www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

De cómo me conquistó “Rojo perla”, de Jesús Pardo

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Aún no he tenido la ocasión – que imagino interesante como pocas – de conocer en persona al escritor cántabro Jesús Pardo. Sin embargo, después de la lectura de su última novela, publicada por El Desvelo Ediciones, ya me confieso por completo conquistada. No sólo como consecuencia de haber devorado con deleite “Rojo perla”, sino, también, por todo lo que sobre su autor he leído en las diferentes reseñas o artículos que han ido apareciendo en los diferentes medios a lo largo de su extensa carrera. Una de las cosas que más me ha cautivado, ha sido la autenticidad inteligente de las respuestas que Pardo siempre da a sus diferentes entrevistadores. Esa pasión sin ínfulas, como quitándose cualquier tipo de importancia que otros pudieran querer atribuirle, con la que contesta a las curiosidades más habituales que a todos nos asaltan, después de habernos quitado el sombrero nada más terminar una novela. ¿De dónde han venido los personajes, qué inspiró la historia, cuándo decidió escribirla? Preguntas cuyas respuestas no siempre están tan claras como, a lo mejor, le gustaría al lector o a quien realiza la entrevista. A no ser que, como en el caso de Pardo, se trate de un escritor que nunca ha llevado máscara, sin nada que esconder. Al contrario, lo que tiene Pardo es un millón de cosas que contar, y las cuenta de maravilla.

En todo caso, que un lector se vea seducido por ese ente, a veces abstracto, que es un escritor - a quien, quizás, ni siquiera se ha puesto aún una cara -, es, en esencia, la gran magia de la literatura. Ese extraño poder, más bien propio de hechiceros, que tienen algunos escritores para conquistar al lector a distancia. Sin haberlo visto antes; probablemente, sin que jamás lleguen a encontrarse. El don de seducir sin remedio a quien está leyendo su libro, a base de frases geniales de ritmo irresistible, párrafos que invitan a releerse una y cien veces, historias que enganchan hasta convertirte en su esclavo, obligándote a robar segundos a los minutos y minutos a las horas. A mantenerte despierto “sólo hasta el final de este capítulo”, aunque la razón lleve un buen rato gritándote que ya es hora de apagar la luz de la mesilla. En definitiva, ya estás en sus manos. Mejor dicho, en sus páginas, y harás lo que sea, con tal de seguir adentrándote en ese mundo de ficción donde habitan unos personajes que pasarán, desde entonces, a formar parte de tu vida. Por eso, existen los llamados “lectores de feria”. Aquellos que, una vez encandilados por las palabras, quieren conocer, por fin, a quien las escribió, tenerle de frente, estrecharle la mano y llevarse, cómo no, una especial dedicatoria. De modo que la mayor parte de las lecturas para el próximo año de esta categoría de apasionados y curiosos lectores, saldrá de las casetas de ferias del libro como la de Madrid, a punto de inaugurarse.

Jesús Pardo no faltará a tan importante cita en El Retiro. A sus 87 años, ya está corrigiendo su próxima novela, aunque a “Rojo perla” le quede todavía mucho recorrido. En realidad, su trayecto acaba de empezar y les aseguro que el viaje de su protagonista, Alberto Mediavilla Quincoces, merece la pena. Hijo único de una acomodada familia santanderina venida a menos que, a causa del desaforado ritmo de gastos del cabeza de familia tuvo que vender el piso familiar “y mudarse, primero, a otro más pequeño, y después a otro que todavía lo era más”, Mediavilla es todo un lujo de personaje. Con fama de cínico ya desde pequeño, “aunque en su caso se tratase más bien de una preparación instintiva para la soledad que él mismo iba a provocarse”, lo que más le gustaba era leer. Sin que, por el contrario, le tentara nunca escribir. “Y, ciertamente, nunca escribió nada, a pesar del peligro que la agrafía vitalicia encierra”. Porque, como el propio Mediavilla explica: “Acumulando en tu mente tantísimas vivencias y tantísima cultura, sin poder descargarla en papel, lo único que consigues es que el día menos pensado te reviente el cerebro, y entonces sí que quedas muerto, por vivo que sigas en apariencia”.

Pardo, que no cree posible la ficción pura, asegura que Mediavilla – periodista de agencia, en España y en el extranjero, igual que su “inventor” – no es enteramente él, sino que es él en una parte. “Luego al final va creciendo y tiene su originalidad, pero tampoco entera cien por cien”, asegura el veterano escritor cuando se le pregunta por el protagonista, quien - también igual que su creador - deja Santander para buscar una nueva vida en la capital. “El puerto de Santander siempre tentaba a Alberto a acercarse y curiosear: tanto era el tráfico naval de la ciudad, que constantemente había allí cosas nuevas. El mar, con sus ondulantes secretos, le fascinaba y llenaba sus sueños e incluso sus ilusiones; en cierto modo, se decía él, el mar era como Madrid: una caja de sorpresas”. No parece que la soledad y la avidez de sorpresas sean, en principio, los mejores ingredientes para conseguir una buena receta que permita vivir en paz y, por eso, Mediavilla se pasará una parte de su vida buscándose a sí mismo, a través de una obsesiva búsqueda de la mujer perfecta. Hasta que se da cuenta de que la mayoría de ellas se han reído de él, incluso humillándole, y cae en desgracia no sólo a nivel personal, sino también profesional.

Este es, sin duda, el momento en el que más necesita el personaje un golpe de suerte. Más bien, un gran batacazo. Y le llega, por fin, en forma de fortuna heredada. Con los bolsillos bien repletos, su objetivo será entonces vengarse de aquellas mujeres que tan mal lo trataron cuando no tenía un chavo y, más tarde, viajar a Jerusalén en coche para hablar con Dios y explicarle qué ha pasado. En realidad, todas son excusas de quien no sabe muy bien lo que realmente busca en la vida. Ni siquiera qué demonios hacer con ella. Por eso, para su autor, “Rojo perla” es, en definitiva, buscar lo que no hay, intentar encontrar algo en la nada: ”¿Cómo vas a encontrar el color rojo en una perla si no lo tiene?”. Y, sin embargo, el mundo está lleno de personas que malgastan la vida, frustrados porque no encuentran lo que ellos creen que tanto necesitan. Jesús Pardo recrea, además, la sociedad santanderina y madrileña de posguerra. Lo hace con un lenguaje exquisito, una narrativa con garra, jugando más con la acción que con superfluas florituras. Le viene, según afirma él mismo, de lo que aprendió del periodismo: que si una cosa se puede decir en tres palabras, no hay porque decirla en siete. Su etapa de periodista le enseñó a no perder el tiempo con divagaciones. “Eso sí”, advierte, “tienes que ser claro, tienen que entenderte”. A Pardo no sólo se le entiende su particular estilo narrativo; su novela Rojo perla, además, se saborea. Permítanme, para finalizar, que les abra, aún más, el apetito con otro párrafo de la misma: “Mucho solazaba a Lola el incurable optimismo de Albertito. Nada, por negro que fuese, podía con él. En todo mal vislumbraba atisbos de bien, y en esto sí que era como su marido de los primeros años; hasta tal punto acabó reconciliándose póstumamente con éste, e incluso concibió en su ánimo vagas esperanzas de reanudar ambos su vida conyugal en el otro mundo”.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios