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los equipos madrileños llegan con esquemas de juego en continua transformación

Real Madrid y Atlético revolucionan Europa: el guión de Simeone y Ancelotti para conquistar Lisboa

domingo 25 de mayo de 2014, 00:33h
Real Madrid y Atlético llegan a esta final de Copa de Europa [red](20:45/La1 y Canal+LigadeCampeones)[/red] tras enterrar en semifinales a los emblemas del juego ofensivo preciosistas y del fútbol defensivo resultadista. Simeone y Ancelotti han gestado la histórica final madrileña con esquemas de juego en continua transformación. Es en estos detalles, que expone El Imparcial, dónde reside la riqueza y el interés de este hito. Por Diego García


La presente edición de la Liga de Campeones, que cuenta con su inolvidable desenlace este sábado [red](20:45/La1 y Canal+LigadeCampeones)[/red], se ha unido, quizá de manera fortuita, a la corriente de pensamiento que niega la vigencia de los paradigmas socio-políticos del pasado siglo para diagnosticar un estándar sin bipolaridad ideológica -“las ideologías dogmáticas son cosa del pasado”- en una sociedad global tan frenética en su transformación como intolerante con las percepciones tradicionales. De este modo, caprichos del destino, la final que escribirá con letras doradas el ya elevado nombre del balompié madrileño y español en la leyenda del deporte, precede en unas horas a las elecciones europeas, rebelada como una gota más del nihilismo moderno, eso sí, en el ámbito futbolístico.

El campeonato que goza de mayor prestigio en el viejo continente ha sugerido en 2014, con firmeza y sin conductos indirectos, la demolición de las posiciones ortodoxas que en el fútbol internacional han lucido con especial interés y brillo en el último lustro. Por el camino de Real Madrid y Atlético han quedado sepultados Bayern de Munich y Chelsea, en el penúltimo tramo del coloso que supone arribar sano y salvo a la cima de la Copa de Europa. Con la caída de los clubes entrenados por Pep Guardiola y Jose Mourinho ha perecido, quién sabe si de manera definitiva, el libreto emblemático de las dos versiones filosóficas de balompié que elevaron a texto sagrado Rinnus Michels con su Naranja Mecánica y Augusto César Menotti, por un lado, y Helenio Herrera y su revolucionario Inter y Carlos Bilardo en su natural contraposición. Ancelotti y Simeone desnudaron lo anacrónico de la aplicación con vehemencia radical de estos postulados ejecutada por alemanes e ingleses: castigaron la absoluta domesticación del ritmo teutón efectuada por Pep en pro de monopolizar la posesión y olvidando el afilado contragolpe de Robben y Ribery; y sonrojaron la propuesta defensiva de “Mou” avocando a los blues a una agonía lenta sin disposición de armas ofensivas para luchar por la mera interpretación ultraortodoxa del catenaccio.

Se impone pues, por obra y gracia de dos estudiosos de las variantes tácticas, la negación de lo absoluto en el fútbol globalizado. Las aplicaciones hieráticas de lo artístico o lo industrial, que elevaron el brillo del fútbol en su batalla de antagonismos que contó con el Barça de Guardiola como icono a disfrutar y derribar, dan paso a la transformación constante, a las enmiendas a la parte o al todo según se presente el escenario de partido. Y, en esta disposición de eterno movimiento, se han dispuesto como rutilantes vencedores Real Madrid, Atlético y, en su afortunado desenlace de calendario, Unay Émery y su poliédrico Sevilla.

Cabe entonces desplegar la amalgama de variantes que guardan los finalistas capitalinos en los guiones de partido con los que han desembarcado en la festiva Lisboa para conquistar la Liga de Campeones, ya sea la “Décima” o la primera.



Los últimos precedentes dignos de ese calificativo, si resultara decoroso establecer referencias de análisis para una final, señalan al dominio del centro del campo y, con ello, del ritmo de juego como uno de los principales aspectos a gobernar. Si bien ambas escuadras llegan a este nirvana de control de maneras diversas, la hoja de ruta primitiva bifurca las callejuelas a transitar por ambos bandos hasta disponer una vertiente común: el juego de la presión. La altura del rebatible calendario pre Mundial en que está encuadrada esta final provoca la irrupción del cansancio y el umbral de sacrificio como conceptos determinantes en esta batalla. Las plantillas saltarán al césped con la mayoría de sus piezas erosionadas en mayor o menor medida y, por ello, la subida o repliegue de las líneas de presión, herramienta de desgaste utilizada por ambos técnicos, representa una de las incógnitas principales. Entra en esta variable la capacidad de metamorfosis de estos equipos. No parece descabellado que el “Cholo” o “Carlettoelijan ciertas fases del partido para elevar la intensidad de la presión colectiva: quizá los arranques de partido y segundo acto son más propios para la mordedura física colchonera y el último tercio de final lo sería para los merengues, que cuentan con la ventaja del derroche rojiblanco en la pasada batalla de Barcelona.

¿Ganar el centro del campo con qué objetivo?

