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Ucrania: Escaramuzas con muertos

lunes 28 de abril de 2014, 20:19h
Por el momento, sería una exageración calificar de guerra civil a los acontecimientos que se están produciendo en el este y sur de Ucrania, como lo sería considerar que ya está en marcha una invasión de esa zona por parte de Rusia. Pero lo cierto es que ya ha habido muertos en los dos bandos que se enfrentan y que, con toda evidencia, miembros de servicios rusos, especiales o de inteligencia, han penetrado en el país para ayudar a los denominados pro-rusos. También ha habido secuestros –incluido uno muy extraño de representantes “militares” (?) de la OSCE que no sé qué hacían por allí- y sobrevuelo de aviones rusos sobre cielo ucraniano. Los pro-rusos de Donetsk han proclamado unilateralmente la independencia y aspiran –siguiendo el modelo de Crimea- a organizar un referéndum que les permitiría justificar una hipotética anexión, por parte de Rusia que, en todo caso, sería ilegal y, por lo tanto inaceptable, para la comunidad internacional.

Si tal cosa sucediera, Moscú aplicaría la doctrina del hecho consumado, como en Abjazia, Osetia del Sur, Transdnistria y Crimea, mientras, muy probablemente, las reacciones internacionales no irían mucho más allá de las habituales protestas diplomáticas o ese tipo de suaves sanciones que consisten en hacer una lista de personas a las que se niega el visado para que viajen a Occidente. Da la impresión de que, también por el momento, esta perspectiva no solo no será capaz de frenar los planes de Putin sino que, muy probablemente, provocará sonoras carcajadas por parte del nuevo zar del Kremlin.

La escalada se ha producido porque el gobierno provisional del Kiev ha enviado tropas a la zona donde actúan los grupos rebeldes pro-rusos, que habían ocupado locales oficiales e incluso alguna instalación militar. Pero ¿qué puede hacer un gobierno que se precie sino enviar algún tipo de fuerzas en uniforme cuando una parte de su territorio cae en manos de rebeldes? Rusia, que por su conducta no cabe ninguna duda de que está azuzando esa rebeldía, no reconoce la legitimidad del gobierno de Kiev, al que tacha de extrema derecha, pero lo cierto es que, en su momento, fue votado mayoritariamente por la Rada, el Parlamento de Ucrania. Cuando perdería incuestionablemente su legitimidad el gobierno ucraniano sería si ante una rebelión abierta se quedara de brazos cruzados, esperando a ver en qué para todo esto.

La OTAN –que, no lo olvidemos, es esencial y fundamentalmente los Estados Unidos, por razones que después abordaremos- ante la situación de tensión y cumpliendo con la misión que tiene encomendada por su texto fundacional, el Tratado de Washington, ha reforzado su presencia aérea y terrestre en los países miembros de la Alianza Atlántica, fronterizos con la zona conflictiva. Aviones AWAC, de la propia OTAN, están sobrevolando esos confines aliados y contingentes de tropas norteamericanas han reforzado las posiciones en Polonia y la zona del Báltico. Se trata de tranquilizar a los aliados del este de Europa que, ante los movimientos expansivos de Rusia, tratan de ver garantizada su seguridad. El gran objetivo que todos ellos buscaron cuando ingresaron en la Alianza, después de una larga y dolorosa historia de sometimiento a la férula de Moscú.

La situación no es crítica, pero sí preocupante, porque en estos escenarios de tensión un movimiento imprudente, una acción inesperada o un error de cálculo pueden producir efectos imprevistos y no queridos, ni por unos ni por otros. Estamos a cien años del comienzo de la Guerra Europea o Gran Guerra que después hemos catalogado como I Guerra Mundial y, con ese motivo se están publicando una serie de libros que aportan nuevos datos sobre aquella tragedia y de los que, en algún momento, nos ocuparemos en esta columna (Margaret MacMillan; Max Hastings; Cristopher Clark; Sean McMeekin…). Lo que más impresiona en estas nuevas aportaciones sobre aquel acontecimiento centenario, es que nadie imaginaba que se iba a desencadenar semejante infierno.

