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México: La seguridad pública como un derecho humano

Juan Federico Arriola
miércoles 14 de mayo de 2014, 19:57h
La seguridad pública es un derecho humano que se deriva desde mi punto de vista del derecho a un buen gobierno, en virtud de que “todo poder dimana del pueblo y se instituye en beneficio de éste” (Artículo 39 de la Constitución mexicana).

Los Estados totalitarios, autoritarios y las democracias deficientes fallan en este sentido. La paz franquista era una paz de cementerio, basada en el miedo a la represión. La paz en Cuba es relativa, las mujeres que han alzado su voz en protesta han sido vigiladas, apartadas y atemorizadas por discrepar del régimen de los hermanos Castro que lleva más de 55 años, una eternidad.

En México, la paz ha sido un mito. Durante el siglo XIX, más de siete décadas fueron de guerras civiles, intervenciones extranjeras y golpes de Estado. Al final vino la pax porfirista, la del dictador militar Porfirio Díaz que equilibró las finanzas públicas, propició el desarrollo militar con una importante infraestructura portuaria y ferroviaria, pero que reprimió duramente todo intento opositor. Después de su caída, la Revolución Mexicana (1910-1938) se distinguió por su carácter violento. El costo humano excesivo: más de un millón de personas muertas.

Durante el régimen priista (1929-2000) y luego de 2012 a la fecha, han sido pocos los años en que no ha habido conflictos violentos. Ya en 1968, el Estado mexicano mostró sus garras contra los estudiantes universitarios, luego en 1971 contra los profesores normalistas y después contra otros grupos, algunos guerrilleros y otros pacíficos, hubo persecución.

El surgimiento del narcotráfico es antiguo, los años setenta, pero su expansión definitiva fue en la década siguiente. Los tiroteos entre bandas de narcos no agotó el esquema del Estado, hubo y hay hoy todavía enfrentamientos serios entre delincuentes a los que se les llama “hombres armados” contra cuerpos policíacos y militares. El costo en la última década es alto. El Estado mexicano desde hace varios gobiernos ha sido rebasado por la realidad criminal.

Los mexicanos no gozamos plenamente del derecho a la seguridad pública en calles, plazas, parques, carreteras, autopistas, etcétera. Y esto es así, porque los últimos gobiernos mexicanos han sido deficientes en la gestión: en el sexenio de Salinas (1988-1994) el incremento de violencia y atentados fue grave, en el de Zedillo (1994-2000) surgió la banda criminal más terrible, “los zetas”, ex militares que desertaron del Ejército y la Marina y se volvieron en una migraña constante para la población en general. En el gobierno de Fox (2000-2006) la fuga del narco Chapo Guzmán fue el presagio del desastre, la multiplicación de carteles de drogas y de bandas de extorsionadores y secuestradores. El gobierno de Calderón (2006-2012) fue peor aún en esta materia, porque la estrategia militar falló, el problema se hizo más espectacular. Además la decisión de colocar como Secretario de Seguridad Pública al más incompetente y corrupto, Genaro García Luna, durante seis años, quien hoy vive protegido en Estados Unidos, ¿por qué? fue la encarnación del fracaso de seguridad en México.

Hoy el gobierno de Peña, presume algunas aprehensiones, pero el problema subsiste, al demostrarse la colaboración de algunos políticos con bandas criminales. La inseguridad es innegable. Los mexicanos exigimos más y mejores resultados. Es difícil lograrlo, cuando el presidente de México no es un estadista, es un político que fracasó en materia de seguridad pública en el Estado que mal gobernó, el Estado de México, que rodea a la Ciudad de México.

La sociedad impulsa soluciones al advertir que el Estado y sus instituciones públicas siguen rezagadas.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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