La respuesta a esta cuestión confluye, del lado de la ribera del Manzanares, hacia la búsqueda del ahogamiento en la salida de pelota rival con la consiguiente transición fulgurante de sus atacantes. El robo en la medular y salida puntiaguda constituye una de las principales bazas del vigente campeón de Liga. Además, Simeone usa este aspecto para dinamitar los partidos, para llevar el ritmo de juego hasta donde su equipo se encuentra en perfecta mimesis: la asfixia a oleadas. Para el recuerdo quedó guardado el primer cuarto de hora de la vuelta de los cuartos ante un Barça arrodillado, relegado al rezo para no verse arruinado en una ráfaga de llegadas a la que todavía buscan explicación científica. La psicología de manada con la que Diego Pablo ha revitalizado hasta el infinito a su vestuario se contagia de la sangre del oponente: si los contendientes gozan de una mayor calidad técnica y se gustan en el manejo de la pelota y las presión del Atlético hace mella provocando indecisiones, nervios e imprecisiones en la combinación técnica rival, se desata el martillo físico, capaz de tumbar a cualquiera. Manipular la confianza del oponente a través de la presión conlleva ganar presencia en la medular y, si completan el plan con combinaciones fulgurantes, el Atlético podría levantar su primera Copa de Europa por agotamiento.

Este aspecto también disfruta de relevancia capital en el plan con el que Ancelotti desembarcó en Chamartín. “Vamos a hacer un futbol ofensivo y espectacular”, clamó el transalpino, tanto para ahuyentar fantasmas de ortodoxia defensiva de cara a la tribuna, como para avisar a los suyos. El paso del tiempo, si bien no ha completado la intención de Ancelotti de mutar el bloque de Mourinho en una sinfonía de posesiones que obliguen al ¡oh! en la grada, ha generado un prototipo de equipo a medio camino entre el monopolio del ritmo que pretende el entrenador actual y el asesino virtuoso en la suerte del contraataque que dejó el gen inserto por Mou en el vestuario. En este punto de transición metafísica llega el Madrid a la ansiada antesala de la Décima, pero el manejo del centro del campo es capital para otorgar peso a los distribuidores en estático o lanzar a escena la verticalidad de Di María en el desborde, de Modric en el lanzamiento entre líneas o del tridente llamado a finalizar las jugadas. Y es que este Real Madrid ha convertido algo contradictorio sobre el papel en un elemento de coherencia irresistible: se puede controlar el ritmo de partido desde un centro del campo latente (cuando no, ausente). Ancelotti ha diseñado un sistema que, si bien se gusta con la pelota para frenar al rival contemporizar o potenciar la llegada de los laterales en estático -de este modo arrancaron el empate en el último enfrentamiento con su enemigo íntimo madrileño-, se maneja con maquiavélica comodidad replegado y volando en transición, con el uso de la medular relegada a una pared efervescente, un regate largo en banda o un solar sobre el que sobrevuela un lanzamiento a la espalda de la zaga rival. La omisión del centro del campo forma parte de la estratagema para dominar el ritmo del encuentro y, de nuevo, de la confianza del oponente.

En este segundo apartado de la importancia de ganar el centro del césped entroncan ambos contendientes, ya que el Atlético se ha condecorado, desde la llegada de Simeone, como uno de los exponentes destacados del repliegue como elemento ofensivo.


“Creo que el partido no va a depender de las individualidades, sino que ganará el mejor equipo”

Este es el diagnóstico que Carlo Ancelotti verbalizó en la previa de la final, comulgando con el discurso del “Cholo” tras haber ensamblado las voluntades y egos del vestuario madridista en pos del colectivo, con expresión absoluta en Munich. Sin embargo, uno de los argumentos por los que Madrid y Atlético protagonizan el histórico derbi de este 24 de mayo de 2014 es la riqueza multidisciplinar que ambos técnicos han elaborado a través de jugadas específicas, con nombres específicos, en el laboratorio cada instalación de entrenamiento.

De este modo, la presencia de Diego Costa no solo condiciona en sentido genérico la potencialidad goleadora de todo el equipo, sino que, en los instantes en los que el rival obliga a los colchoneros a sufrir, modifica también la salida accesoria de pelota diseñada por el “Cholo. Cuando el Atleti no encuentra el carril de Arda y Filipe o las ayudas de Gabi y Tiago a Juanfran para sacar la pelota de la cueva, Miranda y Godin adquieren el rol de pasadores hacia el cuerpo del lateral izquierdo o derecho contrario -dependiendo de los centímetros de los carrilleros oponentes-, donde se deja caer el delantero hispano-brasileño, con la intención de ganar la pugna con un futbolista sensiblemente menos corpulento y bajar el balón para la electricidad combinativa de Koke y Arda. Este salvoconducto ha constituido la principal herramienta de desahogo cuando cae la tormenta sobre la creación rojiblanca. Huelga incidir en la repercusión que tiene para el bloque de Simeone la ausencia del primer adalid de la presión y, a la vez, del elegido para estirar al equipo cuando se adhiere demasiado a su propia área en tareas defensivas.

