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Gervasio Sánchez: "Es más peligroso trabajar en las secciones locales de un periódico que en una guerra"

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) recibió este lunes el Premio Bartolomé Ros, que reconoce "su fotografía humanista, su compromiso ético y profesional con los conflictos de nuestro tiempo y su impulso a la promoción del fotoperiodismo", según el jurado del galardón que le ha sido entregado en el marco de PhotoEspaña 2014.
- Tiene ya experiencia en esto de recibir premios… ¿qué significan para usted estos reconocimientos a su trabajo? Me sirve de energía pura. Que te den un premio como el Bartolomé Ros, cuya lista de premiados conozco perfectamente y reúne a la gente que más me apasiona del mundo de la fotografía, es algo que me llena de grandes estímulos y me permite seguir trabajando a pesar de que ya soy bastante mayor. - ¿Qué diría que hay que tener para ser fotoperiodista en zonas de conflicto? Creo que las cualidades de un fotógrafo o de un periodista han de ser las mismas trabajes en una zona de conflicto o al lado de tu casa. De hecho, es mucho más peligroso trabajar en las secciones locales de un periódico que en una guerra, porque es ahí donde se producen las verdaderas censuras. Si yo titulo ‘Karzai es un corrupto’ o ‘Gadafi es un asesino’, nadie me lo toca, pero, ¿alguien se atreve a decir ‘Botín es un corrupto’? Te cuesta el cargo. Pero uno debe de estar armado de valores y de principios que le sirvan para decir ‘no’ desde el primer minuto de la carrera. Lo primero que hay que aprender en esta profesión es a decir ‘no’ a las entrevistas pactadas, a las informaciones que sirven para lavar la imagen de las empresas, a esconder informaciones críticas con los intereses mediáticos y ‘no’ a renunciar al periodismo de investigación. Las razones son las mismas trabajes donde trabajes: creer en esta profesión, que para mí es el oficio más bonito del mundo y que un montón de gente se está cargando.
- Ha demostrado en más de una ocasión que aprendió en la carrera a decir que 'no'. Su discurso en 2008, cuando recogió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo, causó un gran revuelo al acusar al Gobierno de Zapatero de vender armas a países en conflicto al mismo tiempo que predicaba políticas de paz... No sé porqué se sorprendió tanto la gente de aquel discurso. Llevo preparando discursos desde el año 93 y en estos quince años, cada vez que he recogido un premio, mis intervenciones han sido parecidas. Entiendo que aquella vez la diferencia es que estaba delante toda la gente de PRISA, la vicepresidenta del Gobierno, ministros hasta de la época de Felipe González, el presidente del Senado y el del Congreso, el presidente de la Comunidad de Madrid, el Alcalde de Madrid… estaban todos. El único que faltó fue, desgraciadamente, Zapatero. Si hubiera estado, hubiera roto el protocolo porque tenía una parte del discurso dirigida directa y exclusivamente a él. Evidentemente es algo que sólo le diré cuando algún día me lo encuentre de frente. - En los mismos premios, este año Pérez-Reverte también ha levantado ampollas con su discurso sobre el papel y la situación de los medios. ¿Cree que existe hoy prensa verdaderamente libre? Los medios han dejado de vigilar al poder para convertirse en sus mejores amigos. Las relaciones impúdicas entre el poder mediático y los poderes políticos y económicos han superado todos los límites. El último ejemplo, en las elecciones europeas. El País, hace tres semanas, el día 8 de mayo, llevaba en portada un titular que decía: ‘El bipartidismo vuelve con fuerza’. El director, que acaba de ser nombrado, tenía que haberse ido a la calle por ese titular vergonzoso. No se enteran de nada porque están todo el día arramblados al poder, no se embarran los pies. En muchas secciones de los periódicos no salen a la calle a ver lo que está pasando. Se hace creer que es más importante entrevistar a Rubalcaba, que es un cadáver político desde hace mucho tiempo, o a la Señora Cospedal, que aparte de estar muy cerca de la corrupción no tiene nada que decir, que hablar con la gente de la calle. El periodismo ha dejado de existir porque los periodistas se han marcado una aventura peligrosísima, un acto de obscenidad absoluta: meterse en la cama con el poder político y el poder económico. - A partir del caso Gürtel o