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Crítica de arte

[i]Rafael Lozano-Hemmer: Abstracción biométrica[/i]

miércoles 14 de mayo de 2014, 15:46h
Rafael Lozano-Hemmer expone en el Espacio Fundación Telefónica diez instalaciones en las que pone de manifiesto cómo la tecnología y el arte conviven en armonía en una serie de propuestas cuyo fundamento es interactuar con el espectador.
El diccionario de la Real Academia Española entiende por “biometría” el estudio mensurativo o estadístico de los fenómenos o procesos biológicos. Es en este concepto en el que se basan las nueve instalaciones de Rafael Lozano-Hemmer que pueden visitarse en el Espacio Fundación Telefónica hasta el 12 de octubre.



La propuesta del artista mexicano tiene que ver con dos de las claves del arte contemporáneo, el uso de la instalación como plataforma de creación y la presencia del espectador para dar sentido o justificar al objeto de la misma. A estos dos supuestos se suma un interés del artista por las nuevas tecnologías y la citada biométrica, de las que se sirve como vehículo expresivo y que sabe explotar para regocijo de un visitante que interactúa con asombro con lo que observa, palpa o siente.

Porque de lo que no hay duda es de que Lozano-Hemmer logra atrapar la atención de quien recorre sus instalaciones. Lo hace apelando a los sentidos del espectador, a quien invita a tocar las obras, mirarlas y sentirlas para, en definitiva, hacerle reflexionar.

No existe la huella del autor. Eso ya ha sido superado hace décadas. Tampoco el espectador lo echa en falta abrumado por la oportunidad de ver reflejado en el agua su pulso cardiaco en la instalación Tanque de corazones o en el parpadeo de 100 bombillas que penden del techo de la obra Almacén de corazones.



Lo mismo ocurre con el gran mosaico creado por 5.999 huellas dactilares a las que el visitante suma la suya tras posar su dedo índice en un detector durante 10 segundos. Es entonces cuando la obra cobra sentido, igual que en Matriz de voz, en la que un interfono graba la voz de quien quiera interactuar con ella, sumándose a aquellas frases o palabras registradas previamente por otros participantes en 800 canales de sonido que, sumados a 1.600 luces LED, se proyectan en la pared en una composición muy atractiva.

En La medianoche del año, columnas de humo blanco o negro emanan de los ojos de quien la mira; en Tensión superficial, un ojo de gran tamaño sigue al espectador a su paso, y en otra pieza, las pantallas proyectadas en la pared actúan a modo de espejo de quien las mira. Todo en un intento por hacer tan partícipe al espectador de la obra, que el espectador se convierte en la obra en una especie de juego de espejos muy simbólico que invita a plantear un análisis filosófico.



Merece una mención aparte Respiración circular y viciosa por la complejidad de su planteamiento. Formada por una cámara hermética en la que el visitante es invitado a entrar previo aviso de los riesgos, y en la que respira el aire respirado por otras personas, se trata de una instalación de gran formato compuesta también por un sistema de tubos de plástico conectados por grandes fuelles, válvulas y bolsas de papel que se inflan y desinflan constantemente.

Así pues, Lozano-Hemmer toma el pulso a un visitante, cuyo movimiento, respiración, tacto y pulso cardiaco hace posible el significado de un arte tecnológico que no lo convierte por eso en menos sensible.
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