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publica novela: [i]RECUÉRDAME QUE TE ODIE[/i]

Álex de la Iglesia: "Hacer cine es como estar en calzoncillos delante de todo el mundo"

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
El cineasta Álex de la Iglesia presenta su segunda novela, Recuérdame que te odie, y estará este fin de semana firmando ejemplares en la Feria del Libro.
Disparatado, barroco, frenético y personal. Aunque el cineasta Álex de la Iglesia le ha declarado la guerra a las etiquetas, no puede evitar imprimir un sello inconfundible en cada uno de sus trabajos en la gran pantalla. Incluso cuando saca los pies del tiesto y flirtea con la literatura. Ya lo hizo en su bautizo como novelista en 1997 con Payasos en la lavadora y ahora vuelve a la carga con Recuérdame que te odie (Planeta), su segunda ficción en papel publicada este martes y que durante el fin de semana se presentará en sociedad con varias firmas en la Feria del Libro: el sábado por la mañana en la caseta 150 y el domingo, a partir del medio día en la 32, y ya por la tarde en la 111). En Recuérdame que te odie, De la Iglesia narra con la voz de Rubén Ondarra, un neurasténico, irritable y tremendamente perdido editor que ha perdido la pista del brillante dibujante de cómics Bruno Kosowski, cuando el plazo de entrega de su último trabajo ha expirado y después de haber cobrado el adelanto de la editorial. A través de las pistas que recoge en la casa del dibujante, entre ellas el misterioso grabado de Durero Melancolía 1, Rubén emprenderá un viaje de búsqueda por el Madrid más demente para intentar hacer encajar todas las piezas del rompecabezas. Según bromeó De la Iglesia durante la presentación de la novela a la prensa, el personaje es "una selección de" sus "peores momentos y equivocaciones" y el recorrido que emprende y que termina convirtiéndose en un viaje interior, a las "zonas oscuras de su cabeza", es paralelo al del propio autor durante el proceso de creación. "Lo que motiva la escritura es preguntarte quien eres, mientras escribes descubres pistas que te ayudan a entenderte mejor", aseguró. Recuérdame que te odie surge de manera similar a su primera incursión en la literatura, aquella durante la búsqueda de financiación de la ya icónica El día de la bestia; esta, en la posproducción de su último trabajo estrenado, Las brujas de Zugarramurdi y como alternativa a "volverse loco" en las horas de un insomnio madurado con los años. "No soy escritor, soy cineasta", afirma De la Iglesia, aunque asegura que nunca ha pensado en este texto como en una película y reconoce sentir la "necesidad de contar de otra forma", sin la necesidad de acción y visualidad que se exige a sí mismo en sus películas y con una "libertad absoluta" que el cine no permite en la misma medida. Claro está, el Álex cineasta no descansa ante el esporádico Álex escritor. Con un documental sobre el futbolista argentino Leo Messi recién terminado, el realizador adelanta que está escribiendo un musical, "pero no como os imagináis, sino como una comedia que promete ser muy, muy divertida". Mientras , las realidades más mundanas del siglo XXI, como los Starbucks, el reggaetón o los Risketos, se convierten en fetiches literarios en Recuérdame que te odie, motores de filosofía contemporánea con el humor como Dios y, como meta, hacer pasar el lector "un buen rato". El cineasta charló con El Imparcial sobre literatura, cine, comedia e industria.
Dicen de esta novela que es "sorprendente, trepidante y genial" y está sustentada sobre el personaje-narrador. ¿Qué decir de Rubén Ondarra? Lo divertido del personaje es que es un tipo que ha vivido un momento cultural fascinante en los ochenta y ahora está como descolocado. No se encuentra a sí mismo, no sabe cómo llevar su vida y él mismo dice que ya nada le emociona. Admira muchísimo a ese personaje que ha desaparecido, al dibujante de cómic Bruno Kosowski, y también le odia. Este tipo ha cobrado ya un adelanto del tebeo que se supone que está haciendo y se ha perdido, no sabe dónde está. Primero se echa la culpa a sí mismo, luego piensa que se está vengando de él y por último hay un momento concreto en el que se vuelve loco porque cree que también ha estado con su novia. La historia cuenta cómo intenta encontrarle a través de una especie de viaje alucinante, en el que va descubriendo cosas que cree que le remiten directamente a él, piensa que todo forma parte de un plan, que el otro le ha ido dejando pistas para que lo encuentre. En el libro se contrapone al artista ‘loco’, creador tan brillante como indisciplinado, con los plazos y responsabilidades de la industria, una editorial en este caso. ¿Crees que este choque es un problema recurrente en las llamadas industrias culturales, en el hecho de industrializar la cultura o el arte? No, todo lo contrario. Para que la cultura exista, tiene que ser rentable, tiene que formar parte de una industria y poder comprarse y venderse para que la gente que se dedica al sector cultural