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desempleo estructural

¿Un 20% de paro 'para siempre'? El FMI se apunta a la teoría

La posibilidad de que la tasa de paro española no sea una coyuntural sino estructural, y que se enquiste en la vida económica como una realidad, independiente del crecimiento, gana predicamento tras el informe del FMI en el que pinta un escenario en el que la economía crece, pero el paro no consigue bajar del 20% ni siquiera en 2019. El desempleo estructural, que siempre ha presentado una tasa elevada en España respecto a los países de su entorno, entraría así en una nueva dimensión.
Los observadores de la economía española sufrían un sobresalto esta semana al recibir el World Economic Outlook del FMI, donde se recogen las perspectivas del organismo en toda una serie de indicadores. De hecho, muchos lo han tachado de ser demasiado pesimista. El organismo que preside Christine Lagarde predice que la economía española crecerá en tasas ligeramente superiores al 1% hasta el 2019, el horizonte temporal del Fondo, mientras que el desempleo, apenas bajará hasta el 21,8% en el próximo lustro.

Esta perspectiva hace pensar en desempleo estructural en España, que siempre ha presentado tasas elevadas. En el 92, año de las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla, España mostraba un 20,3% de paro sobre la población activa, tasa que se incrementó hasta el 23,9% en el 93 y el 24,1% en el 94. Desde ese pico fue rebajándose hasta el 18,6% del 98.

Durante los primeros años del nuevo milenio, los más prósperos de la historia de España, el desempleo continuaba por encima del 10%, y en 2007 toca su suelo, con una tasa del 8,3%.

La explosión de la burbuja inmobiliaria ha llevado el desempleo a cotas elevadas, y el problema que se plantean los economistas es cuánto va a durar esta situación. La economía ya ha tocado fondo y comienza de nuevo a crecer. El desempleo se reduce tímidamente cada mes. Pero los expertos coinciden en que el núcleo duro de los parados, aquellos que perdieron su empleo vinculado al sector de la construcción, no podrán encontrar un nuevo puesto. Se trata de ese lúgubre 21,8% que predice el FMI, más de cuatro millones y medio de personas.

¿Desempleo estructural?, ¿el llamado ‘ejército industrial de reserva’ del siglo XIX? El economista, Santiago Niño Becerra, catedrático de 'Estructura Económica' en la Universidad Ramón Llull de Barcelona, sí cree que “España se encamina a un escenario de desempleo estructural”, según declara a este diario, en el que una parte “enorme” de la población deviene “innecesaria” para en el mercado laboral. Descarta la idea de ‘ejército industrial de reserva’ tal y como se entendía en el XIX, ya que éste tenía la función de forzar los salarios a la baja, y en la actualidad no puede afirmarse tal cosa.

Para Niño Becerra, el paro es estructural precisamente porque “no se puede lidiar con él”, y no es cuestión de tomar unas medidas económicas u otras porque se trata de un problema “enquistado”, con una gran cantidad de población inactiva “inabsorbible”.

Por su parte, la economista de Funcas, María Jesús Fernández, también ve un “remanente de paro elevado”, en los próximos años, debido a que las personas que han perdido los empleos vinculados a la burbuja inmobiliaria tienen una “empleabilidad difícil”. Sin embargo, sí cree que las políticas económicas pueden hacer algo para lidiar con el problema, y propone “equilibrar” la economía española concediendo más importancia a la industria exportadora. Todo ello, a través de una reforma laboral más “drástica y atrevida”, rebajando cotizaciones sociales y compensándolo con el IVA.

Cada vez menos empleo
El problema del desempleo estructural rebasa las fronteras y se entremezcla con diversos vaticinios sobre el futuro de la actividad humana. En las últimas décadas, el sistema económico no ha producido innovaciones capaces de generar empleo, sino más bien al contrario. A falta de un nuevo invento del estilo del ‘automóvil utilitario’, que genere toda una industria a su alrededor, con millones de empleos, las novedades tecnológicas de los últimos tiempos que las empresas han incorporado tienen que ver en su mayoría con el abaratamiento de costes, entre ellos, los laborales.

"La gente no asume que su trabajo lo van a hacer las máquinas", tal y como lo expresó el fundador de Microsoft, Bill Gates, recientemente.

En uno de sus artículos recientes, el profesor Niño Becerra cita un estudio “The Future of Employment: How Susceptible are Jobs to Computerisation?”, cuyos autores son Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne, de la Universidad de Oxford, que va en esta línea, y que predice que entre el 2025 y el 2035, el 47% de la población ocupada de EEUU estará en riesgo muy alto de que el trabajo que desempeña sea desempeñado por un elemento no humano.

Este ambiente de carestía de empleo produce, además, un curioso corolario: el considerar el trabajo como un lujo. Es la tesis de Brigid Shulte, que en su libro ‘Overwhelmed: work, love and play when no one has time’ presenta una sociedad en la que estar enganchado al trabajo, poder tener ocupado todo el tiempo, es sinónimo de prestigio.
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