Asimismo, el crecimiento en presencia de Tiago no resulta baladí. El luso ha ganado la partida a Mario Suárez en los encuentros en los que el Atlético se ha sabido capaz de dar un paso ofensivo hacia adelante. El portugués, bregador reconocido, ejecuta con la efectividad inherente a su clase técnica el pase a la espalda del extremo rival para aprovechar la incorporación de sus laterales, Juanfran y Filipe, convertidos en puñales en esa tesitura. De esta obra de arte de laboratorio puede dar fe Mourinho y Eden Hazard, enfrentados públicamente como víctimas de los balones en profundidad ideados por el “Cholo”. Este ajuste convirtió en finalista al Atlético en Stamford Bridge, tras el 0-0 cosechado en casa.

En las filas del club que actuará como local se observa la intención de Ancelotti de cargar de responsabilidad y desahogar a sus carrileros y extremos según la ocasión. Sin contemplar con tanta relevancia el rigor defensivo individual del lateral tapón rival de turno, “Carletto” entrega a la dupla Coentrao-Ronaldo el protagonismo en la salida de la pelota en estático para entregar una puñalada en banda contraria con una hectárea de terreno libre para Bale. Y viceversa, gracias al crecimiento inesperado de Carvajal. Esta doblez de estratega ha granjeado buena parte de los triunfos en plazas incómodas que el Madrid ha disfrutado en esta Liga de Campeones. En el último caso, el de Alemania, con mayor tono explícito, al modificar el sistema táctico y pegar, de manera definitiva a Bale a la banda para lanzar a Ronaldo y gozar del espacio para el mano a mano con el lateral del galés.

En este sentido, Ancelotti no se ha ruborizado por cambiar el sistema dependiendo de las exigencias táctico-físicas del contrincante de turno. El técnico doble campeón de Europa ha alternado, toda vez que ha hubo encontrado el equilibrio en su esquema, el 4-3-3 con Di María ejerciendo de interior todocampista, Modric en el papel de distribuidor adelantado y Alonso en el de tapón; el 4-3-3 con Di María como extremo e Isco o Illarra en la medular para asegurar una mayor posesión, en estático, y ajustar el repliegue y las ayudas de su extremo hacia el centro del campo y la posición de Conetrao; el 4-4-2 con Bale y Di María pegados a la cal tanto en facetas ofensivas como en el repliegue y coberturas ante la subida de sus propios laterales, en pos de tapar el peligro por banda del oponente y disfrutar de la potencia física del Fideo y el expreso galés; y el 3-5-2 con el que los merengues concluyeron algunos encuentros que se presentaban cuesta arriba en el marcador, generando una mayor presencia en el centro del campo con la incorporación continua de los laterales, buscando ensanchar el campo para dominar la posesión y otorgar de preponderancia a los estiletes interiores -Isco, Modric, Di María o Ronaldo-. Sin complejos, Ancelotti plantea dudas de posicionamiento al sistema rival según convenga ya que, tras una temporada de experiencia en la casa madridista, el italiano tiene bien claro el principal lastre de los suyos: la ruptura de líneas cuando se plantea la defensa. Es en base a esta riqueza de posibilidades sistémicas que la ausencia de Benzema podría provocar un conjunto de opciones divergentes casi inabarcables para una ajuste de ultima hora rival.

Así pues, parece tan descartado que Pepe suba al centro del campo para reforzar la medular tras la ausencia de Alonso -sin despejar del todo la opción de Casemiro en este rol de taponador, ya que la presencia de Illarra no completa la necesidad defensiva de esa plaza en el esquema- y otorgar de cierta libertad a Di María, como que Arda Turán y Diego Costa ejerzan con su habitual fragor la faceta intensa en la presión que vienen desempeñando esta temporada, por exclusiva exigencia física. El balón parado, conocido por todas las víctimas, jugará un papel importante -las consecuencias de las fisuras en la concentración decidirá si el papel sea definitivo-, y suma, otra variante más, en el entramado de especificidades que se han trabajado en Majadaonda y Valdevebas por esto dos excelsos estrategas que han conducido a Madrid hasta ser considerada capital mundial del fútbol.

Lugares comunes como la capacidad de sufrimiento, la inteligencia para saber cuándo hay que padecer y cuándo morder, la obligatoriedad de mantener la concentración individual los 90 minutos para que por la ocupada por un jugador no haya una fuga que resulte decisiva, o el valor de la inspiración de los dos colosos que defenderán las porterías, guardan un lugar destacado en el desarrollo del partido. No por obvios cabe el olvido, ya que, con la defensa más o menos adelantada, con mayor o menor esfuerzo físico en la presión, los Real Madrid-Atlético desde que el proyecto de Simeone tomara cuerpo se deciden por acciones concretas. Cada balón se pelea y se penaliza el fallo de manera feroz. La tensión, agresividad mal o bien entendida y la fortaleza psíquica para sobreponerse a los golpes -físicos y morales- pertenecen ya al acervo de los derbis madrileños. Imagínense hasta que cotas han de llevar los gladiadores de Lisboa estas variables cuando hay una Copa de Europa sobre la mesa. Historia revolucionaria desde los banquillos y gloria legendaria desde el césped, con el balompié español aposentado, de nuevo, en la cima del fútbol. De nuevo expectante a que el planeta admire su nuevo hito.
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