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Una guía para regenerar la democracia

sábado 15 de marzo de 2014, 19:38h
En parte gracias a las reformas económicas hechas por el Gobierno, España empieza a salir de una recesión de cinco años. Sin embargo, en el campo político todavía le queda mucho por hacer conjuntamente con los otros partidos políticos. El descontento ciudadano con la clase política está ampliamente demostrado en los rankings de valoración de las instituciones donde los políticos, los partidos políticos y el parlamento figuran en los últimos lugares.

También llama la atención que el PSOE, el principal partido de la oposición y, por ende, la alternativa al poder, tenga en la actualidad solo 3,3 puntos más en la intención de voto, según la última encuesta de Metroscopia, comparado con el resultado de las elecciones generales de noviembre de 2011 cuando obtuvieron el 28,7% de los votos, el peor de su historia. El Partido Popular, en cambio, ha sufrido un enorme desgaste, que es lógico dada la impopularidad de sus reformas y medidas de austeridad.

Andrés Ortega plantea una pregunta clave en su nuevo libro “Recomponer la democracia” (RBA): “la cuestión es cómo convencer a la élite, a la clase política y a los propios partidos de la necesidad de acometer profundas reformas, no meros retoques, en el sistema. Es necesario generar incentivos para que las cosas se hagan. O desincentivos, es decir castigos, si no se hacen”. Hasta ahora, los dos principales partidos han hecho muy poco en sus respectivos campos para regenerar la democracia. Parecen estar convencidos que cuando la economía vuelva a crecer con cierta fuerza van a recuperar la confianza del electorado.

España ha vivido el periodo democrático más profundo y largo de su historia, con un régimen de libertades, de crecimiento de un estado del bienestar, de vuelta a Europa, de alternancia en el poder y, al menos de momento, de falta de populismos. Pero es una democracia de baja calidad. Los españoles tienen más confianza en la Unión Europea que en sus propios instituciones.

El libro contiene datos muy interesantes y podría servir como un excelente manual de las reformas necesarias. Por ejemplo, España gasta relativamente poco en remunerar a los políticos electos. Los salarios de los diputados se encuentran en la franja inferior del estipendio percibido en las democracias europeas. Tanto en al ámbito estatal como en el autonómico, en comparación por ejemplo con Alemania, las cámaras españolas son contenidas en términos de diputados. Sin embargo la cosa cambia cuando incluimos los cargos gubernamentales, en particular el elevado número de asesores, personas de confianza y cargos en organismos públicos. En palabras de Ortega es allí donde se ha ido tejiendo la gran malla que sostiene a los partidos políticos y que permite perfilar miles de carreras políticas. Los políticos electos y asesores políticos en España suman 125.000, en comparación con los 29.000 en el Reino Unido (un país con 16 millones más de habitantes que España) estimado por la BBC en 2009.

Muchos puestos políticos los cubren, o funcionarios de carrera, o personas que han entrado en un partido y han hecho toda su carrera en él (son funcionarios de partido). Pocos proceden del sector privado: tal vez eso explica por qué la élite política no estaba en contacto con la realidad durante la década de las vacas gordas. Como dijo George Orwell, “Mirar lo que se tiene delante de los ojos requiere un constante esfuerzo.”

En el Reino Unido, el funcionario, incluyendo a miembros de la carrera judicial, que quiere entrar en política tiene que renunciar a la función pública. No hay ida y vuelta. Ortega propone un sistema así en España para poder conseguir despolitizar la función pública.

Los políticos han colonizado demasiadas instituciones. De poco servirá la nueva y tímida Ley de Transparencia si no se cambia la composición y el funcionamiento del Tribunal de Cuentas, demasiado lento y demasiado dominado por los propios partidos.

En la primera década de la Transición, cuando había que crear partidos con estructuras sólidas (el único partido con ellas era el Partido Comunista de España), tenía sentido un sistema electoral basado en listas cerradas que daba poder a las cúpulas. Este sistema ha logrado trabar mayorías de gobierno que han beneficiado la modernización de España.

Pero hoy ha llevado a una alienación y desafección entre el elector y los elegidos. El mejor resultado de las próximas elecciones, seguramente en 2015, sería un empate entre el Partido Popular y los socialistas y no habrá más remedio que formar una gran coalición (como en Alemania). Así los dos partidos estarían condenados a entenderse y acometer reformas políticas.

William Chislett

Escritor

WILLIAM CHISLETT es escritor y colaborador del Real Instituto Elcano

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