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Discurso electoral: Algunas premisas básicas

martes 06 de mayo de 2014, 19:46h
Se acercan unas nuevas elecciones, después de un 2013 sin ninguna cita ante las urnas. Por lo demás, las elecciones al Parlamento Europeo de 25 de mayo afectan lógicamente a todo el cuerpo electoral español y son de circunscripción única. Todo ello las hacen, más allá de su principal razón de ser -elegir a nuestros eurodiputados en la Cámara legislativa de la Unión-, una buena piedra de toque para saber cómo está el equilibrio de las fuerzas políticas, a pesar de la alta abstención y el voto más alegre que suelen caracterizar a estos comicios.

Desde luego, lo primero que hay que destacar es que el Parlamento Europeo y su labor influyen en nuestras vidas mucho más de lo que nos imaginamos. Es un órgano que en estos últimos años ha adquirido mayor peso político en la Unión y sus diferentes iniciativas, marcan bastante más del 50 % de las normas que regulan nuestra vida cotidiana, desde la etiqueta de zumo de tomate, hasta el juguete de nuestros hijos, pasando por la calidad del aire que respiramos o la energía que consumimos, por no hablar de la materia de los derechos fundamentales o de cuestiones bancarias o jurisdiccionales. En sí mismas son elecciones decisivas en la Europa que deseamos construir, respecto de sus niveles de legitimación democrática y participativa, su carácter más social, su peso en ámbito internacional, su control financiero y la transparencia y control en la gestión de nuestros responsables políticos. Esto, entre muchos otros temas, es de lo que deberían de dialogar y discutir nuestros diferentes candidatos al escaño de la Eurocámara.

Sin embargo, visto lo visto por el momento, mucho me temo que los partidos políticos tradicionales van a hacer más de lo mismo, de lo de siempre. Ataque, desprestigio y descalificación del adversario, centrarse principalmente en cuestiones domésticas ajenas a las elecciones europeas y buscar más el discurso emotivo que la argumentación racional. Frente a ello, es importante que los ciudadanos reclamen más rigor y veracidad en los fundamentos, que se exijan medidas positivas y constructivas más allá de la simple descalificación que nada aporta. La crítica, cómo no, es parte del debate político, pero hay siempre límites que es muy recomendable no superar y, por encima de todo, el ciudadano tiene derecho a que no se le engañe y manipule, es decir, a conocer la realidad de lo que sucede.

La mera propaganda debe ser sustituida por el rigor argumentativo y el buen conocimiento del tema que se debata. Ya no es admisible ni aceptable que las cuestiones se resuelvan desde el reducido y maniqueo planteamiento de la izquierda y la derecha, la realidad es bastante más compleja para afrontarse desde un esquema tan simplista como manipulador.

Necesitamos personas ejemplares y preparadas para afrontar los nuevos y complicadísimos retos que tiene Europa en el nuevo escenario internacional, donde el mercado asiático, junto con el americano y los correspondientes países emergentes, nos están dejando en un, cada vez más acentuado, segundo plano. Por no hablar de la vida del ciudadano europeo tras la crisis económico-financiera, la transparencia y buen gobierno en la UE y sus Estados o las crecientes tensiones en Ucrania. Nos jugamos mucho el 25 de mayo, hay que elegir bien a quienes van a influir en nuestras vidas mucho más de lo que pensamos.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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