pueda vivir de ello. Todos disfrutamos con las películas o con las novelas, y eso tiene que favorecer de alguna manera la existencia de gente que se dedique a ello. Si dejamos que el producto industrial se convierta en algo que no sea un negocio, pasará a ser ocio y terminará siendo un hobby, y eso creo que sería perjudicial para la existencia misma de la cultura. Dices que el proceso de creación, ya sea de una novela o de una película, siempre es un proceso de conocimiento de uno mismo. ¿Qué has descubierto de Álex de la Iglesia mientras gestabas Recuérdame que te odie? Como el personaje protagonista, yo también soy desordenado y caótico, y he descubierto que necesito tiempo para ordenar mi cabeza, precisamente para poder contar después una historia tan desordenada como esta. Debajo de toda esta locura del personaje hay un pensamiento ordenado, ordenado hacia ese desorden. Incluso el caos tiene que ser ordenado, tienes que estructurarlo. Aunque has ambientado tus historias en distintos rincones de España e incluso del extranjero, siempre encuentras el momento de volver a Madrid, que en esta novela es casi un protagonista… Es que Madrid es un ejemplo de ese caos. Me ha costado llegar hasta aquí porque había una huelga de taxis, probablemente justificada. Madrid es una ciudad profundamente caótica y por eso era el lugar idóneo para colocar esta novela. Madrid para mí es un sitio apasionante y a la vez obsesivo. Casi todo lo bueno tiene dos elementos contrapuestos: por un lado nos resulta fascinante y por otro lado, repelente. Lo que te gusta te tiene que dar miedo también. Si no hay un riesgo o un peligro, las cosas no tienen interés. Es como cuando deseas una cosa: en el momento en que la tienes, ya no la puedes desear. Creo que nada debe ser tuyo total. Esta semana ha saltado a los medios la alarmante situación de la Madrid Film Comission, el organismo público encargado de promocionar la ciudad como macro-plató para rodajes. ¿Cómo valoras que una iniciativa de este tipo se caiga? Creo que es un ejemplo más de cómo, no solamente el cine, sino la cultura en general no es un artículo de primera necesidad. Yo creo que debería serlo. No quiero pertenecer a un país que no ame su cultura. Cuando no está enfrascado en un guión o en un rodaje, ¿de qué se ríe Álex de la Iglesia? Me gusta mucho la escuela de Javier Poncela y también Ramón Gómez de la Serna, Tono, Miura o Edgar Neville, autores españoles de una época y, sobre todo, de una actitud casi dadaísta a la hora de enfrentarse al humor. Adoro revistas como La Codorniz o Hermano Lobo; me volvían loco. Y El Jueves, por supuesto, que es lo clásico actual. Me gusta la gente que utiliza el humor, no solamente como arma o como modo de defenderse, sino también como método de conocimiento. Hay gente que ve la vida desde un punto de vista humorístico, igual que otros la ven desde una perspectiva científica o religiosa, y eso sí que me supone respeto. Esos a los que quizás respetamos poco porque se disfrazan, porque van vestidos de payasos o hacen el tonto, para mí tienen el máximo de los respetos porque creo que nos ayudan a entender.
Califican esta novela como ‘cien por cien’ Álex de la Iglesia. ¿A qué dirías que se refieren? No sé, intento escaparme de las etiquetas, pero otra cosa es que lo consiga. No hay una intención de tener una trayectoria o de tocar una serie de temas recurrentes, todo lo contrario. Pero los temas están ahí. Parece que hay unas constantes en los trabajos de la gente que al final remiten a un carácter, aunque me gustaría que no fuera así. No digo que me gustaría no tener carácter, pero sí ocultarlo. Hacer cine al final es exponerte, abrirte a los demás, es como estar en calzoncillos delante de todo el mundo. Tú, como periodista, te defines cuando escribes algo, enseñas quien eres, por lo que dices y, sobre todo, por lo que no has dicho. Haciendo una película es lo mismo, desde el primer momento en que eliges un tema ya hay una intención clara. Luego, en la manera de contarlo, también. Y se ven tus deficiencias y tus aciertos, hasta donde puedes llegar y ser brillante y a partir de dónde pecas, incluso, de complacencia. Todo eso, en definitiva, no deja de ser una manera de hablar de ti mismo. Es imposible evitarlo. Todos intentamos ser más de lo que somos, pero, en definitiva, somos lo que hacemos. Acabas de terminar un documental sobre el futbolista argentino Leo Messi. ¿Cómo ha sido la experiencia de meterte, por vez primera, en el documental? Como cineasta, me gusta contar mis propias historias, pero también las de los demás. Como técnico realizador, ha sido una forma de demostrarme que puedo hacer cosas que no son mías. Mediapro me pidió hacer un documental sobre Leo Messi, precisamente por lo contrario que era a todo lo que había hecho y a mi entorno. Y estoy muy contento del resultado, creo que supone una visión excéntrica del mundo del fútbol, centrada en un personaje tan polémico como es Leo.
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