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RESEÑA

Fernando García Sanz: España en la Gran Guerra. Espías, diplomáticos y traficantes

domingo 27 de abril de 2014, 13:10h
Fernando García Sanz: España en la Gran Guerra. Espías, diplomáticos y traficantes. Galaxia Gutenberg /Círculo de Lectores, 2014. 448 páginas. 23,50 €
El profesor García Sanz nos presenta una obra que es una oda al rigor metodológico y, en consecuencia, al método científico. Como explica en el prólogo, ha consultado archivos de cuatro capitales europeas diferentes (Madrid, Londres, París y Roma). La complejidad del objeto de estudio así lo exigía. El resultado es un libro de consulta obligatoria para historiadores, politólogos, economistas o demógrafos interesados en la España de principios del siglo XX.

En cuanto a la estructura, el trabajo se vertebra en cinco capítulos, cada uno de los cuales contiene un buen número de epígrafes con los cuales ordena el contenido. Asimismo, consideramos un acierto que dedique un apartado al final a las notas al pie de página, lo que ofrece al lector un valioso material, sin que se interrumpa la narración, donde predomina la sucesión vertiginosa de hechos y de protagonistas, algunos conocidos (por ejemplo, Eduardo Dato) pero otros no. Por tanto, resulta pertinente el índice onomástico que nos brinda y que deja constancia de la minuciosidad con que ha recopilado el material, lo ha analizado y, finalmente, lo ha redactado.

La tesis de la obra es que España en la Primera Guerra Mundial fue oficialmente neutral… pero no así en la práctica “porque ni la dejaron ni quiso serlo”. Lo advierte desde el prólogo y en las páginas siguientes va demostrando la veracidad de su afirmación. Del prólogo es también obligatorio destacar otra idea que desarrolla a lo largo de los capítulos: España no ganó prestigio al término de la Primera Guerra Mundial y ello también lo aplica a Alfonso XIII. Más bien fue al contrario y el final de la Primera Guerra Mundial puso de manifiesto la crisis del sistema de la Restauración. Dicho con otras palabras: era una ilusión que en el mundo de posguerra se tuviera en cuenta a España y sus expectativas.

Incluso así, en el modus operandi de la clase política española se pudo apreciar un comportamiento que sobrevaloraba la capacidad e influencia de nuestra nación en el contexto internacional. Sin embargo, el autor sostiene que si algo caracterizaba a la política exterior (española) de la Restauración era su cortedad de miras (la creencia generalizada tenía como premisa innegociable que la guerra sería corta) o la influencia del presidente del gobierno y del Rey en su ejecución (lo que implicaba necesariamente el rol casi marginal jugado por los ministros de exteriores). De igual modo, cuando cambiaba el gobierno (fenómeno habitual) lo hacía también el cuerpo diplomático acreditado en el exterior. Finalmente, otro rasgo de las instituciones del Estado de la España de 1914 era la carencia de la infraestructura militar necesaria para entrar en la guerra.

Con todo ello, la escarapela de neutralidad que quiso adoptar España no evitó que las consecuencias más negativas del conflicto aparecieran. Desde la irrupción de una casta de especuladores que se enriqueció comerciando con los países beligerantes (mientras buena parte de la población pasaba hambre) hasta el debate apasionado en la prensa entre aliadófilos vs germanófilos que, por otro lado, contrastaba con la indiferencia que la Primera Guerra Mundial suscitaba entre la sociedad.

Esto último se pudo comprobar en el tejido de informadores que Francia, Reino Unido o Alemania crearon en España: “En un panorama general en el que triunfaba la indiferencia de los españoles hacia la guerra, los ‘espías’ españoles se veían impulsados mayoritariamente por la razón del dinero, única y exclusivamente” (pág.232).

En definitiva, una obra que, además de explicar la posición de España, ofrece un minucioso análisis del desarrollo de la Primera Guerra Mundial y de sucesos paralelos fundamentales (como la Revolución Rusa de 1917). Con acierto, precisión y maestría, Fernando García Sanz relaciona todos ellos.

Por Alfredo Crespo Alcázar
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