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Día internacional de la mujer: La realidad

martes 04 de marzo de 2014, 20:17h
Un año más conmemoramos el 8 de marzo como el día internacional de la mujer. Estamos, sin duda, ante uno de los derechos humanos más relevantes de nuestra historia: el de la igualdad. Nuestra Constitución española lo recoge de forma genérica en sus artículos 1.1 y 9.2, y de manera más específica, en el artículo 14 que regula la no discriminación por razón de sexo -entre otros motivos- y el artículo 32.1 la igualdad jurídica del hombre y de la mujer a la hora de contraer matrimonio.

La desigualdad de la mujer respecto del hombre es una de las grandes lacras en la historia de la humanidad. Hasta no hace muchos años poco se había avanzado en esta materia que afectaba a la mitad de la población. Es verdad que en estas últimas décadas se ha avanzado bastante, de manera espectacular en contraste con la inactividad que ha habido durante…, siempre.

El 18 de diciembre de 1979, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, que entró en vigor como tratado internacional el 3 de septiembre de 1981 tras su ratificación por 20 países. En 1989, décimo aniversario de la Convención, casi 100 naciones habían declarado que se consideran obligadas por sus disposiciones. Hoy lo han asumido 186 Estados aunque, curiosamente, se han hecho un número inusualmente elevado de reservas a sus artículos 2 y 6. El primero establece en sus dos primeras letras que “Los Estados Partes condenan la discriminación contra la mujer en todas sus formas, convienen en seguir, por todos los medios apropiados y sin dilaciones, una política encaminada a eliminar la discriminación contra la mujer y, con tal objeto, se comprometen a: a) Consagrar, si aún no lo han hecho, en sus constituciones nacionales y en cualquier otra legislación apropiada el principio de la igualdad del hombre y de la mujer y asegurar por ley u otros medios apropiados la realización práctica de ese principio; b) Adoptar medidas adecuadas, legislativas y de otro carácter, con las sanciones correspondientes, que prohíban toda discriminación contra la mujer […]”. Mientras que el artículo 6 establece que “Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas, incluso de carácter legislativo, para suprimir todas las formas de trata de mujeres y explotación de la prostitución de la mujer”.

Si nos centramos en España, hay una serie de datos que nos muestran que todavía queda bastante trabajo por hacer y a todos, mujeres y hombres, nos compele esta cuestión. La brecha salarial se sitúa en un 22,99% de media anual, pero es que ha aumentado un 0,5% en el último año. Respecto del paro y en relación con la cuantía y la duración de la prestación contributiva, las mujeres perciben 4,65 euros diarios menos. La diferencia de salarios conlleva una diferencia del 15,20% en el desempleo contributivo y se dispara a un 38,12 % en la jubilación, acumulando una diferencia económica a lo largo de la vida laboral del 25,45%. En fin, y por no acumular más datos, podemos concluir con que casi el triple de mujeres que de hombres trabaja a tiempo parcial y además con un salario medio mensual de 719 euros, frente a los 804 euros del hombre. La subida salarial media anual de las mujeres fue de 0,16% mientras que la de los hombres llegó al 0,74%.
Si miramos al mundo globalmente la cuestión coge tintes dramáticos. Según datos del Banco Mundial: “las mujeres constituyen la población más pobre del mundo y el número de mujeres que viven en condiciones de pobreza rural ha aumentado aproximadamente el 50 por ciento desde 1975. Las mujeres realizan dos tercios de las horas laborales de todo el mundo y producen la mitad de los alimentos mundiales; sin embargo, éstas perciben únicamente el 10 por ciento de los ingresos mundiales y poseen menos del uno por ciento de la propiedad mundial”.

Estimo que en esta cuestión, como en casi todas, el compromiso empieza por la información y el conocimiento, además de cierta sensibilidad por una materia, la discriminación de la mujer, que a todos nos afecta e interpela, independientemente de nuestro género. La dignidad y la justicia no conocen de sexos, y en este caso a la mujer le asiste toda la razón, por ello, por convicción, todos debemos remar en la misma dirección.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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