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El homicidio contra un candidato presidencial

Juan Federico Arriola
miércoles 26 de marzo de 2014, 21:11h
En 1968 fue asesinado el inminente candidato presidencial del partido demócrata de Estados Unidos, Robert Francis Kennedy. En 1989, fue matado, el candidato presidencial y favorito en las elecciones colombianas, Luis Carlos Galán. En 1994, fue eliminado en Tijuana, México, el candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional, Luis Donaldo Colosio.

No se trata de idealizarlos, sino de ubicarlos en la realidad histórica. Cada uno de estos personajes generaron expectativas y como ponían en peligro poderosos intereses económicos y políticos, tenían que ser víctimas de la violencia que padecían ya sus países respectivos.

Robert Kennedy estaba contra la guerra en Vietnam y estaba dispuesto a llegar al fondo en el asesinato de su hermano, John Fitzgerald Kennedy en noviembre de 1963. Por eso, fue también ejecutado, después de pronunciar un discurso en el hotel Ambassador en Los Ángeles. Yo no creo en las versiones de los asesinos solitarios en los dos casos de los hermanos Kennedy. En Colombia por lo menos no cayeron en la hipocresía de sostener una teoría de asesino solitario.

¿Quiénes estuvieron detrás del asesinato de los Kennedy? Sólo hay que revisar los intereses que perjudicaron: los señores del petróleo y otros tejanos que acusaron a los Kennedy de ser comunistas; los señores de la guerra, que ganaban mucho dinero con armamento de todo tipo y finalmente la ultraderecha ubicada en el partido republicano.

Luis Carlos Galán representaba lo mejor de Colombia. Él fue una amenaza para los carteles del narcotráfico y por eso fue asesinado en un acto público. El pueblo colombiano lo lloró durante meses y aún lo extrañan y lo recuerdan. ¿Por qué? Porque su ejemplo de civilidad y compromiso fue indudable. Galán quería cambiar la imagen de Colombia: sólo una pequeña minoría colombiana se dedicaba a actividades ilegales de narcotráfico. ¿Qué políticos colombianos se confabularon con los narcotraficantes para matar a Galán?

En México aún prevalece oficialmente que sólo hubo un disparador contra Colosio. Muy poca gente cree en el país, que Mario Aburto quien cumple una larga condena, haya sido el único involucrado. Colosio había roto con Salinas de Gortari (presidente ilegítimo durante seis años), o al menos se había distanciado y además tenía problemas el entonces candidato, con el hermano mayor de Salinas, Raúl, que generó diversos escándalos por actos de corrupción innegables (fueron dados a conocer diversos documentos oficiales apócrifos para retirar cantidad importante de dinero en Suiza). En 1995, once meses después del asesinato de Colosio, Raúl Salinas fue detenido y acusado por diversos delitos. Finalmente, después de diez años fue excarcelado, pero no olvidamos los escándalos de la familia Salinas de Gortari, que hoy intenta vanamente legitimarse sin asomarse a la vida social sin guardaespaldas.

Otro personaje venido de las tinieblas y que no fue investigado a fondo en el caso Colosio, fue el tecnócrata francés naturalizado mexicano, Joseph Marie Córdoba Montoya, un jefe de gabinete de facto de Salinas, mentiroso –que presumía tener un doctorado que no había obtenido y aún así no renunció a su cargo de “jefe de la oficina de la presidencia de la república”. Su petulancia frente a los secretarios de Estado está comprobada, porque no dejaba la libre comunicación entre el presidente –insisto de facto- Salinas y su gabinete, contraviniendo así lo dispuesto por la Constitución mexicana.

Hoy por hoy hay muchas dudas sobre los tres asesinatos aludidos. Confiamos en que la verdad salga a la luz a través de nuevas investigaciones periodísticas, ministeriales y judiciales si proceden.

No sólo ellos dejan dudas sobre sus muertes: el revolucionario cubano Camilo Cienfuegos, desaparecido en versión oficial, muy probablemente fue asesinado por órdenes de Fidel Castro, según lo manifestó el recién fallecido Huber Matos. También debemos saber qué pasó realmente en el asesinato del juez Giovanni Falcone en mayo de 1992 y su sucesor Paolo Borsellino cinco meses después.

Las dudas y las preguntas sobre estos casos están presentes y seguirán mientras tengamos memoria y papel u ordenadores para recordarlas.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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