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DESDE ULTRAMAR

Insensatez e indolencia del alcalde de Ciudad de México

sábado 12 de julio de 2014, 19:39h
Miguel Ángel Mancera fue candidateado para dirigir la capital mexicana en 2012, porque no había muchas opciones en su partido, uno de izquierda, el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que en 17 años que lleva gobernándola ha sido incapaz de crear cuadros a su interior. Entre una azafata –su exnovia– y él –compareciendo como externo al partido– se jugaban el futuro de la capital, arropado él en su cargo de procurador de justicia (una suerte de fiscal) de dudosos méritos. Los perredistas lo eligieron a él y los ciudadanos proclives a la izquierda se tragaron completito el cuento de que por sus aparentes siglas, sería uno más de ellos. Qué equivocados estaban.

Y es que una cosa es ser procurador de cierto pelo y otra muy distinta enfrentar los desafíos que supone gobernar una megaurbe como la capital de México. Mancera sale reprobado en su gestión o como se dice en España: queda suspendido. Hace rato que no conocíamos a un alcalde tan carente de rumbo y tan difuminado, tan escaso de logros y de oficio político. Natural. Porque… ¿quién le dijo, quién le vendió el cuentito de que sería capaz de gobernar aquella gran metrópoli americana? y todos, quienes vivimos y no en sus linderos, aun en su periferia, estamos pagando de una u otra manera sus insensateces que flaco favor le hacen a la izquierda mexicana, de por sí tan carente de liderazgos renovados y de propuesta.

Eso sí, una izquierda que presume sus 17 añotes al frente de la Ciudad de México callándose que solo allí los cumple, porque la han echado a punta de votos de todas las demás provincias que alguna vez gobernó. Seguro que por ser excelente ¿o no? No nos engañemos: por inepta.

Mancera lleva año y medio en el cargo y sus errores e insuficiencias constantes son un innegable dolor de muelas, un alarido como para gritar un ¡ya basta! Embrollado y sin proyecto claro de gobierno, ha cometido el peor de sus equívocos: añadir mayores restricciones al programa vehicular “Hoy No Circula”, sin consulta ciudadana alguna desde un gobierno cuyo lema es “Decidiendo juntos”. Que sí, que ya sabemos que es una actitud populachera, barata y asaz demagoga que no conduce a nada, pero vende y simula provenir de un demócrata que no lo es. Y allí está su proceder, demostrándolo.

“Hoy No Circula” se trata de un programa creado hace casi 25 años so pretexto de cuidar nuestros pulmones y que solo ha sido un foco de desaciertos y corrupción. Se obliga a que un día o varios no circulen determinados vehículos. Un fiasco y requiere ser replanteado de forma urgente. Pero en vez de ello, Mancera y sus muchachos han optado mejor por mantener el negocito, ampliándolo. En ello va la bribonada. Puede usted adivinar que pagamos más por gasolinas “más limpias” que no limpian y se ha fomentado la compra de una segunda unidad cuando descansa la primera, y así no usar un transporte público que si bien es gigantesco, es insuficiente e ineficiente. La autoridad de izquierdas se ha desentendido de procurarlo o ha concesionado autobuses y bicicletas que apestan a negocio privado al amparo del servicio público. Con este programa vial restrictivo, los únicos ganones por un cuarto de siglo han sido los verificadores de emisiones vehiculares, las autoridades que los verifican a ellos y las armadoras de autos, que han vendido el doble de lo presupuestado y aún así se llaman recesivas. El ciudadano, ya sea que posea o no un vehículo, es el gran perdedor de este esquema que lo esquilma. El programa, ya bastante cuestionable porque sus resultados son magros, dado que ni los índices de contaminación disminuyen ni la movilidad se mejora, nos depara más disgustos. Y ya lo estamos viendo.

Mancera ni se arredra ni concede, seguro de sí ante su estrambótica medida, ni asume responsabilidades ni descuenta impuestos por el no uso del vehículo ni cede a las presiones ni pondera que puede enfrentar votos en contra ni oye ni estima atendibles las quejas desatadas, y apenas ha permitido alguna excepción pingüe, mientras evade los reclamos que se están dejando sentir en las calles y en las imparables redes sociales. Va atropellando a quienes le dieron su voto, tenedores de autos de entre 9 y 15 años –los destinatarios de las nuevas restricciones para circular– de por sí ya afectados en su economía familiar y ahora más al restringírseles los sábados para que no usen una herramienta de trabajo, justo en una jornada muy socorrida para ellos –que es cuando se les quiere privar de moverse en sus autos–.

Mancera limita aún más a los mexicanos de todo el país, condicionando su paso por la capital, sometiéndolos a sus medidas restrictivas, entorpeciendo la economía y violando la libre circulación de los foráneos, quienes no tendrían porqué someter sus vehículos a farragosos trámites por un simple paso temporal por Ciudad de México, tal y como los obliga. Curioso proceder de la izquierda que presume de impoluta. Eso sí: el alcalde ya no nos tutea como cuando quería el voto ciudadano y ya no puede prometer que será estupendo; su torpeza solo es equiparable a la chulería de su soberbia secretaria de medio ambiente, Tania Müller, a quien nadie ha votado para ese cargo, que criminaliza a los automovilistas por serlo, con cifras y datos muy rebatibles.

No se qué me molesta más: si saber que el alcalde y sus muchachos no se aplicarán a sí mismos semejantes medidas restrictivas, desvergonzadas y francamente violatorias de las más elementales garantías individuales y las evadirán como puedan, pues concebirlos siquiera dejando un día su vehículo en casa, me resulta inimaginable, o si me enfada y fastidia más que su partido use placas que rezan: “al servicio del partido” para circular impunemente y para evadir sus responsabilidades; o sencillamente que me irrita la chulería desbordada de la señora Müller, de insufribles maneras y burdos y discriminatorios argumentos en contra de los dueños de vehículos. La indolencia de su actuar y la sordera que se cargan resultan insultantes ante el clamor de que reconsideren sus medidas que apestan a negocito contra los ciudadanos. Quizás sea todo lo anterior más la manipulación de los informes emitidos por el Centro Mario Molina que han usado para apuntalar su proceder, mas sirviéndose del nombre del premio nobel para interpretarlos a su antojo y conveniencia. Echaron mano de su nombre para legitimar lo que saben que carece de legitimidad. ¡Qué proceder más tramposo y falto de ética! El programa requiere una revisión profunda y está claro que con este gobierno difícilmente eso sucederá. Estamos condenados a permanecer en sus garras y eso resulta intolerable.
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