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En el centenario de nacimiento de Octavio Paz

Juan Federico Arriola
miércoles 19 de marzo de 2014, 21:21h
Octavio Paz amaba a México, a Francia y a España. Admiró la cultura hindú y tuvo magníficas relaciones con escritores del Medio Oriente, de casi toda Europa y del continente americano. Tenía sangre española: sus abuelos maternos fueron andaluces, su madre, criolla nacida en México fue una mujer bellísima. Su familia paterna oriunda del Estado de Jalisco era antigua -con rasgos indígenas- e ilustrada. Su abuelo, Ireneo Paz tenía una biblioteca clásica, donde el pequeño Octavio aprendió a leer. Su padre, Octavio Paz Solórzano, fue abogado y periodista y además representante de los intereses del revolucionario Emiliano Zapata en California, Estados Unidos.

Conocí a Octavio Paz, la tarde del jueves 25 de abril de 1984. Me atreví a tocar la puerta de su casa y su sirvienta vestida con un uniforme blanco y negro, abrió la puerta. Le di dos libros (El laberinto de la soledad y Posdata) para que me hiciera favor el poeta de autografiarlos y mi tarjeta de presentación. En realidad no sabía si don Octavio estaba en casa, pero me hubiera conformado con dejar los libros para recogerlos otro día. Ella delicadamente comentó que esperara por favor y cerró la puerta.

Unos minutos después, la sirvienta salió a buscarme y muy atentamente me dijo: “Dice el señor Paz que puede usted pasar.” En aquel entonces Paz tenía 70 años recién cumplidos y yo no cumplía aún los 21. Me preguntó “¿Qué estudia usted?”. Yo estudiaba la licenciatura de Derecho en la Universidad La Salle y el ya consagrado escritor mexicano se identificó conmigo porque en su niñez había estudiado en un colegio lasallista (San Borja) y posteriormente estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Sin conocerme me preguntó si me interesaba la literatura y me dio los libros autografiados. Le pedí su número telefónico y me lo dio, sin dejarme de advertir que debía llamar antes de ir a su casa.

Desde entonces fui a visitarlo de vez en cuando. Me autografió más de veinte de sus obras. Acudí al Palacio de Bellas Artes el 20 de agosto de 1984 al homenaje que el Estado mexicano le rindió junto con otros escritores e intelectuales. En aquella ocasión estaban presentes el presidente de la república, Miguel de la Madrid, el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, el secretario de Educación Pública, Jesús Reyes Heroles, el subsecretario de Cultura, Juan José Bremer y los amigos entrañables del poeta: Rosa Chacel, Carlos Fuentes, Vasko Popa y Rubén Bonifaz Nuño. Luego en 1989, invitado por él acudí el 4 de abril de 1989 a un concierto de música clásica en homenaje a sus 75 años de edad.

Octavio Paz es hasta ahora el único Premio Nobel de Literatura mexicano. El nombre de su país lo puso en alto en el extranjero y en México: su trayectoria, sus poemas, sus ensayos, sus premios, son acordes a su personalidad culta y sencilla a la vez.

Cuando obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1990, no cambió su estilo de vida, no cambió de residencia ni de hábitos. El poeta siguió trabajando, en su revista Vuelta, leía todos los días y al hacerlo reflexionaba y escribía con enorme claridad.

Varias veces dijo y escribió que José Ortega y Gasset había sido el filósofo que más había influido en su formación intelectual. Fernando Savater en 1998 escribió que se educó en las letras de Octavio Paz.

Octavio Paz fue una conciencia para México: sus críticas al sistema político mexicano, a la represión de 1968, al gobierno de Echeverría (1970-1976), de la izquierda mexicana, de la injusticia del sistema capitalista, de los sucesos de 1994: la rebelión armada en Chiapas, de los homicidios en contra del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio y del secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu. Fue uno de los primeros intelectuales iberoamericanos en criticar los excesos de Fidel Castro, de las inconsistencias políticas internacionales de Estados Unidos y de las contradicciones de la Unión Soviética. Sus planteamientos políticos sobre la caída del muro de Berlín son vigentes.

Paz murió en la Ciudad de México en abril de 1998. El próximo 31 de marzo se cumplirá el primer centenario del nacimiento de Octavio Paz.

El poeta ha sido para mí importantísimo. Mi vida intelectual puedo dividirla en dos: antes y después de conocerlo. Gracias a él, entiendo mejor la historia de México, valoro más la poesía y sus ensayos literarios y políticos.

En 1994, le prometí que escribiría un libro sobre su pensamiento. Cuando el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, me publicó en 2008 el ensayo LA FILOSOFÍA POLÍTICA EN EL PENSAMIENTO DE OCTAVIO PAZ, me sentí contento de cumplir una promesa que le hice en su biblioteca.

El pensamiento de Octavio Paz está vivo y México lo necesita. La pésima actuación de la clase dominante en México demuestra que ha faltado madurez y patriotismo en los políticos de diversas posturas políticas e ideológicas.

Me siento orgulloso de ser compatriota de Octavio Paz que hizo una labor propia de un Sócrates moderno.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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