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El Gobierno de Matteo Renzi

viernes 07 de marzo de 2014, 19:43h
Nuevo Presidente, nuevo Gobierno. Matteo Renzi ha formado un Gobierno paritario, con muchos jóvenes, muchas mujeres y alguna que otra novedad. Reproduciendo el esquema del anterior gobierno, cuenta con personalidades menores y en gran parte desconocidas, que confirman que se trata de un ejecutivo a la medida de Renzi, de un Gobierno elegido no por el Presidente de la Republica -como sucedió con los dos últimos-, sino por el propio Presidente del Gobierno. Leyendo los nombres, da la impresión que Renzi ha apostado fuerte por sí mismo, decidiendo ser la “cabeza visible” y el amo, el homo novus y la promesa de cambio.

A simple vista, los ministros parecen tener poca experiencia institucional y un breve cursus honorum. Cabe esperar que hayan sido elegidos por sus méritos y no por el “lavado de cara” prometido. Sin embargo, algunos nombres (con y sin cartera) generan ciertas dudas: en un país marcado por el nepotismo y el clientelismo, la meritocracia debe ser considerada un valor básico de gobierno. Algunos cargos pecan de inexperiencia y/o incompetencia, por lo que ser joven no debe considerarse un valor absoluto. Hubiera sido mejor un mix, una mezcla entre jóvenes con perspectiva y gente experta con calidad.

El ex alcalde de Florencia ha superado la votación del Senado y de la Cámara de los Diputados. Sin duda, la más llamativa ha sido la primera: se ha asistido al teatro de la política, a una “función” a medio camino entre un espectáculo bufo y una tragedia. Por un lado Renzi y por el otro los Senadores: cada uno exponía sus motivaciones y críticas, sin hablarse entre sí. Con una actitud desafiante y valiente, al tiempo que restregaba su juventud, Renzi pronunció un discurso improvisado (sin leer), lleno de esperanza y carente de propuestas concretas.

Del otro lado, los Senadores, no dejaban de atacar el modo en el que Renzi había alcanzado la Presidencia, su falta de experiencia, su discurso tan poco institucional. Este discurso del Presidente ha generado muchas reacciones y sorpresas. En realidad, no es para tanto; Renzi ha sido fiel a su estilo: natural –o supuestamente natural- y directo, recurriendo a anécdotas y metáforas ya utilizadas en otras intervenciones y comicios. Además, su oratoria más que inspirarse en Blair u Obama –como varios analistas apuntaban-, tenía un objetivo claro, dirigirse directamente a los italianos.

A Renzi poco le importaba qué mensaje llegaba a los senadores, pues sabía que todo estaba ya “pactado”, contaba con su voto. Por lo tanto era la ocasión perfecta para cabalgar el sentimiento anti-casta y el malestar general hacia la desprestigiada clase política italiana. El actual Primer Ministro quería comunicar directamente con la gente en su casa, utilizando el Senado como marco y aprovechando la atención mediática del evento. Las historias supuestamente verdaderas, las anécdotas, las bromas y los gestos eran para el público “no presente”. Y hay que reconocerle desparpajo y habilidad: incluso consiguió convertir una debilidad –la falta de experiencia política nacional- en una virtud, presentándose como el renovador, el enemigo de la casta.

Y, por último, cabía esperar un discurso de esta natura, ni de derecha pero tampoco de izquierda, vago en materia económica pero muy esperanzador. Un discurso más electoral que de toma de posesión de un cargo, en el que recurría constantemente a dos palabras, evocativas y optimistas: sueño y coraje. Por cierto, su actitud fue completamente diferente en la Cámara de los Diputados, donde mostró un talente conciliador y pacato: en una se mostró como destructor, en la otra, hombre del cambio, paladín de la renovación. También es cierto que no podía ponerse en contra de todos los parlamentarios italianos.

En Italia, se diría que ora comincia il bello, entre expectativas y temores, convencidos de que al país no le quedan muchas posibilidades más: ha llegado el momento de actuar, de mostrar que su eficacia y habilidad política va más allá de la retorica. Deberá empezar por sus promesas, sometiéndolas a la prueba de los hechos. Renzi tendrá que aclarar cómo realizar sus sueños, el coste de sus proyectos. Y si es cierto que su entusiasmo a veces resulta contagioso, los discursos de estos días contienen demasiados anuncios y pocos detalles. El nuevo ejecutivo no parece disponer de un programa claro y definido, sino de una serie de objetivos que cumplir a la mayor brevedad, de forma rápida, marca de fábrica del político toscano.

El ímpetu, la audacia y la ambición han sido determinantes en la construcción de este Gobierno personal y personalizado. Aun así, no deja de ser un Gobierno formado a base de compromisos y concesiones, tanto a sus adversarios políticos como dentro del Partido Democrático: por eso, destacan figuras cercanas a las diferentes almas y corrientes del PD. Un intento de mosaico para tutelarse ante las presiones de la política nacional y que confirman la formación democristiana del presidente. No quiere más enemigos de los que ya tiene, consciente también de que sus últimas actuaciones han alimentado escepticismo entorno a su persona y a la duración de su mandato.

Finalmente, Italia sigue con curiosidad y críticas -algunas exageradas- la evolución del Movimiento 5 Estrellas (M5S), convertido en los últimos días en una versión del Gran hermano, entre "nominaciones", gritos, llantos y expulsiones. En realidad, sorprende poco, ya que desde el principio las reglas del juego era claras: criticar a Grillo y/o Casaleggio equivale a expulsión inmediata. Mecanismo sencillo, defendido por sus fieles cuyas motivaciones alternativas para explicar las expulsiones poco convencen. Y si eres periodista y críticas al Movimiento (incluso de forma constructiva), en la mayoría de los casos pasas a la picota mediática y/o a las amenazas e insultos. No obstante me parece discutible que se critique el Movimiento por echar a los díscolos: es una práctica muy común en todas las fuerzas políticas, en las que sigue vigente la disciplina de partido y el centralismo democrático, además del poder de las “mayorías”.

Puede que lo que lo hace tan odiable sea que M5S aplique una técnica que pertenece a los viejos partidos, a los esquemas políticos tradicionales. Esta actitud pone entredicho la novedad del Movimiento, que aparece cada vez más inconcluyente y preocupado por las luchas intestinas. Tiene razón Renzi cuando afirma que “los que han votado al Movimiento 5 Estrellas, merecen algo mejor”. No obstante, olvida que también los electores de izquierdas merecían algo mejor.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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