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Brasil 2014. Recuento de los daños

lunes 14 de julio de 2014, 19:02h

Alemania ha ganado la Copa Mundial de Fútbol 2014. Al final ni Argentina ni Brasil ni España ni Francia ni Italia ni los Países Bajos ni ninguna otra selección lo consiguió. Es lo que tienen estas cosas, pues hay muchos aspirantes pero un solo trofeo. Todas entran campeonas al certamen y casi todas salen derrotadas. Lo usual.

Al inicio del presente certamen comparecí ante usted amigo lector en ambos hemisferios, a manifestar unas cuantas apreciaciones sobre lo que había sido el proceso para llegar a esta edición 2014. Ahora, a toro pasado, simplemente me resta expresar unos cuantos comentarios que no están de más para concluir un episodio deportivo que ha sido por mucho, sui generis.

 Para empezar le diré que Brasil ha podido sortear el desafío, aplacando incluso la protesta que amenazaba ser implacable y pese a que los postulados de quienes se opusieron a este campeonato sean justos y perduren los problemas que los justifican. Mas el Mundial transitó llegando incluso, a olvidársenos de cuando en cuando que existía ese otro asunto: el justo reclamo social.

 El Mundial nos deja a muchos un buen sabor de boca. Ha cumplido con lo que siempre promete: expectación, emoción, pasión, espectáculo, entrega, festejo, seguimiento y la cauda de sentimientos espontáneos que brotan ante los triunfos y las derrotas de las distintas selecciones nacionales, según avanza el calendario y que nunca hay que perderlo de vista que se trata de un proceso natural e inevitable. Ojalá que en un mundo tan convulso todo se resolviera con la eliminación de la selección nacional de nuestra preferencia. Las aficiones se han volcado y nos han compartido sus emociones. Han cumplido otra vez. Las redes sociales me han permitido pulsar todo este sentir planetario de manera magnífica. 

 A mí me ha gustado el Mundial y reconozco a los brasileños su labor porque han lidiado contra viento y marea. Sacaron la casta y cumplieron su compromiso, con sus más y sus menos. Fiel creyente de que la gloria se reparta, todos los países tienen derecho a ser organizadores de tan magnos eventos. No admito que sea privilegio de unos cuantos.

 Ya otra cosa es el arbitraje. El Mundial de 2014 ha sido asaz polémico desde el primer partido hasta el último. La sombra del arbitraje deficiente, torpe, amañado, vendido, incluso, y mire que es un adjetivo muy fuerte, no dejó de merodear en cada encuentro deportivo y las polémicas, las más fundadas entre los conocedores, las podemos resumir en dos palabras: fue pésimo.

 Desde luego y por mucho, no me basta que se diga que el fútbol se resuelve metiendo goles, pues sería una forma muy simplista de verlo cuando a los ojos del planeta hay irregularidades evidentes e inocultables en el arbitraje; y porque esa tesis se fue al caño con los arbitrajes que todo pudimos apreciar. No todo son goles y se ha jugado más de un partido con 12 jugadores de un lado. El Fair Play tan cantado por la FIFA ha quedado muy entredicho como ella misma. ¡Cuánto mal le ha hecho Blatter a la FIFA!


Y en esta tesitura el partido México-Países Bajos se ha resuelto mal, justo por ese deficiente arbitraje, y encima con un jugador, Robben, que ha reconocido que se ha tirado al suelo sin falta de por medio contra su rival mexicano. Liado en sus declaraciones, deja a su equipo como un tramposo. Para mí el neerlandés no es un gran equipo, puesto que no ha podido jugar limpio hasta el final. No lo es en esta edición. Que eso también cuenta mucho. En esa circunstancia me quedo con el desempeño de la selección mexicana, que cuántas veces por no jugar sucio, se habrá privado de más de un trofeo. Prefiero que se diga que no cumplieron a que los llamen no merecedores.

Sigo. Y ha ganado nuevamente Alemania. Esta vez sobre Argentina. Esta tarde de domingo veo que se imponen dos puntos de vista para explicar lo sucedido: por un lado que hubo mayor fútbol del equipo germano (pese a que no faltara quien advirtiera que no veía en él al desempeño mostrado en este Mundial) y algo más: que Alemania traía equipo y no figuras. Esto último pone el acento en un tema significativo: ¿qué pasó con tanta figura? en efecto, han llegado los Messis y los Cristianos y demás figurones, jugadores ya exhaustos, lastimados, sobreexplotados –en el peor sentido de la palabra– y agobiados con tanta liga, campeonato, copas, encierros de todo nivel y premiación con que se ha llenado al calendario futbolístico mundial, que no puede aguardar a lucirse solo cuatro años. Una cosa es que el fútbol se haya consolidado como negocio y otra que su sobreexplotación esté generando ya el desgaste prematuro de tantas figuras. Es un aviso negativo. Las grandes selecciones no han brillado, más por un desgaste de sus jugadores que por desear que la gloria se reparta, desde luego. Equipos de figuras ha sido lo peor para este Mundial.

¿Será que su bajo rendimiento en este Mundial obedece a esa sobreexplotación o acaso a una bolsa poco atractiva por haber tanta oferta de ingresos, con tanto torneo previo? A saber. En los años venideros se deberían de pensar si van en el camino correcto. Antes, el Mundial era la exhibición por excelencia del mejor fútbol con variantes regionales que mucho enriquecían el encuentro; o al menos eso se aceptaba como válido. Hoy por el contrario, equipos y jugadores nos han dejado una estela de tropiezos y decepciones que alertan una sobreexplotación del negocio. ¡Cuidado! ¡ojo al piojo! como dicen los amigos argentinos. Porque podrían estar matando a la gallina de los huevos de oro. Al tiempo.

Al final de Shakira ha estado muy bien que la llevaran. El público la pedía. Y muy mal que no asistiera la presidenta argentina a la clausura. No cabe duda que a los jefes de Estado en tales trances les resta arropar a sus selecciones. La Merkel lo tuvo más claro.

Finalmente, va mi última reflexión en este asunto: en efecto, un equipo europeo ha ganado en América, en una final que no era de las presuntamente ya arregladas (puedo decirlo ya: Brasil-Argentina o Alemania-Países Bajos). Alemania ha ganado en buena lid. Y ha vengado el triunfo de Brasil de 1958 en Suecia, rompiendo el ahora tetracampeón (de tetra, cuatro) esa maldición de que los equipos europeos no la ganaban en tierras americanas. Y al mismo tiempo lanza otra vez el reto a las confederaciones de América para que consigan un nuevo triunfo en suelo europeo en un futuro próximo, dejando Alemania muy en alto el listón para quien lo pueda coger. El reto estoy cierto que ha sido aceptado desde Canadá hasta Argentina misma y el emplazamiento se ha producido. Será en aras del mejor fútbol al que todos aspiran. El fútbol de América toda se lo tiene que plantear en serio.

¡Hasta la vista Brasil 2014! Rusia 2018 asoma y Putin imparable, sigue tomando nota de todo.

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