www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

¿Bases rusas en América Latina?

lunes 14 de abril de 2014, 19:48h
No pudo pasarme desapercibido el desmentido del gobierno ruso puntualizando a finales de marzo de 2014, que Argentina no acogería una base militar rusa. ¿Cómo estaría el rumor, cómo habrá calado, cómo habrá cundido y de qué envergadura resulta, que ha sido necesario un mentís para aclarar la situación? Lo que nos faltaba en este renacer del poderío ruso que allí está y se hace valer: que instalara su reales en una América Latina necesitada de escuelas y empleo, que no de bases militares. Que lo oigan Venezuela y Nicaragua, a las que se cita como posibles países receptores.

La región latinoamericana no requiere de bases militares provenientes lo mismo del imperialismo estadounidense que bien conocemos, que del advenedizo ruso o, si me apura, del interesado imperialismo chino. Por citar los más solícitos.

¿Sería posible? ¿los rusos andan cabildeando dónde meter sus tropas? No lo descarto. ¿En América Latina, a la que ya le venden armas que ya les representa un jugoso mercado y es contigua a Estados Unidos? Estaría bueno. Con lo que ha costado que se salgan los Estados Unidos de Panamá y a regañadientes, negándose a cambio a soltar Guantánamo y siempre buscando pretextos para tener tropas y asesores en esos países, como para que ahora salgamos de Málaga para entrar en Malagón, valga decirlo.

América Latina sin lugar a dudas que no requiere a las bases militares rusas. Su real o hipotética instalación jamás responderá a los intereses regionales. Como jamás los representaron las bases estadounidenses, que si existieron fue por la corrupción y blandengue sentir de quienes las permitieron. Y francamente no considero que andemos tan lejos de cometer el mismo error. No serán más pulcros en Moscú que en Washington, por lo demás. La Historia no les ayuda ni a unos ni a otros para que pensemos de ellos otra cosa.

Así, América Latina, sea que acoja bases militares rusas o estadounidenses o chinas o marcianas, no lo hará en provecho propio, sino para acabar satisfaciendo intereses que le resultarán siempre ajenos, después de todo. Está muy equivocado quien se crea que instalándolas con ello aleja a los Estados Unidos o en su defecto, estimula su economía por el plato de lentejas que le paguen los rusos al país que se preste y peor, que crea que por el mismo boleto se sube así a un pleito o rivalidad entre superpotencias. Es muy sencillo de entenderlo. No hay que buscarle pestañas a las hormigas para hacerlo.

En la nueva política expansionista de Putin todo puede esperarse. Y no estoy considerando a sus simpatizantes, así sean antiestadounidenses que se escuden en darle más razón por ser Putin o serlo ellos. Me da igual su sentir. Como sea, en la nueva geopolítica podría estar esa región en su radar. Llamo su atención sobre el hecho de que Rusia jamás ha cortado sus lazos y alianzas con Cuba. La ha instado a cambiar según la moda imperante en el Kremlin, pero de eso a romper o cortar con ella, hay un mundo. Rusia nunca ha querido tirar por la borda esa astilla clavada en el ojo del Tío Sam, que supo conseguir al estrechar la relación lograda en el marco de la Guerra Fría y los rusos no lo harán bajo estos nuevos bríos que han cobrado. Cuba siempre puede ser una carta, el as bajo la manga, una pieza a jugar en ese ajedrez político del ruso en su estira y afloja con Washington.

Para los rusos, Cuba es una puerta, es un baluarte estratégico, una herencia que les dejó la Guerra Fría; su más avanzada presencia regional después de todo. Para los cubanos, Rusia puede ser un salvavidas una vez más. Un colapso del inmaduro de Maduro en Venezuela, su soporte en la última década, que puede caer si continúa apostándole a escudarse en pájaros que le hablan y en reprimir a los venezolanos opositores, podría significar que en la Gran Antilla volteen hacia una Moscú receptiva, proclive a recibirla con los brazos abiertos en estos momentos, pues implica una apuesta audaz a las puertas de Estados Unidos. Sería como una punzada a clavarle a los estadounidenses en sus propias narices. Sería como un devolver el golpe que Rusia dice haber recibido en su fronteriza Ucrania.

Esta visto que en un escenario así Putin no tendría empacho. Quizás en efecto no ande buscando dónde meter a sus muchachitos, pero el tema cubano se antoja suficientemente sugerente para no considerarlo. Ya en tiempos de Yeltsin como antes con Gorbachov, los rusos refrendaron su camaradería pese a que se consideraba que la liberal y vindicada Rusia despreciaría a la socialista y totalitaria Cuba. Nada más lejos de ser. Cuba es un portaviones en el Caribe lo suficientemente indispensable en una rivalidad como la que estamos presenciando.

Y La Habana castrista con tal de salvarse y agarrarse a cualquier clavo ardiente….

Por supuesto que para México nada de ello puede ser indiferente, sucediendo a las puertas de su casa y en el estratégico paso de su flota armada o mercante por el golfo homónimo. Lo que pasa y pase en La Habana jamás nos puede ser indiferente, pues nos jugamos nuestra propia seguridad. La capital cubana está situada apenas a escasas dos horas de camino en avión, desde Ciudad de México. Más cerca que Nueva York, como para sernos ajena y indiferente.

De manera que no descarto una intentona rusa buscando meterse más en la América Latina. No lo veo improbable, no lo veo como cosa menor. Pero ya lo he expresado: aquel país que consienta su presencia, que sepa que al final no serán sus intereses los que se estén resguardando, sino los rusos, que irán a lo suyo, y que invariablemente serán ajenos a los latinoamericanos. América Latina no necesita su presencia militar. No hemos salido de las garras de los yanquis para caer en las rusas. Y de paso a poco de las chinas.

Así pues, en el esquema que parece conformarse con esta nueva suerte de Guerra Fría (que ya hemos denunciado en este mismo espacio en abril de 2013) no olvidemos que Rusia y América Latina no están lejos de tocarse.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios