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Democracia vs partitocracia-plutocracia y demagogia

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Se suele afirmar que la democracia es el menos malo de los regímenes políticos. Desde luego tiene sus deficiencias y límites, pero todavía no se ha inventado nada mejor. Por lo tanto parece lo más sensato tratar de mejorarla y sobre todo mantenerla. Para ello es preciso tener presentes los habituales peligros que la acechan.

Es obvio que el más claro es su desaparición frente a una dictadura. Parece raro que eso hoy pueda suceder en las democracias occidentales más consolidadas. Sin embargo, sí que es muy creíble la probabilidad de que nuestras democracias pierdan importantes cotas de calidad. Ya los clásicos trataron este tema de los peligros y degeneraciones de los diferentes regímenes políticos. Platón apuntaba de cómo los buenos regímenes de uno (monarquía), varios gobernantes (aristocracia) o el propio pueblo (democracia), podían degenerar respectivamente, y siguiendo el criterio numérico, en tiranía, oligarquía y demagogia.

En estos últimos años en Europa occidental -y en España más acentuado si cabe- asistimos a un muy preocupante fenómeno de pérdida de calidad democrática. Podríamos sintetizar la cuestión en que, en nuestros regímenes democráticos, los partidos políticos asumen demasiado poder en detrimento de otras instituciones que les equilibran (poder judicial, medios de comunicación, funcionariado, sector empresarial, etc.), lo cual supone una peligrosa degeneración de la democracia en partitocracia, con la desesperanza y desilusión que esto motiva en los ciudadanos, que no se sienten representados por su clase política. A esto habría que añadir los casos de corrupción en las altas esferas de nuestra vida pública, mientras con la actual crisis la ciudadanía se ha empobrecido considerablemente, hay una percepción de que determinados círculos de poder financiero y empresarial conviven demasiado cerca del poder político, para enriquecimiento de ambos, con el evidente riesgo de que nuestra democracia degenere en plutocracia. Existe pues una oligarquía político-económico-financiera que dirige el país, al margen de los intereses de los ciudadanos, que cada día pierden más derechos y calidad de vida.

Frente a este peligroso caldo de cultivo, el nacimiento de la demagogia no suele tardan en aparecer. Un pueblo castigado, harto y desilusionado puede acabar comprando cualquier mensaje fácil y esperanzador que parezca solucionar todos sus problemas. En este sentido en Europa están proliferando dos tipos de populismos preocupantes que habrá que tener muy presentes. De un lado un populismo más bien conservador y con tintes xenófobos que prolifera en el centro y norte de Europa, siendo su principal ejemplo Francia, pero también avanzando en el Reino Unido, Austria y otros países del Norte. Por el contrario, en el sur de Europa, se está dando otro populismo de corte más izquierdista incluso bolivariano, con inquietantes tintes antisistema y asambleario como en Grecia, Italia o España.

Creo que todos debemos de estar muy atentos al delicado momento político que nuestras democracias están viviendo. Es tiempo de responsabilidad, prudencia, grandeza y claridad de ideas. Los ciudadanos están cansados de sus representantes políticos, no creen en ellos. Es el momento de dar ejemplo, de decirle la verdad a la gente, de regenerar nuestra vida pública con personas honestas y preparadas que vivan para la política y no de la política. Una de las ideas claves es la responsabilidad, tanto de representantes como de representados, pues también el ciudadano debe saber a quién vota y en quién deposita su confianza.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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