimas. Hubo incluso un momento al principio en que pensamos la posibilidad de que fuera Colombia. Hay una cantidad de países que tienen niños soldados mucho más amplia de lo que creemos. Además, teníamos que rodar en España, por lo que había que jugar con la imaginación que tenemos en Occidente de todo el África negra. Por cuestiones económicas, no podíamos intentar parecernos exactamente a un país concreto. Además, sería señalar un país, y tampoco tiene sentido hacerlo para tratar una problemática tan global.


El cineasta Esteban Crespo, durante el rodaje de Aquel no era yo.


¿Qué ha pasado con Esteban Crespo, como director y como persona, desde que por casualidad leyó una entrevista de un tema que se conoce de forma generalizada pero superficial hasta ahora?
Realmente ha sido un proceso del que ha pasado ya mucho tiempo. Empezamos a investigar, a leer y a ver documentales y películas. Una vez escrito el guión, comenzamos a hablar con todas las ONG’s españolas que tratan la temática de los niños soldado, a entrevistarnos con ellos y a charlar con gente que había trabajado directamente con estos niños. Yo ya había estado en África con muchos cooperantes y conocía a esa gente con tantos ideales. Pero al estar cerca de ellos me di cuenta de que, en el fondo, te transforman. Estando a su lado te sientes pequeño y te das cuenta de que por el mundo hay seres humanos extraordinarios. Se te ponen los pelos de punta cuando estás con alguien que se ha pasado quince años trabajando en campos de refugiados de África.

Aunque está claro que el corto es un homenaje a estas personas que ponen los pelos de punta, ¿hay también una crítica a cómo vemos desde Occidente este problema, a cómo a veces desde fuera las cosas parecen más fáciles y coherentes de lo que realmente son?
Claro, a nivel cinematográfico es lo más interesante del corto: poner en la piel del occidental ese punto de enfrentamiento con tus propias convicciones. Si se te habla de este problema, evidentemente habría una opinión casi unívoca al respecto. Pero claro, cuando estás ahí y esa persona a la que ibas a ayudar ha matado a tu pareja, ha sido cómplice de una violación y te ha destrozado la vida, la cosa cambia y hay que enfrentarse con los valores de uno mismo para salvarle. Es ese momento de clímax final en el que el personaje tiene que tomar la decisión. Este corto es una forma de poner al occidental, a nosotros mismos, frente a nuestras convicciones.

¿Ha conocido a alguien así, que a pesar de haber vivido una experiencia muy traumática haya conseguido ser fiel a sus convicciones?
No sabría decirte exactamente que sí, pero sí he conocido a gente que ha renunciado a todo, incluso a su familia, por esos ideales. Yo he hecho una película de ficción, claro, pero recuerdo a un jesuita que había trabajado durante más de una década con niños soldado y me dijo que todo lo que pasaba en el corto, por increíble que parezca, él lo había vivido de una u otra manera. Evidentemente, en quince años.

¿Cuál ha sido el presupuesto del cortometraje?
El rodaje y la copia final, en torno a 40.000 euros. Después, en ir a festivales y distribuir, fue una pasta.

Con las cosas bastante difíciles al respecto, ¿a qué puertas habéis llamado para buscar financiación?
Este corto se hizo hace dos años. Tiene una ayuda del ICAA, otra ayuda de la Comunidad de Madrid y yo pedí dinero también, un poco más del 50 por ciento.

¿Hubiera sido posible hacer algo así sin las ayudas públicas?
Así, no. Posible hubiera sido, pero yo no lo hubiera hecho, no me hubiera metido ahí. Es un corto súper complejo, podrían haber salido muchas cosas mal y yo no podría haberlo asumido. Podría haberme quedado sin casa, haberme arruinado. Sí que asumí riesgos económicos, pero un 50 por ciento.

