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Italia: la grande victoria de Renzi

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
En unas elecciones europeas marcadas por el avance de los partidos euroescépticos y el castigo a los Gobiernos nacionales, Matteo Renzi consigue un importante resultado electoral, una “victoria histórica” de gran alcance comparable con la de Democracia Cristiana de De Gasperi en los años cincuenta. El presidente del Gobierno italiano había cargado estas elecciones europeas de un contenido nacional, un referéndum entorno a su liderazgo –en el país y dentro del partido-, en el que desafiaba abiertamente a Beppe Grillo: le ha salido bien la arriesgada apuesta, obteniendo una victoria sorprendente. En realidad, no asombra que haya ganado, sino la magnitud, la abismal diferencia entre el Partido Democrático (PD) y el Movimento 5 Stelle (M5S). En unas elecciones que sellan el declive de Berlusconi –y los últimos coletazos nerviosos del berlusconismo-, Renzi había arriesgado mucho, prometiendo –y vendiendo- reformas y cambios. Sus promesas parecen haber convencido a la clase media italiana que había abandonado el PD en 2013 y ha conseguido cortejar a la península entera, incluso al arduo Norte del país, presentando una atractiva oferta política, una izquierda reformista.

El M5S sigue siendo la segunda fuerza política del país: su asalto al Palacio no ha funcionado y no sólo no ha conseguido el sorpasso (adelantamiento) sino que ahora muchos cuestionan su fuerza de ruptura. Ha perdido muchos votos por culpa de errores políticos y estratégicos. En diferentes ocasiones, le he reprochado la falta de propuestas y el abuso de los insultos –a los que obviamente no he sido inmune-, el haber impostado una campaña electoral en la denigración constante del adversario, sin mencionar Europa o explicar la exit strategy del euro. Es evidente que el Movimiento se siente más cómodo en la postura anti-sistema, de ruptura, sin comprender que si es cierto que hace unos años sus planteamientos gustaron por su intrínseca novedad, ahora ya parece un “falso nuevo” o un “usado no tan seguro”. Grillo y sus fieles y repetitivos secuaces han perdido esmalte y confundido los “me gusta” y el “retwittear” con los votos. Esta vez han llenado las plazas y los foros en internet pero no las urnas y los indecisos han preferido el mensaje esperanzador de Renzi al grito de terror y pesimismo de Grillo. Es probable que un parte de su electorado haya vuelto a votar PD, mientras que otra habrá preferido abstenerse: estas decisiones han sido determinadas también por la actitud del movimiento respecto a los llamados disidentes, los tonos exasperados de su campaña y, sobre todo, su presunta “pureza” y superioridad moral que le ha impedido negociar con el Pd, incluso cuando este abordaba temas propuestos por el propio M5S (como en el caso de la financiación pública de los partidos). El grillismo se está mostrando como un termómetro de la crisis, un factor capaz de detectar los fallos del sistema, pero no su solución.

Por su parte, Renzi no podía esperar mejor bautismo político, encontrando en estas elecciones la legitimación que tanto buscaba. Pese al abstencionismo –en la media Europea, aunque alto para Italia-, más de 11 millones de italianos le han concedido la confianza que pedía. Y aunque es cierto que muchos italianos le han votado como “mal menor” o intento de contener a los anti-europeístas, el premier cuenta con los números necesarios para emprender las prometidas reformas estructurales. Renzi ha prometido estabilidad y cambio –indefinida la entidad de este último-, consiguiendo sacar el máximo provecho de los excesos de Grillo y de la inconsistencia del excavaliere: el éxito paradójico de unas elecciones que parecían una peligrosa incógnita es el fortalecimiento de su persona. Una victoria superior a las previsiones que representa una especie de “crédito” personal que los italianos han entregado al joven Primer Ministro. Muchos han considerado preferible arriesgar con Renzi que provocar el caos grillino. En 80 días, el ex alcalde de Florencia ha conseguido que la gente se olvidara de su puñalada a Enrico Letta y le viera como un político activo y lejano de la odiosa nomenclatura partidista. En medio del ocaso de Berlusconi y ante la demanda de un nuevo centro derecha moderno y moderado, nace un nuevo bipolarismo, aunque de momento marcadamente favorable al PD.

Estas elecciones europeas puede que hayan servido para aclarar el destino de Italia, entregando las llaves del país a Renzi. Cabía esperar una victoria del actual mandatario, pero nadie se auguraba que pudiera obtener más del 40% de los votos, casi el doble de sus rivales. Se trata de un consenso enorme, determinado por una serie factores: su capacidad de encarnar en una manera soft y paulatina el deseo de cambio de muchos italianos; su imagen joven y distante de la reciente historia de la izquierda italiana; su habilidad para tratar a los medios de comunicación y su retórica esperanzadora. Renzi ha prometido mucho –probablemente demasiado- obteniendo a cambio una gran victoria político-electoral. Esto conlleva una gran responsabilidad: ahora Renzi no tiene excusas, cuenta con la posibilidad de reformar el país, aplicar el afortunado eslogan de que la esperanza puede ser más fuerte que la rabia. Ha conseguido seducir a un electorado transversal harto de una anquilosada clase política: por esa razón, debe actuar con cuidado, ya que se trata de un voto volátil, de unos electores que se han mostrado dispuestos a darle su confianza a cambio de la renovación del país, creyendo en una oferta política atractiva. Ahora, le piden reformas, mayor coraje y un renovado impulso de la economía. Finalmente, el espectacular resultado debe convertirse no sólo en energía positiva para cambiar el país, sino también para reformar Europa, contrarrestar la marea eurofóbica y, desde la próxima presidencia italiana de la Unión Europea -1 de julio- impulsar un decisivo cambio de rumbo de las políticas comunitarias. Puede ser la enésima ocasión perdida o, mejor para todos, el inicio del cambio.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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