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Contra la abdicación, el revisionismo

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Es una minoría pero hacen mucho ruido. Y, encima, determinados medios de comunicación los sacan en procesión y bajo palio. V. gr: Cayo Lara, desaforado, pero aforado y a cobijo por si las moscas; Arthur Mas, en permanente rebeldía con el Estado, o el Coleta, Pablo Iglesias redivivo, simpatizante filo-etarra y otras hierbas.

Cuarenta años después de la proclamación de S. M. el Rey, que tuve la suerte de vivirlo en carne y hueso en mis responsabilidades de TVE en las Cortes, los guerracivilistas, la trasnochada izquierda no se resiste a haber perdido la guerra civil -hubo una guerra, tengo entendido- y un día sí y otro también toma la calle, vomita rencor, venganza, a por ellos, oé. Y sacan la antorcha de la bandera republicana, los mismos que denuncian la anticonstitucional del aguilucho, que es la de San Juan, merluzos, que fue legal y la tengo en la Constitución seriada con la firma del Rey y del presidente de las Cortes hasta que después del 78 se cambió el escudo para llegar al actual, cuyo emprendedor fue el socialista Luis Solana. Pero la bandera española es roja y gualda. Como lo fue durante la I República. Que para el senador regio Camilo José Cela debería definirse como “roja, amarilla y roja”. Ahora, la roja juega al fútbol.

Muy ocioso debe andar el personal, pues, cuando se dedica a estas diatribas, populosas, populacheras, metiendo el acelerador en la boca del estómago de la mayoritaria ciudadanía. Don Juan Carlos (me he expresado con reiteración en estas páginas) ha prestado en 39 años un gran servicio a España, como no podría ser de otra manera. Las salvas de ordenanzas a los proboscidios -dolor, inmenso dolor, animalitos- me hicieron a escribir, sin miramientos, un comentario que llevó por título “El cazador, cazado”. Pero salvo eso, un escarnio para los que somos animalistas, su actitud política (el rey reina pero no gobierna) es digna de todo encomio. Mientras Tejero y sus guripas nos tenían retenidos en el Congreso (servidor hacía la transmisión), un equipo de Televisión Española se trasladaba a la Zarzuela para recoger las palabras del monarca abortando el golpe, Jesús Picatoste y Pedro Erquicia, subdirector de TVE y director de los informativos, respectivamente, regresaron a Prado del Rey en un coche de la Casa. Y cuenta Picatoste (yo seguía incomunicado en el palacio de la Carrera de San Jerónimo, fui el último periodista en salir de allí, más allá de la una de la madrugada) que, por si las moscas llevó, Picatoste, la cinta de 11 pulgadas pegada a su culo ante cualquier imprevisto. O sea, sentado encima de ella. Hasta que salió al aire…

Me parece indecente que estas hordas que claman por la III República, sin acordarse de la Segunda, ni leen ni ven ni oyen, viven del puturrú de foie, y con Carrillo indultado sin indulto, Paracuellos, honoris causa, y su hijo rige la Complutense con los pelos de aquella mugrienta peluca. Los valores, tristemente, se han perdido. Sólo se me ocurre decir: ¡Que Dios nos coja confesados!
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