www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

EL TEATRO EN EL IMPARCIAL

[i]Últimos golpes[/i], de José Sanchis Sinisterra: la violencia y la venganza

martes 20 de mayo de 2014, 08:47h
El teatro alternativo madrileño está dejando constancia de su transformación y excepcional creatividad a través del Festival SURGE Madrid, con el que la Comunidad de la capital de España quiere resaltar su valor con más de 90 estrenos en tres semanas y más de 400 funciones, representadas en 31 salas alternativas. Una actividad desbordante donde trabajan en igualdad de condiciones los dramaturgos más consagrados junto a jóvenes autores nuevos o creaciones colectivas. José Sanchis Sinisterra contribuye con su pieza “Últimos golpes”.
Últimos golpes de José Sanchis Sinisterra
Director de escena: José Sanchis Sinisterra
Iluminación: César Linares
Intérprete: Marta Poveda
Lugar de representación: Teatro del Barrio (Madrid)

Por RAFAEL FUENTES



“Últimos golpes” es un soberbio monólogo que José Sanchis Sinisterra ha escrito y dirigido para una impecable interpretación de la joven actriz Marta Poveda. Como es frecuente en el Teatro Fronterizo de Sanchis Sinisterra, la escena nos muestra solo parte de una historia, una mitad contundente cuya otra parte debe ser completada, imaginada, juzgada, por el espectador. Ocho impactos de un puño en la madera de una puerta, el último de ellos casi desvanecido, dan cuenta de esa fracción amenazante que nunca vemos y que desencadena el terror, la reflexión y la esperanza en Mónica, mujer golpeada y humillada que ahora escucha los últimos golpes de su marido encerrado escaleras arriba. Una ausencia física que no lo aleja o disipa, sino que hace más potente su presencia emocional en escena.

Mónica despierta así de su pesadilla para hacer frente a su miedo y realizar un balance de urgencia de su hogar destrozado, de sus ilusiones despedazadas, de las determinaciones que debe concluir. El monólogo introduce sutiles fracturas que expresan la ruptura psíquica del personaje. Mónica habla consigo misma en primera persona, pero sus recuerdos se rasgan en fragmentos donde se dirige a sí misma en tercera persona. Su memoria atesora recuerdos gratos o terribles muy precisos, pero al mismo tiempo da paso a imágenes delirantes, como esa mujer vestida de fucsia que irrumpe como una alucinación en la rememoración de una fiesta familiar, entrecruzando los datos más sensoriales con percepciones próximas a la alucinación simbólica. Una mujer, en definitiva, con un “yo” troceado, dividido, desmembrado, al que no se le ha dejado crecer ni articularse en su plenitud. Quizá de forma parecida a las páginas de una partitura que revolotean esparcidas caóticamente por el suelo, entre restos de desperdicios y mobiliario descoyuntado. La personalidad de Mónica requiere recoger con sumo cuidado esas páginas de la partitura de su vida ahora dispersas, recopilarlas, ordenarlas, releerlas correctamente y saber interpretarlas para que la sinfonía de su vida pueda finalmente vibrar con integridad y armonía. Por unos instantes suenan los “Preludios” de Chopin, pero aún es prematuro para que la partitura de su personalidad suene con esa belleza: es preciso todavía hacer muchos cambios para que se produzca ese milagro.



En el torbellino de emociones que atraviesa Mónica, José Sanchis Sinisterra subraya con un especial énfasis la responsabilidad que su protagonista adquiere consigo misma. Ella posee la llave de su futuro, física y simbólicamente. Una pequeña llave que puede abrir el cuarto donde agoniza su maltratador, y donde presumiblemente morirá, y que es la misma pequeña llave que le permite franquear la salida de su apartamento y cerrar un largo periodo de su existencia. La actriz Marta Poveda hace suyos con una excepcional veracidad y precisión esos complejos movimientos del alma de la protagonista de ¨Últimos golpes”. Cuando la dirección de sus pasos se dirige con la llave hacia el cerrojo donde se halla el agonizante, la temperatura de la escena escala muchos grados de tensión emocional, tanto como se enfría cuando las pisadas se vuelven hacia la puerta de salida. Una oscilación dramática de la mejor ley.

Siendo uno de los textos teatrales de Sanchis Sinisterra más comprometidos con una denuncia enérgica y directa, construye el monólogo de su personaje con altas dosis de alicientes que estimulen nuestra identificación y empatía hacia la víctima. Sin embargo, la propia configuración de su dramaturgia le protege de una simplificación puramente panfletaria de un drama que se reproduce día a día en la vida real. Al hacernos escuchar solo una parte del relato deja en el aire la interrogación sobre si oímos una verdad íntegra o una versión distorsionada.



Estamos ante una necesaria denuncia de esta lacra social. ¿Pero no hubiera sido más auténtico teatralmente que el personaje del marido de Mónica tuviera una mínima complejidad humana? ¿Realmente liberarse de una situación tan dura y siniestra como esta es tan simple como hacer girar una llave en una cerradura y salir fuera, más allá del homenaje implícito a la Nora de “Casa de muñecas”, que escapaba de una circunstancia extraordinariamente más sencilla? ¿Es válido, pese a todo, tomarse la justicia por su mano, aunque la situación reclame venganza? ¿El linchamiento es una verdadera solución ante cualquier mal, por detestable que sea? ¿Cabe pensar en alguna forma de pena de muerte para delitos de esta índole? Este último es el principal talón de Aquiles ideológico del durísimo monólogo de Mónica, que Sanchis Sinisterra trata de sortear con una estratagema dramática análoga a la que Lope de Vega idease para “El castigo sin venganza”. Pero no hay auténtico teatro sin interpelación al público y sin despertar en él verdaderos interrogantes. Y un texto tan combativo y doloroso como “Últimos golpes” nos arroja a la mente un buen puñado de ellos, con los que el espectador no puede dejar de lidiar.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios