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RESEÑA

Varios autores: Leyendas y narraciones japonesas

Varios autores: Leyendas y narraciones japonesas. Versión de Gonzalo Jiménez de la Espada. Langre. San Lorenzo de El Escorial, 2013. 265 páginas con ilustraciones. 22 €
Con ocasión de la presentación de Leyendas y narraciones japonesas -que tuvo lugar en la Fundación Japón de Madrid el 18 de febrero de este mismo año-, tras terminar el evento, planteé una pregunta, quizá excesivamente impertinente, a los profesores José Pazó y David Almazán quienes, con extremo cuidado y precisión, junto a Julio Baquero, han editado este estupendo libro. Les pregunté cómo hay que leer el texto que presentaron, y cuál es la actitud que hay que adoptar durante la lectura; ya que presentaron el libro, con toda razón, no como un simple compendio de cuentos, sino como algo más. Los dos unánimemente me contestaron: «Sin prejuicios, ni esquemas previos; no hay que buscar la moraleja en estas narraciones, lo que cuenta es dejarse llevar por el estado primigenio, preinfantil y no discriminativo». De manera que, guiado por mis propios instintos y razón, como aconseja Virginia Woolf en Cómo hay que leer un libro, decidí aceptar aquel espíritu de libertad que se necesita para leer un tipo de narración como esta, sin ataduras, dejándome arrebatar totalmente por este arroyo de leyendas niponas.

Después de varias lecturas me surgió otra pregunta, esta vez un poco absurda, personal y disparatada y a la que ni siquiera los dos expertos en japonología me hubieran podido contestar: ¿Qué pensarían los primeros jesuitas europeos de la Misión de Japón en el siglo XVI al leer este libro de cuentos? Y ¿Alejandro Valignano? Él, que quería una adaptación total a las costumbres japonesas durante aquella tentativa un poco estrambótica de cristianizar un pueblo tan radicalmente diferente, ¿sería capaz de aceptar este libro que, en su conjunto, es una muestra de la esencia de Japón para los hispanohablantes? Creo que al leer historias de ratones que viajan en su palanquín, sierpes con ocho cabezas que se emborrachan, liebres que saltan por encima de cocodrilos, medusas caminantes con patas, y dragones que se casan -juro que no voy a desvelar ningún detalle más al curioso lector-quedaría bastante sorprendido, o bien, asustado. Imposible saberlo. Una cosa me parece bastante plausible, y es que el serio jesuita pensaría que la adaptación, por los menos la cultural y literaria, finalmente llegó a cumplirse y que, además, las relaciones entre España y Japón han avanzado mucho.

No hace falta ser un japonólogo erudito para apreciar estos diez cuentos tradicionales japoneses que se publican en el Año Dual Japón-España, y que siguen al anterior volumen Cuentos del Japón Viejo (Langre, 2009). Tal vez solo se necesite un paladar apto para lo exótico y tener cierto gusto y apreciación por el castellano de principios de siglo XX, la preciosa lengua de Gonzalo Jiménez de la Espada, profesor de español en la Escuela de Lenguas Extranjeras de Tokio entre 1907 y 1917, y traductor de estas leyendas. Un dato interesante para los curiosos es que Gonzalo enseñó castellano a la primera generación de hispanistas nipones y, entre ellos, al primer traductor del Quijote al japonés. Por otro lado, estas narraciones fueron publicadas en Japón por Takejiro Hasegawa en 1914, un impresor que decidió adaptar las historias tradicionales niponas a distintas lenguas occidentales para así difundirlas. Para ello, usó a traductores como Lafcadio Hearn, Basil Chamberlain o Gonzalo Jiménez de la Espada. Hasegawa concibió unos libros excepcionales, en los que utilizaba técnicas y materiales rigurosamente tradicionales e ilustraciones con la famosísima técnica xilográfica del Ukiyo-e, «pinturas del mundo flotante». En este libro que Langre nos ofrece, se reproduce visualmente incluso el papel crêpe o crespón (chirimen) con el que fueron impresos originariamente los cuentos, cuya textura original es similar a la seda arrugada, para mantener la esencia de aquella estética nipona y el gusto por lo imperfecto e irregular.

Las Leyendas y narraciones -como explica Pazó en la introducción del libro- se relacionan con el Japón mítico en el que la historia se confunde con la leyenda y viceversa. Asimismo, los cuentos integran creencias niponas y, muy sutilmente, incorporan componentes del shinto, del budismo y del confucionismo, elementos ineludibles y eternos del espíritu japonés. Es imprescindible mencionar las adaptaciones de textos del Kojiki (712), el libro histórico más antiguo que se conserva sobre la historia de Japón, que se encuentran a lo largo de las narraciones. Hay una buena muestra de ello, en particular, en el cuento «La liebre de Inaba», donde se hace referencia al dios Ookuninushi; en «El príncipe brillante y el príncipe luciente» a los hermanos Ho-deri y Ho-ori y, también, en «La sierpe de ocho cabezas», una alegoría del Imperio de las Ocho Islas, Ooyashima (uno de los nombre más antiguos de Japón). Se encuentran también algunas referencias a la piedad filial confuciana o a la transmutación de animales en personas u objetos, como en «La olla mágica», la Bumbuku Chagama que hoy se conserva en el templo Morinji, en la prefectura de Gumma.

Sería inimaginable considerar este libro excluyendo aquellos elementos fundacionales del Japón de la era Meiji y de la dinastía imperial de los que estas narraciones están repletas. La espada, el espejo, el sake, la fidelidad, la piedad filial, el desapego, el arroz, la transmutación, todos estos elementos se funden en el mito y el cuento popular, en una época pasada, lejana a la de la narración. Quizá sean las épocas pasadas el hilo conductor de estos cuentos, de estas fábulas (a lo mejor deberíamos llamarlas ‘breves ficciones’) que a menudo reflejan el paso de una situación negativa a otra positiva, cuyo desenlace se envuelve en un continuum dinámico y que, algunas veces, presentan apenas «reflejos educativos». Las narraciones, junto con las fantásticas imágenes, absorben al lector, lo atrapan en una dimensión oriental hecha por acciones sencillas y situaciones ordinarias y, a la vez, surreales por la incongruencia de algunos personajes sacados fuera de su propio contexto natural.

Concluyendo, en un universo narrativo en el que incluso las ratas siguen el ceremonial japonés de la boda, donde las fuentes manan sake en lugar de agua, y los perros son tan valientes como para derrotar hasta a los genios maléficos de la montañas, es oportuno que el lector participe en los rituales y pruebe el agua que se convierte en sake o asista a las luchas del perro Sippeitaró. Puede que incluso quien lea encuentre por el camino una olla mágica que parece un tejón, un brazo de un ogro feroz o que, finalmente, sea el elegido por la Princesa de Inaba, si es lo suficientemente generoso y bueno. En todo caso, no tema, ese mundo extraño y multicolor es solo una leyenda japonesa. Disfrútelo.

Por Giuseppe Marino


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