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Adolfo Suárez: [i]El hacedor[/i] de puentes

martes 08 de abril de 2014, 20:42h
Mucho se ha escrito estos días sobre la figura del Presidente Adolfo Suárez. No es fácil compendiar en pocas líneas su importante y decisivo legado para nuestra historia reciente. Sin embargo, sí me gustaría destacar algunas ideas que estimo son claves para valorar y aprender del que, con toda seguridad, fue el mejor presidente de la democracia española.

En primer lugar logró algo muy difícil en la vida, lo que Ortega y Gasset llamaba “estar a la altura de los tiempos”. Eso es realmente complicado, además, un tiempo terrible, de grandes presiones y definitivo para la historia de España, nos jugábamos el ser o no ser, todo o nada. Y el Presidente Suárez no sólo aceptó el reto, que ya es mucho, sino que lo ganó, lo cual es simplemente admirable.

En segundo lugar el Presidente Suárez demostró un altísimo sentido de Estado e Institucional, tuvo altura de miras, por encima de intereses partidistas e incluso de su propia persona; fue por tanto un gran servidor del Estado. En este sentido, mucho podíamos aprender hoy de este fructífero ejemplo.

En tercer lugar fue Suárez un hombre de profundas convicciones y principios democráticos. Nadie puede dudar de que tenía muy claros sus objetivos, a dónde quería llevar España. Tuvo muchas dudas sobre el cómo hacerlo, pero ninguna sobre dónde quería que llegáramos. Podríamos concluir que tenía muy claro el qué o los objetivos a lograr, aunque no tanto el cómo o los caminos para llegar a ellos. Había que ir adaptándose a las circunstancias del día a día y ahí residía su acentuado olfato político, su habilidad política y su arte de la persuasión para ir consiguiendo sus metas.

En cuarto lugar, y no es poco relevante, fue un hombre valiente, con un gran coraje político. Este motor le hizo avanzar en los momentos difíciles, que fueron muchos, además de poder sobre llevar lo desagradecidos que fueron casi todos con él en su última etapa como Presidente. No hay que olvidar que el 6 de julio de 1976 se le entregó un país predemocrático y cuando dimitió el 29 de enero de 1981 dejó un país con pluralismo político, elecciones democráticas, separación de poderes, declaración de derechos y una moderna Constitución. Sin embargo, el premio fue el abandono de casi todos, por el que lógicamente dimitió.

En quinto lugar, y sin duda lo más decisivo como legado para el futuro, es que el Presidente Suárez fue un hacedor de puentes entre las dos Españas. Frente a la siempre mala y nefasta política de bloques, Suárez nos enseñó la virtualidad de la política de tender puentes, en la que fue un verdadero maestro. Sus instrumentos fueron los ya conocidos: 1. Buscar como eje vertebrador la convivencia; 2. Admitir la diferencia y el pluralismo; 3. Practicar el diálogo como herramienta básica de trabajo político y; 4. Saber llegar a consensos y acuerdos, que es la esencia de la política y del buen gobernante.

En cierta medida, las cinco ideas apuntadas son complementarias entre ellas y dan como resultado la figura de un hombre de Estado. Me alegra que el pueblo español, aunque tarde y una vez fallecido, le haya mostrado su agradecimiento y justo reconocimiento. Debiéramos de aprender a realizar estos homenajes en vida y ser más generosos.

Termino. Mucho se puede decir sobre la vida y la persona del Presidente Suárez, pero creo que lo destacado en este artículo es lo que mejor puede contribuir hoy a hacer más fructífera nuestra muy dañada vida política. El más sincero y valioso homenaje que se puede hacer a una persona, es que su ejemplo siga vivo una vez que su ciclo vital haya concluido. Esta es la principal motivación del presente artículo.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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