¿Tener una productora propia es ahora una exigencia del contexto?
También puedes ser autónomo, no es necesario tener una productora en sí. Yo tengo productora porque nunca nadie me ha querido producir. Yo soy director, no tengo ninguna vocación de productor, pero lo que he hecho es apostar por mí. En su día nadie quiso producirme. Tú mismo eres el que más confía en ti, el que más seguro está de que tus proyectos van a salir adelante y eres capaz de arriesgar dinero, algo por lo que otros productores evidentemente no van a apostar. Este es mi sexto cortometraje y en todos los proyectos he tenido que poner dinero.

PIE DE FOTO

Fotograma del cortometraje nominado al Oscar.


Esos 40.000 euros de rodaje, hasta la copia final, ¿suponen un presupuesto bajo, normal o alto para una producción de este estilo?
Para un cortometraje es alto, pero si tú ves este corto, es bajísimo. En mis otros trabajos, a pesar de que era otra época en la que tenías que rodar en cine y era mucho más caro que las opciones digitales actuales, había dos personajes en una localización. El dinero que te tienes que gastar es mucho menos. En festivales internacionales llegaron a suponer que este corto había costado un millón de dólares. Eso te da pistas sobre que hemos hecho un buen trabajo.

¿Cómo se asume hacer un corto con tiros y tanques en España y sin financiación privada?
En el fondo no fue tan difícilmente asumible. Teníamos un guión que al final es una historia de personajes. Luego había que vestirla. Si lo piensas, son encuentros entre dos, tres o cuatro personajes todo el rato y, entre medias, hay acción. Pero la historia está en los personajes y eso ya lo teníamos. Luego, dependiendo del dinero que consiguiéramos, iba a tener más espectacularidad o menos, pero el corto se iba a hacer. De repente, conseguimos que nos ayudara el Ejército y nos dejó el tanque. Si no hubiéramos tenidos los tanques y el helicóptero, el personaje se hubiera escondido y hubiéramos oído explosiones, pero no hubieras visto ninguna. Siempre intentas sacar partido de lo que tienes. Tuvimos la suerte de conseguir ayuda para darle esa dimensión de espectacularidad que sorprende para un cortometraje.

En cuanto a efectos especiales, este corto demuestra que se puede hacer, que en España hay gente muy competente, que sabemos hacerlo…
Por supuesto. Técnicamente, España está a la altura de cualquiera. Este cortometraje se hizo básicamente gracias a dos personas. Teníamos muy poco dinero, así que todos los efectos digitales los han hecho dos personas a las que contratamos de ‘freelance’. Sólo dos personas, y fíjate el partido que le sacan.

Aquel no era yo se ha alzado ya con el Goya, además de con una multitud de premios tanto nacionales como internacionales durante 2013. ¿Qué supone ahora la nominación al Oscar?
La nominación al Oscar no es comparable a nada. La palabra ‘Óscar’ está por encima de cualquier cosa en el mundo cinematográfico. Tanto para mí como para todo el equipo, esta nominación supone una proyección importantísima. La cantidad de gente que ha participado en este cortometraje, ahora se siente súper orgullosa y les sirve de impulso. Por ejemplo, para Alejandra Lorenzo, la protagonista, supone un cambio con respecto a otros papeles que había hecho y encima con una repercusión mundial enorme. Lo que tienen los Óscar es que ahora en todo el Mundo quieren ver esos cinco cortos que, después de mucha criba, han llegado ahí y están nominados. También están contentísimas las ONG’s que nos han ayudado porque su lucha está teniendo una visibilidad internacional tremenda gracias a la nominación.

Pregunta obligada que, por típica, puede que hasta dé suerte: ¿llevará algo preparado por si acaso o apuesta por la improvisación en el discurso?
No lo sé. Siempre que me preparo algo la cago, parece que estoy diciendo la lección. Suelo ser más natural si no lo preparo. Pero supongo que estaré tan nervioso, habrá tanta presión, que puede que termine ensayando un poquito por si acaso.

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