del Noós y los papeles de Bárcenas, ¿cree que se ha transmitido la sensación de que los medios sí destapan la corrupción? Hace cinco ninguno de esos medios se hubiera atrevido a decirle nada a Blesa, por ejemplo, y entonces ya era un corrupto. ¿Nadie sabía lo que estaba pasando en Caja Madrid? ¿No lo sabían los jueces, ni los partidos políticos que tenían gente ahí? ¿No lo sabía El Mundo, El País o ABC? Todo lo que se está destapando ahora pasó hace años. Yo quiero saber la corrupción actual, ¿quién me la cuenta? Lo que se está contando no es resultado de una investigación periodística sino de un trámite de dosieres: es gente que se está vengando de otra gente pasándole información a la prensa. El periodismo de investigación no existe en España. - Hace poco ha denunciado la doble moral de El País en su última exclusiva sobre el maltrato a prisioneros en Irak por parte de soldados españoles cuando en otros momentos, según asegura, han tapado episodios similares. ¿Nos enteramos los ciudadanos de menos de la mitad de lo que pasa? Bueno, hablo de El País, pero estoy hablando de todos los medios. Aún creo El País es el menos malo de los periódicos, pero cuando estaba en la Universidad iba corriendo al quiosco a comprarlo y ahora no doy ni dos pasos por ir a por él. La clave está en que los periódicos han dejado de hacer su trabajo. Y por eso tenemos los periodistas la peor imagen pública de la sociedad española, ganando sólo a los políticos. Esto muy triste. ¿Cómo asumo esto en mi mente cuando mis mejores amigos han muerto, están heridos o sufren estrés postraumático ejerciendo el periodismo con mayúsculas? Mientras, una pandilla de golfos se han situado en los medios, han hecho lo que les ha dado la gana, han robado lo que han querido, los han hundido y se han seguido forrando. - ¿Por eso no se ha atado nunca a un medio en particular? Bueno, tengo una relación muy estrecha con El Heraldo de Aragón desde hace veintisiete años, entre otras cosas porque me dejan libertad absoluta para hacer mis temas como quiero hacerlos. Es una colaboración muy digna y decente porque yo no cobro las barbaridades que cobran los directivos, que son los que además están hundiendo a los medios. Trabajo con ellos porque jamás me han tocado una línea. He publicado en El Heraldo cosas que jamás me hubieran publicado en cualquier diario de Madrid. Yo soy muy fiel. Veintinueve años y medio con mi mujer son un buen ejemplo, y si dejo de trabajar con un medio es porque me ha maltratado. Con los medios que sigo trabajando, El Heraldo de Aragón, La Ser y La Vanguardia, es porque me respetan. He dejado de colaborar con medios de referencia porque no lo hacían. Cuando hago un proyecto también intento relacionarme con la gente que me apoyó cuando era menos conocido, cuando era mucho más difícil que nadie te apoyara.
- Vivió muy de cerca el secuestro y puesta en libertad de Javier Espinosa y Ricardo García Vilanova en Siria. ¿Cree que desde un medio de comunicación pueden llegar a explotarse, de algún modo, este tipo de experiencias traumáticas? Creo que pasó un mes largo hasta que publicaron algo de Javier en El Mundo después del secuestro. Estuvo mucho tiempo descansando antes de volver al trabajo, ahora va a tener dos meses de vacaciones y va a cambiar de corresponsalía, se va a Bangkok a últimos de agosto, así que creo que El Mundo se ha portado muy bien en este sentido. Sí que es muy criticable lo que hizo en el año 99, cuando secuestraron a Javier en Sierra Leona, y El Mundo le obligó a escribir sobre el secuestro 48 horas después de ser liberado. Eso sí que fue patético. Pero en este caso tengo que decir que tanto el periódico como el Gobierno se han portado de puta madre. Y voy a poner un ejemplo que sabe poca gente: El Mundo le ha dado un trato a Ricardo García Vilanova muy similar al que le ha dado a Javier: el mismo coche, el coste de los viajes, el mismo hospital pagado por el periódico… y él nunca ha trabajado para El Mundo. De ese periódico se pueden criticar mil cosas, pero cuando lo hace bien también hay que decirlo, y en este sentido yo no hubiera permitido que se hubiera hecho de otra forma, que hubiera pasado cualquier cosa indecente, y no decir nada. - Viendo casos como el de Espinosa y García Vilanova, o peores… ¿Cómo se lidia con el miedo? Los periodistas que vamos a las zonas de conflicto contamos con una cierta experiencia