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crítica de ópera

Sentido homenaje a Gerard Mortier en el Teatro Real

jueves 03 de abril de 2014, 03:12h
El coliseo madrileño rindió este miércoles homenaje a la memoria del fallecido director artístico Gerard Mortier con un acto de acceso gratuito, que llenó el teatro con más de mil aficionados que quisieron sumarse al sentido recuerdo, así como dejarlo por escrito en el correspondiente libro de condolencias que les esperaba a la salida.
Una enorme fotografía de Gerard Mortier, director artístico del coliseo madrileño desde 2010, destacaba anoche en el escenario ya preparado para el estreno este jueves de Lohengrin, en una nueva producción de la ópera de Wagner ideada, precisamente, por el fallecido director belga. El acto - de acceso gratuito hasta completar aforo - estaba concebido, en palabras del presidente del patronato del Teatro Real, Gregorio Marañón, para expresar el agradecimiento y la admiración que tanto el teatro de la Plaza de Oriente como buena parte de su público habitual sienten hacia quien dedicó su vida a la ópera. Y estos últimos años, en concreto, a la ópera de Madrid. Para Mortier, la ópera fue su pasión. Desde que a los 11 años le llevaron a ver La Flauta Mágica y quedó por completo fascinado. Una pasión que transmitía, por ejemplo, en los encuentros con el público que se organizaban para profundizar en la obra que estuviera a punto de estrenarse, conocidos como “Enfoques”. Por eso, la velada de anoche, víspera del estreno de Lohengrin, parecía el momento ideal para rendirle un sentido y sobrio homenaje que, en todo caso, “no será la única iniciativa” para seguir agradeciendo la labor que Mortier desempeñó en el Real, de acuerdo con las declaraciones de Marañón.



El presidente del patronato salía al escenario justo después de que el público – algunos de los asistentes habían esperado en la plaza hasta dos horas y media para asegurarse el acceso – visionara un vídeo con imágenes de Gerard Mortier. También, de algunas de las producciones más emblemáticas que protagonizaron estas últimas temporadas, de las que él fue el máximo responsable. Entre ellas, “The Rise and Fall of the city of Mahagony”, “La clemenza di Tito”, “Cosí fan tutte”, “La conquista de México”, “Iolanta” y Tristan und Isolde”. Sin olvidar, por supuesto, “Brockeback Mountain” o “San Francisco de Asís”, obras ligadas ya para siempre a su figura. Estos pequeños fragmentos de su legado a Madrid, se han ido alternando con declaraciones del propio Mortier hablando de su personal visión de la ópera, esa conjunción de pasión y dramaturgia en la que lo más importante, para él, eran los compositores. Es decir, los creadores.

Por eso, después del cuidado vídeo cuya presentación consistía en una frase de La República de Platón: “Las cosas bellas son difíciles”, Marañón confesaba que “costaba hablar”. Aunque lo principal era, en todo caso, transmitir esa admiración por quien – y eso ya nadie lo pone en duda – contribuyó de manera esencial a colocar al coliseo madrileño a un nivel internacional que antes no tenía. Las palabras de Marañón iban, por otra parte, acompañadas de las del propio Mortier, a través de la carta que escribió al presidente del patronato para felicitar al Real - con ocasión de la presentación de la próxima temporada - por la contratación de Ivor Bolton para el foso, así como para agradecer al actual director artístico, Joan Matabosch, el respeto que se había tenido a la hora de mantener algunos de los proyectos programados por él, como El Público y La ciudad de las mentiras. “Esta noche todos los aplausos son para Gerard Mortier”, concluía Gregorio Marañón, asegurando que “nuestro homenaje es continuar con su obra”.

El alemán Hartmut Haenchen ocupaba entonces su lugar en el foso para dirigir a la Orquesta Titular del Teatro Real, dando inicio a la parte musical de la noche con el preludio de la ópera de Wagner que se estrena este jueves, Lohengrin. La soprano alemana Anne Schawanewilms ha sido la primera en subir al escenario para interpretar el aria “Einsam in trüben Tagen”, seguida del tenor germano-canadiense Michael König, que ha cantado “In fernem Land”. Por su parte, la mezzo Anne Sofie von Otter, acompañada del pianista Mack Sawyer, ha interpretado una pieza de Franz Schubert, y el barítono Vito Priato, con el pianista Riccardo Bini, ha cantado un aria de Tannhäuser, antes de que los miembros del Coro Titular del Teatro Real, a las órdenes de su director Andrés Maspero, ocuparan la escenografía creada para Lohengrin e interpretarán uno de esos coros grandiosos obra del genial Verdi, Patria opressa, de la ópera Macbeth, con el pianista Miguel Ángel Arqued también en el escenario.



La última voz que se ha escuchado ha sido la de la poderosa soprano canadiense Measha Bruggerbergosman, entonando a capella el espiritual “Going up a yonder”, para finalizar con el preludio y la muerte de Isolda, de la ópera de Wagner Tristan e Isolda, que ha puesto en pie al público y a los músicos. Había llegado el momento de ofrecer los aplausos a la memoria de quien siempre quiso que la ópera no fuera sólo divertimento, sino también reflexión. El núcleo de la reflexión sobre la sociedad, porque, en palabras del desaparecido director belga: “Lo más importante en la vida es la acción que viene de la reflexión”. El homenaje a Gerard Mortier continuará, en todo caso, a partir de este jueves, porque todas las funciones de Lohengrin estarán dedicadas a su memoria. Una memoria que ya es, también, la nuestra.
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