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Para conocer México es obligatorio leer a Octavio Paz

miércoles 02 de abril de 2014, 20:26h
El pasado 31 de marzo se celebró en México y otros países, el centenario de nacimiento de Octavio Paz. Hace algunas semanas escribí aquí en El Imparcial, un artículo sobre esta importante efeméride.

Hoy al comenzar abril, reitero la trascendencia del pensamiento de Paz, pero quiero ahondar en algunos aspectos.

Como intelectual tuvo varias influencias filosóficas: José Ortega y Gasset y Albert Camus. No le interesaron Heidegger y Sartre. Leyó a Ezra Pound y Waldo Frank y Jorge Luis Borges. Amó apasionadamente a los clásicos españoles Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina, Quevedo. Admiró a Dante Alighieri y a Víctor Hugo. Tuvo empatía con el nicaragüense Rubén Darío y dijo que Unamuno había sido el poeta romántico de la España del siglo XIX. Escribió sobre el muralismo mexicano: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Siqueiros y tuvo ideas estéticas de gran lucidez. Con menor pasión también fue amante de la música.

Paz conoció el lejano Oriente y disfrutó de Israel y el Medio Oriente. Amó como pocos iberoamericanos la cultura y la religión hindú. Por supuesto admiró a Gandhi. Él estaba imbuido del catolicismo tradicional y tuvo conocimiento también del budismo. Después perdió la fe católica, pero no dejó de creer. Nunca se declaró ateo, pero sí agnóstico.

Nunca se entusiasmó con la Revolución mexicana para convertirla en paradigma mundial. Se opuso a Franco, Mussolini y Hitler. Detestó a Stalin, cuando el georgiano era todavía un dios comunista en gran parte del mundo. Fue desde joven un demócrata convencido y a mediados del siglo XX fue uno de los poquísimos actores públicos que hablaba en voz alta de la necesidad de abrir el sistema político autoritario postrevolucionario mexicano.

Paz también junto con unos cuantos intelectuales e historiadores criticó al dios de la historia oficial mexicana, por traicionar a los indígenas mexicanos, Benito Juárez, único personaje que merece en México un día de asueto al año. Semejante honor no lo tienen Miguel Hidalgo (padre de la patria) José Morelos (siervo de la Nación mexicana) o Francisco Madero (mártir de la democracia revolucionaria).

Paz conoció gran parte del mundo y como pocos llegó al fondo del alma sufrida mexicana. El laberinto de la soledad es lectura obligada para todo mexicano y también para todo extranjero que quiera conocer México. ¿Por qué? Porque el poeta inmerso en la cultura mexicana, la explicó y la sustentó en la historia tan rica de México: España con su carga cultural visigoda-romana, árabe y judía, a su vez heredera del mundo griego. Esto más la riqueza del mundo indígena: los aztecas, los mayas, los chichimecas, los tlaxcaltecas, los totonacas, etcétera.

No obstante la riqueza cultural milenaria de México, el índice de lectura no es alto aún en la actualidad. Paz se arriesgó a ser productor de cultura: dirigió a los 17 años la revista Barandal y la última fue Vuelta, la más importante de México en su historia, donde desfilaron grandes escritores de los cinco continentes.

Octavio Paz dijo en 1997: “Ojalá México encuentre a su Sócrates.” De alguna manera, el poeta-filósofo, ejerció el oficio socrático: preguntas concretas para encontrar respuestas escuetas.

Hace cien años nació Octavio Paz en la Ciudad de México, fue un ciudadano estoico y por tanto el mundo entero fue su hogar. Su lengua, el idioma de Cervantes ya universal, en las letras de Paz es más penetrante.

Hace algunas horas terminó el homenaje oficial a Octavio Paz. Incluso, el presidente mexicano leyó un discurso hueco. Es muy probable que Enrique Peña que se distingue por su incultura literaria, jamás ha leído un ensayo, un poema, un discurso, una entrevista o la única pieza de teatro (La hija de Rapaccini) de Paz. Hoy también los políticos que no saben gobernar México se quieren hacer presentes en la obra de Paz, cuando el Premio Nobel de Literatura en 1990 fue un crítico persistente del PRI y sus gobiernos autoritarios y demagógicos.

Los mexicanos que estamos en el laberinto de la democracia deficiente, la ingobernabilidad y la corrupción, extrañamos a Paz. Me consuelo con tener sus libros y entrevistas grabadas en televisión.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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