Sin entrar en el panorama geopolítico general de aquel momento, lo cierto es que, tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del trono austrohúngaro y de su esposa, en Sarajevo, nadie pensaba en una guerra que iba a englutir a todo el continente. Se pensaba que Austria-Hungría podría imponer un correctivo a Serbia, pero que todo quedaría en una pequeña guerra balcánica más, como las que se habían producido en 1912-13. Se estimaba que la Rusia zarista, aun siendo la “protectora” de Serbia, no se iba a implicar en una guerra para defender a “los regicidas”. Además, muchos informes señalaban que aunque el gran país euroasiático estaba saliendo de la pésima situación en que quedó tras la derrota en la guerra ruso-japonesa de 1904-05 y se estaba rearmando aceleradamente, todavía no estaba preparado. Al final se produjo el gran Armagedón, que marcó el fin de la hegemonía europea en el mundo.

De los planes de Putin ya nos hemos ocupado aquí: Se sabe adónde quiere ir y cuáles son sus métodos. Entre él y el mundo occidental se está jugando una partida de ajedrez en la que, en este momento, Putin es quien tiene más avanzados sus peones. Frente a él tiene a unos Estados Unidos que están muy cansados de Europa y de sus renuentes aliados europeos que remolonean tanto porque la crisis económica no les permite muchos alardes como porque, dadas la estrechas relaciones que mantienen muchos de ellos con Rusia, tiemblan ante la sola perspectiva de que esos flujos comerciales –incluido el gas y el petróleo- se interrumpan o, simplemente, se reduzcan. De ahí sus reticencias ante la cuestión de las sanciones y su preferencia por seguir una línea blanda.

El punto débil de Rusia, y el que puede hacer que Putin se lo piense dos veces antes de una nueva vuelta de tuerca en la escalada, es la economía. En lo que va de año la huida de capitales representa unos 51.000 millones de dólares. El PIB ha crecido solo un 1’3 por ciento el último año, mientras que en 2007 creció al 8’5%; la bolsa y el rublo están cayendo; la inflación anual se sitúa en el 7’2 %: y el tipo de interés se acaba de elevar al 7’5 %, cuando el pasado mes de marzo estaba en el 5’5 %. Rusia tiene un gran potencial de hidrocarburos, pero tampoco puede jugar con ese recurso porque su máximo interés es vender a precios de mercado, lo que limita sus posibilidades de utilizarlos como medio de presión.

Es bien significativo que la OTAN solo haya podido mover a soldados norteamericanos, eso sí de los que los Estados Unidos tienen en nuestro continente, en concreto los que están en la italiana base de Vicenza, a la que pertenecen los trasladados a Polonia. Y eso que, desde Washington, no se quiere ni oír hablar de aumentar significativamente la presencia de tropas o equipamiento militar en los países aliados de Europa oriental. Mientras Polonia y los países bálticos reclaman de los Estados Unidos una mayor presencia, el Pentágono ha contestado que cualquier compromiso adicional americano sería no permanente sino “rotatorio por su propia naturaleza”. Se trata, con toda evidencia, de una queja/exigencia para que los grandes aliados de Europa occidental se impliquen en estas misiones, que les afectan más a ellos que a los Estados Unidos.

No pierden ocasión desde Washington de recordar que casi ningún país europeo miembro de la OTAN cumple con el compromiso de elevar sus gastos de defensa hasta el 2 por ciento sobre el PIB. Solo el Reino Unido (2’4%), Estonia (2%), fronteriza con Rusia, y la rescatada Grecia (2’3%), obsesionada con el “enemigo tradicional”, Turquía, que también es miembro de la OTAN, cumplen ese objetivo. Francia se queda en el 1’9 %. Los Estados Unidos -con creciente interés en la zona Asia-Pacífico, como analizaremos en otro momento, tras el reciente viaje de Obama a Japón, Corea del Sur, Malaysia y Filipinas- se sienten bastante desencantados de los europeos y no desaprovechan ocasión de decir que ya está bien de que sean ellos quienes nos garanticen nuestra seguridad. Y si hay algo claro en la presente situación geoestratégica del mundo es que el vínculo transatlántico es una pieza esencial para la paz y la estabilidad del planeta.
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