y tenemos presente lo que puede pasar. Cuando voy a un sitio complicado, evidentemente voy a evitar por todos los medios que me pase algo, pero sé que me puede pasar: sé que me puede matar una bomba, que puedo acabar herido o secuestrado… Los españoles que trabajamos en esas zonas somos, por lo general, periodistas muy curtidos y estamos preparados para este tipo de situaciones. Eso no significa que no te vaya a pasar nada, pero sí que tenemos presentes los riesgos y sabemos que a veces es más valiente tomar la decisión de dar marcha atrás que tirar para adelante y jugarte la vida como un irresponsable. Siempre te acuerdas, claro, de que muchos de tus amigos están muertos. Este año se cumplen veinticinco años del asesinato de Juantxu (Rodríguez) en Panamá y ya hace diez del de Ricardo Ortega en Haití. ¿Cómo no acordarse de Couso, Anguita, Julio Fuentes…? Y estoy hablando sólo de los españoles que cubren corresponsalías, hay que pensar también en los periodistas locales en Colombia, México o Irak que se han cargado. - Sí hace balance de tu carrera hasta ahora, ¿cuál ha sido el momento más duro y cuál el más gratificante? Es difícil comparar unas cosas con otras porque al final parece que haces una división de conflictos. Pero es cierto que para las personas que estuvimos allí en el 94, Ruanda ha sido nuestro corazón de las tinieblas. Entre abril y octubre del 94, con el genocidio de los tutsi al principio y después la epidemia de cólera en Goma, fue la hostia. Aunque también he vivido muchos momentos duros en los Balcanes, en Irak, en Afganistán… en muchos sitios. Los momentos más gratificantes son esos en los que ves que gente que ha estado muy jodida ha mejorado su vida de alguna forma. Por ejemplo, con Vidas minadas, que es un proyecto en el que he trabajado tantos años con víctimas de vidas anti-persona, he visto cómo personas que han estado entre la vida y la muerte acaban superando el horror y la violencia de quedar amputados, pasan de niños a adolescentes y luego a adultos, tienen hijos… viven. Eso es realmente lo que más fuerza da, ver cómo se puede convertir una historia negativa en positiva, como en la fotografía: hacer de un negativo un positivo.
- ¿Qué foto de la historia del mundo le hubiera gustado hacer? A mí me hubiera gustado ser Goya y haber hecho Los desastres de la guerra. Goya es para mí el primer fotoperiodista y estoy seguro de que si a día de hoy siguiera vivo, esta sería su profesión. Me parece fascinante que un hombre sordo, con casi setenta años, consiguiera viajar de Madrid a Zaragoza en el periodo entre los dos sitios que sufrió la ciudad aragonesa durante la Guerra de la Independencia, untarse del dolor y, a partir de él, hacer en cinco años Los desastres de la Guerra, entre 1810 y 1815. Para mí él es la representación de lo que es el artista: vinculado a su historia, comprometido con su mundo, con lo que pasaba a su alrededor. - Es muy activo en Twitter. ¿Cómo cree ha influido la irrupción de las redes sociales en el periodismo, sobre todo en este momento de letargo de la profesión que señalaba? Yo he llegado tarde a todo esto, la verdad, creo que soy el último en entrar en Twitter, y lo veo como una buena herramienta para poner tus artículos y hacer comentarios. Además, sirve para entrenar la cabeza: si eres capaz de meter en diez minutos diez buenas reflexiones de 140 caracteres, el cerebro se prepara para el momento de escribir un artículo. Hay muchas citas históricas de 140 caracteres o menos; hace miles de años Séneca o Heródoto pensaban ya para Twitter. Pero creer que tener redes sociales es tener mejor información es un error. - ¿Puede llegar a sacrificarse la calidad en pos de la inmediatez? Hay periodistas tan estúpidos que están en un sitio, en el que están solamente ellos, se ponen a escribir en Twitter y te adelantan cosas que restan impacto al artículo que se van a trabajar luego. Hay gente que está más pendiente de meterlo en Twitter para que lo vea la gente que de hacer una buena pieza. Primero, escribe un artículo de puta y madre y luego, si te sobran diez minutos, te metes en Twitter a ‘marranear’. Hay gente que está obsesionada con esto. Me gusta mucho como lo hace, por ejemplo Pérez-Reverte, se mete un rato los domingos, empieza a dar unas hostias que te cagas y la gente a la que le va la marcha le sigue.
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