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LOS PRÍNCIPES Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

martes 13 de mayo de 2008, 21:59h
O se está con la libertad de expresión o se está contra la libertad de expresión. Si se está con la libertad, hay que hacerlo con todas sus consecuencias. Los periodistas administramos el derecho a la información que tienen los ciudadanos. Hay españoles a los que interesa que les informen sobre Martin Heidegger, Xavier Zubiri o Emilio Lledó. Hay españoles preocupados por Rajoy y Soraya. Hay españoles que se beben las noticias en torno a Raúl o Nadal. Hay también españoles a los que les interesa lo que hacen el cubano Dinio y una que se llama Belén Esteban. La libertad de expresión significa que los periodistas debemos satisfacer el deseo de información que tienen todos, lo mismo los que leen a Heidegger que aquellos que se entusiasman con la Esteban.

La entera sociedad democrática descansa sobre el cimiento de la libertad de expresión. Eso no quiere decir que el periodista sea un ciudadano impune. Y si comete un delito en el ejercicio de su profesión, el peso de la ley deberá caer sobre él. El artículo 20 de la Constitución consagra el principio de la libertad de expresión y establece cautelas con relación a la infancia y al derecho a la imagen y la privacidad. Telma Ortiz ha hecho lo que debe hacer un ciudadano que se siente agredido: acogerse a la ley. Veremos si la juez le da o no la razón.

Claro está que si yo fuera la juez cuidaría primordialmente de que no se lesione o menoscabe la libertad de expresión. La censura previa es una atrocidad y las fronteras de un personaje público, le guste o no serlo, resultan imprecisas. La Constitución en este sentido es tajante: “El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”. Los príncipes y los familiares de los príncipes están sujetos en toda Europa al interés público. No creo yo que se pueda constreñir el derecho y el deber del periodista a informar sobre aquello que entiende es de interés para sus lectores, oyentes o espectadores. La juez tiene ahora la palabra, aunque sobre su decisión caben recursos hasta llegar al Tribunal de Estrasburgo, si hiciera falta.
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