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Las redes sociales: detonadoras del cambio

sábado 17 de mayo de 2014, 18:59h
El 17 de mayo es el día internacional de Internet. Qué bien nos cae este aniversario en los tiempos que corren. Magnífico pretexto para referirme a las redes sociales y poco más. No invocaré aquí espacios comunes y acaso no diré algo nuevo acerca de lo que ya se ha mencionado sobre las utilísimas y trascendentales redes sociales, que hoy se imponen en el mundo de la comunicación y que se han convertido en parte esencial, y no exagero el adjetivo aplicado, de nuestra existencia cotidiana. Reflexionemos, pues.

Sin embargo, las redes sociales después de todo, democratizan nuestro acceso a Internet, nuestra expresión, nuestro paso a los espacios públicos –y políticos– para fijar posiciones frente a un sinnúmero de temas y nos otorgan el don de la palabra multitudinaria antes reservado a exquisitos e iluminados –que siguen denostando tal incursión, cual si les asistiera el derecho al monopolio de la expresión, como si les agrediera que suceda– evidenciando esa participación masiva el que la individualidad pesa tanto como la masa y coloca a las redes sociales por sus efectos expansivos y consolidadores de libertades, en un sitio similar al que ocuparon en su día las imprentas acercando los libros a un contingente mayor o como en su momento le sucedió a los teléfonos móviles, dotándonos de una libertad de movimiento y de conversación inusitadas hasta entonces, mientras nos comunicábamos sin detenernos ni limitarnos al cable fijo a una pared o ante la presencia de la otra persona.

Luego entonces, las redes sociales son uno de los productos más acabados de la era de la Internet y por supuesto que su propagación está modificando hábitos y percepciones de la vida cotidiana. ¡Lo que ya habría dado yo para contar con ellas a la edad de los muchos jóvenes que hoy las utilizan!, con esa tamaña soltura y presteza admirables. Y no me interesa hacer una apología de aquellas, sino llamar su atención sobre su utilidad, si alguna duda aún cupiere al respecto. Porque…las redes acercan y sobre todo, comunican.

Mire que me lo pensé un par de años para incursionar en ellas, ya sea por apelar a la privacidad más inexpugnable y hermética, o porque reconozcamos que iniciaron como lo más natural del mundo: para socializar de manera virtual.

Ahora las redes sociales resultan imprescindibles y son un vehículo fundamental de las comunicaciones planetarias. Alguien lo ha expresado con pertinaz acierto: “si no estás en redes, no estás”. Ya cada quien descubrirá qué uso les da, con qué finalidad y frecuencia accede a ellas, qué beneficios pretende y cuáles obtiene o definirá qué difunde. Mas no puede sustraerse a ellas o, al menos, se sugiere que no lo haga. Hay que reconocerlo con absoluta claridad: pasaron de ser un espacio de entretenimiento y socialización cuasi ocioso entre conocidos y aventurados contactos y hasta con quienes no lo eran, a ser vías primordiales de información y difusión de gran envergadura y repercusión en la sociedad, modificando sus hábitos e impactando tanto en su desenvolvimiento como en la manera de comunicarse e interactuar de las masas, de una manera acelerada y de imprevisibles consecuencias.

El fenómeno descrito aún es nuevo. Noveles, las redes sociales no pasarán de moda tan pronto, porque el factor democratizador pesa, ni menos reducirán su impacto. Por eso es tan seductor restringirlas desde el poder público, porque no se irán y porque lo cuestionan poniéndolo en un brete de forma constante. Su relación con el poder las convierte en arietes indeseables de los gobernantes, y ponen el acento en nuestras más caras libertades vinculándonos con el poder público de manera particularmente trascendente, por lo que ese poder público desearía su mayor control, ya que es a través de ellas que se produce una airada protesta contra el desempeño de los políticos y los gobernantes en general y eso lo veo muy positivo, porque moviliza a una sociedad a la que se desdeña en esa asignatura. Políticos a los que no se les da cuartel y los incomoda, van viéndose obligados a atender el reclamo ciudadano en redes, quedando tan expuestos que, justamente, atolondrados, responden de forma ineficaz y torpe a las exigencias ciudadanas y saben que no las pueden rehuir en graciosa huída, pues saldría peor para ellos.

No soy de quienes atribuye a las redes sociales el derribo directo de gobiernos, pero sí las considero idóneas para el ingente llamado a la reflexión colectiva, sumando esfuerzos y empujando todos juntos para obtenerlos. No creo en códigos de conducta para expresarse en ellas, pacatos y timoratos los más. Si en la legalidad. La red es neutral y debe seguir siéndolo. Que cada quien haga de su muro lo que desea. Y los demás a hacer lo propio en el suyo. No les está dado censurar al prójimo. Para expresarse libremente cada quien tiene el propio, que allí aguarda nuestra libertad de expresión, no en el muro ajeno. Pese a los muy mentecatos que minimizan la fuerza de las redes, o se ofenden porque se cuestiona allí a su político o partido favorito (a mi gusto, asumiéndose en plan lamesuelas, pese a la pertinencia de un cuestionamiento o a las irrebatibles pruebas acusatorias) y cuando así sucede, solo evidencian su más grave colusión o complicidad, ejercidas por activa o por pasiva. Sí creo en que la gente se sostenga y permanezca para debatir ideas que expresa y no en cambio, que huya cobardemente del debate, arrojando opiniones sin darles seguimiento ni aval porque las saben disparatadas y que actúan solo como esquiroles. Gentuza siempre habrá que así se comporte y es inadmisible.

Guste o no, las redes sociales son cada vez más combativas. Por eso es tan tentador limitarlas y/o prohibirlas. Por eso la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, expresaba no hace tanto, en el encuentro con periodistas en El Retiro, que si bien aquellas son magníficas, bien que cabía preguntarse si por ellas actuando, estamos mejor informados. Su pregunta lleva jiribilla. Es una pregunta envenenada, formulada desde quien gobierna. La alcaldesa sabe perfectamente la respuesta: ¡claro que estamos mejor informados! porque no solo fluye la información, sino que prevalece nuestro criterio para asumirla y difundirla. Más aun, obliga a las autoridades a transparentar su proceder. Puede comprenderse que le de pica pica a la edil madrileña, pero en el fondo no es distinta su actitud a la del PRI, partido que gobierna México. Al final, ambos gobiernan y es comprensible su tirria a las redes sociales.

El PRI en México y desde la presidencia de Peña Nieto, pretende restringir el acceso a Internet, alegando el riesgo a la seguridad, sin decirnos cuándo y apelando a la discrecionalidad burda, represiva y arbitraria, con una cortedad de miras insultante a la inteligencia de los ciudadanos. ¿Seguridad por encima de las libertades? coartada que simula tal para someter a las redes sociales tan opositoras a su persona y a su gobierno. Con muy poca inteligencia pretenden tal limitación para que en tiempo real no se difunda información, sabiendo que postergarla destruye su impacto. Por un ¡¡¡No!!! rotundo a tal restricción clamamos muchos ciudadanos mexicanos este 17 de mayo.

Cuando el martes 13 de mayo de 2014 se dispuso que en la Unión Europea ha ganado el derecho a que se borren de los buscadores los datos personales al solicitarse, para no caer en la chapuza de la simulación solo encriptándolos, el triunfo del ciudadano europeo es contundente y mucho debemos hacer el resto de los países si queremos legislar sobre la red. Legislar, digo, sí de manera inteligente y no represiva como lo intenta Peña Nieto. Pero es mucho pedir.
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