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NOVELA

Mai Jia: El don

domingo 20 de julio de 2014, 13:27h
Mai Jia: El don

Traducción de Claudia Conde. 480 páginas. 20 €. Libro electrónico. 12,99 €

Por José Pazó Espinosa

El don es un libro peculiar, algo desconcertante, que tiene la atracción de un patito algo feo y torpe, que a pesar de crecer sigue queriendo ser patito en vez de convertirse en cisne. Es, a la vez, un libro sobre la inteligencia que no quiere ser inteligente, una combinación extraña e interesante, sobre todo cuando sobran en este momento editorial tantos libros en el mundo que tratan sobre la estupidez, pero quieren ser inteligentes.

El don ha sido un gran éxito de ventas desde su publicación en 2002. Su autor tardó once años en escribirla. Doce años después, en 2014, se publica en España después de haber vendido más de cinco millones de ejemplares en China, y haber ganado varios premios literarios, entre ellos el Nacional, el Mao Dun y el Sichuan, entre otros. La edición española de El don señala que el libro ha tenido más de cien millones de lecturas on-line. Cifras estas suficientes para sumir a cualquier escritor español en la depresión más profunda. Porque frente a las cifras chinas de lectura y popularidad, las nuestras parecen anécdotas de un mundo menor, por mucho que el español se haya convertido en la primera lengua materna hablada en el mundo.

Mai Jia, el autor de El don, es un matemático y militar que en su vida como militar en activo -más de seis años-, nunca disparó un solo tiro. Se dedicaba a la criptografía, a la creación y el desciframiento de códigos, actividad militar donde las haya habido y las haya, aunque hoy parece haberse traspasado al mundo de las comunicaciones inalámbricas. Pero la relación con el mundo militar es importante, ya que El don es una novela sobre un criptógrafo en la China del siglo XX. Este criptógrafo se llama Rong Jinzhen, hijo ilegítimo de una estirpe de matemáticos, y personaje que une la inteligencia más aguda con la torpeza para los hechos de la vida diaria más profunda. Es un santón iluminado por el genio matemático, cuya existencia se centrará en el descifrado de dos códigos: “púrpura” y “negro”.

De los códigos, se dice en varios momentos que su creación es un acto diabólico, y su descifrado también. Que destruyen a quienes los crean y a quienes los resuelven, por la misma esencia de la inteligencia, junto con la locura ese otro brazo de la obsesión. Estas afirmaciones pueden parecer banales, pero El don, desde una simplicidad e inocencia de estilo y de objetivos aparentes grande, desciende al suelo en el que se construye la teoría de la inteligencia, a las cuestiones fundamentales que la rodean: ¿qué es la inteligencia?, ¿en qué consiste su esencia y con qué otras cualidades está relacionada?, ¿qué papel desempeña la irracionalidad en ella?

Tras El don, Mai Jia ha escrito otras obras de espías con mucho éxito. Esto puede hacer pensar que su primera novela va a ser una novela de género. Pero no. El don es en primer lugar una novela muy china, con una primera parte totalmente ocupada en establecer la genealogía del protagonista. Una genealogía que recuerda a veces a la forma constructiva de Mo Yan en sus novelas, pero también al García Márquez mítico de lo cien años. Luego, es una novela que trata de la criptografía pero que no describe códigos. No es un juego para adolescentes superdotados ni un ejercicio de ingenio. Es el acercamiento de un documentalista a un hecho ficticio que nunca se llega a conocer. Es, por ello, una novela kafkiana y taoísta a la vez. El narrador es una sombra, no sabemos de quién, y el tema que describe circularmente, obsesivamente, omniscientemente y subjetivamente es un tema elusivo, del que no hay ningún ejemplo en el libro. Es, por tanto, un libro bastante estático, por momentos falsamente superficial, en el sentido de esa película de agua en la que insectos zancudos se apoyan pero no se zambullen.

La parte final del libro es sumamente interesante. Del protagonista, se dice en algún momento que aúna el conocimiento oriental con el occidental, y que por eso es la persona mejor preparada para descifrar códigos. En esa parte final, bailan Kafka y Wittgenstein al ritmo del Tao y del Zen. Para Mai Jia, la encriptación, algo que él mismo practicó, es una suplantación diabólica de la divinidad. Es una inevitabilidad de la obsesión. Es el espejo de la locura. Un don no muy apacible.
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