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Felipe VI, rey de España: retos y desafíos

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Su Católica Majestad Don Felipe VI (Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia) Deus Gratia, rey de España, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de Mallorca, de las Dos Sicilias, de Sevilla, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales e Indias Occidentales, de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano y un prolongado etcétera que podría concluir con un bien dado y pertinente: “por mandato de la Constitución de 1978, representación de la soberanía popular española”, ha sido proclamado monarca y continuador de la tricentenaria dinastía borbónica y siendo el primero que jura aquella, es el segundo rey de la era democrática actual.

Desde luego que me tomo la libertad de añadir la frase latina atendiendo más a una tradición de viejo cuño a que obedece, propia de los monarcas europeos desde tiempo inmemorial, que a una irreductible realidad legal imperante a la que responde el nuevo rey español; y este proemio se ciñe al espíritu del artículo 56, apartado segundo de la Constitución española de 1978 –que señala que el rey puede utilizar los títulos que corresponden a la Corona– y que solo intenta delinear de dónde abreva la tradición monárquica. No dejaré fuera las referencias a ser archiduque de Austria o gran maestre, propias de eso que se tilda como el título largo de los reyes de España, y pese a su dificultosa actualización en los hechos, sin extenderme para no agobiar al respetable, máxime si aún no le satisface a algunos de mis apreciables lectores la transición pacífica e institucional efectuada en España por la vía legal y que mucho valoramos en el extranjero quienes somos observadores de la realidad española a la distancia –en mi caso desde ultramar, en América– uniéndonos un sincero afecto por España misma y que a mi juicio, ha salido airosa.

Han sido un cúmulo de actos y hechos intensos en su significado que mucho nos aleja de 1931, merced a los pactos negociados en la Transición, gracias a la cual se mantiene la paz entre los españoles, y que hemos podido seguir por la televisión oficial en su señal internacional.

Centrándonos en lo sucedido este 19 de junio de 2014 con los preámbulos de las ceremonias de abdicación de la jornada anterior –que pone fin a un reinado de 14088 días, 6 meses y 28 días– y la comunicación del deseo de abdicar que expresó el rey Juan Carlos I el 2 de junio anterior, recordamos que ahora inicia una nueva etapa en un marco institucional que ha dado la mejor época de desarrollo a España en los últimos siglos y que en ese invaluable contexto, el monarca Felipe VI está sujeto a una ley fundamental refrendada por el pueblo español al que se debe y a la cual sujeta su papel de moderar, arbitrar y representar. El rey reina pero no gobierna y sin embargo, reina, como apuntaba Luis María Anson semana atrás; mas su rol, por lo tanto, queda delimitado y quedan garantizadas las libertades y derechos de todos los españoles. Derechos que no conculcan fajines, espadones, maceros, galones, charreteras ni alabardas, propias nada más de la majestad que le es propia a la monarquía.

Graves momentos después de todo, que nos recuerdan que Felipe VI –proclamado con un emocionado ¡Viva el rey! ¡Viva España! ante las Cortes Generales elegidas por el pueblo español– no inicia su reinado en esta coyuntura sino desprovisto de la pompa y la circunstancia inherentes a su cargo y con un clima político caldeado y una crisis económica acuciante tironeando desde varios puntos, en medio de una complejidad notabilísima y una crítica posición que lo obliga a granjearse la voluntad del pueblo español con su compromiso y su trabajo diarios.

Felipe VI tiene frente a sí retos y desafíos que nadie puede obviar o negar. Ciertamente que si bien es una incógnita, pues todo lo dicho hasta hoy sobre el nuevo monarca ha sido algo teórico, no puede negársele la ocasión de ganarse al pueblo español a diario. No tiene alternativa y estoy cierto que asumirá tan grande honor. No puede dormirse en sus laureles. Felipe VI hará muy bien en no olvidar que a diario le corresponde ganarse al pueblo español y permítame reiterarlo. Tarea nada fácil si no hay resultados positivos en la economía, pues no obtendrá el reconocimiento popular definitivo, necesario, pues el reconocimiento legal hasta cierto punto no basta. Ha ofrecido trabajar por los españoles para que se sientan orgullosos de su nuevo rey. No pueden pasar desapercibidas estas palabras y con los precedentes de la historia española, valen oro. Ha refrendado serlo de todos los españoles y ha honrado la memoria de todos. Quiere una monarquía renovada para un tiempo nuevo.

Los desafíos están allí: transparentar su primer círculo, a la monarquía en todo cuánto sea necesario hacerlo y revitalizar la institución que representa al ser un rey constitucional, lo que hace corresponsables a todos los actores públicos; a ganarse a diario el puesto, por el bien de su durabilidad y permanencia en él y contribuir en todo lo posible a sacar a España de esta crisis que en parte ya le ha costado un rey, además y por si faltara. Que tiene una vida por delante, sí, pero al mismo tiempo, es justo el tiempo acortado lo que aguijonea y apura a que actúe sin demora ni dilación alguna que entorpezca la consecución de los objetivos enunciados en su discurso de investidura. Felipe VI inicia su reinado. Su duración y término lo desconocemos todos. No aventuraremos nada, si acaso solo puedo expresarle mis mejores deseos por el bien de quienes de una u otra manera serán los destinatarios de su proceder de ahora en adelante.

No se lo negaré. Ha sido un tanto desconcertante ver al rey Felipe VI no arropado por la familia real al completo a la que ha pertenecido y por mandatarios extranjeros. España tiene presencia mundial y es convocante. No debió impedirse tal presencia. Habría sido importante no perder la visión global del todo. Juan Carlos I merecía cerrar su reinado de mejor forma. Pero es lo que hay. Al final y pese a todos, ha sabido estar, situación invariablemente presente en el ejercicio de su función pública como rey por casi 39 años. Su vida pública allí queda y es la que más contará en el balance de su gestión. Al final se ha llevado varios aplausos. Y el nuevo rey en automóvil descubierto ha sido ovacionado por su pueblo. Mejor arropamiento no veo. Eso vale oro, también. La Gran Vía abarrotada ya puede sumar un episodio más así.

Felipe VI se ha referido a Iberoamérica y ha pasado frente a la Casa de América en Madrid. Ya tendremos ocasión de ver al nuevo monarca pasando por Iberoamérica. Posiblemente en la Cumbre Iberoamericana de Veracruz que cerrará un ciclo para emprender la bianualidad y Felipe VI esta vez en ella podrá moverse con mayor soltura. ¿Qué depara este nuevo reinado? La Historia nos lo contará a su debido tiempo.
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