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DESDE ULTRAMAR

1914-2014: Centenario Primera Guerra Mundial (I)

domingo 27 de julio de 2014, 18:22h
28 de julio de 2014. Hemos llegado al centenario del estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-2014). Una fecha esperada por muchos historiadores y por personas dedicadas al estudio del quehacer humano, porque la Primera Guerra Mundial (IGM) fue un parteaguas de la Historia. Solo dos datos significativos entre muchos, adelantan su relevancia: fue la primera guerra efectuada con una mentalidad propia del siglo XX y su advenimiento supone el final abrupto del siglo XIX.

Reflexionar en torno a este suceso de tan gran envergadura histórico-militar es una ocasión ineludible que nos encarrila a conocer más, no solo del episodio en sí, que bien podemos contar desde ya con cuatro años por delante para efectuar diversas reflexiones alrededor de él, sino para ponderar de forma inexcusable cómo el mundo cambió tras de aquella contienda que sepultó en definitiva los gazmoños valores del Positivismo que clamaban al Hombre alejado de la superada guerra como su estado más bajo de conciencia y sus valores eternos inalienables, que se fueron a morir a los campos de Europa.

Aquella Gran Guerra, la Gran Guerra Europea, la última guerra por ser la guerra que acabaría con todas las guerras, como sostuvieron los afectados y parsimoniosos aliados vencedores, tal y como fue denominada en su día, y que atrapó a un continente entero con absoluta rapidez, pues ni los países neutrales como España o los Países Bajos escaparon a sus consecuencias mediatas e inmediatas, algún día fue vista, mucho después de concluida, como la primera de dos conflagraciones de alcances planetarios y no exclusivamente europeos como se había sostenido, aunque en gran medida aún lo fue así, imprimiéndoles ese cariz y esa denominación definitiva de “mundial” con la que hoy la conocemos, pues existió una segunda guerra aún más destructiva y decidida e infortunadamente universal. Aún se discutible en nuestros días si la primera no fue más que un adelanto de la segunda, que naciera con ella misma cuando fue declarada aquel ya centenario 28 de julio de 1914.

Hoy cuesta creer como en una semana, una semana, escasamente, las principales potencias europeas se precipitaron al vacío en el máximo esplendor del señorío mundial europeo, arrastradas unas a otras por el intricado sistema de alianzas militares, dispuestas a sobresalir con su recalcitrante nacionalismo y a masacrarse, enarbolando sus rencillas, su osadía y su lacerante deseo de venganza; avalando intereses que en efecto, pudieron no ser los de las mayorías, o quizás sí que lo fueron, porque el revanchismo existente en todos los estratos sociales sí se produjo, fue cierto y no puede exculpar a nadie, pues fueron muchos los que jalaron de los gatillos, plenamente conscientes.

La guerra que arrastró al Imperio Otomano –el hombre enfermo de Europa– a su disolución, abriendo las puertas al conflicto árabe-israelí tras la paz de Sèvres, y que atrajo a ella por igual a los Balcanes y a las remotas posesiones coloniales europeas o a Japón; fue el enfrentamiento que presenció las armas químicas y el submarino, la aviación y el tanque, empero aún fue peleado de forma romántica con sable y nos legó al Barón Rojo y a Lawrence de Arabia; también nos dejó el concepto del “soldado desconocido” ante la imposibilidad de identificar a los caídos en aquel aniquilamiento, pues la matanza de la guerra de trincheras imposibilitaba hacerlo. Fue la misma que convocó poco a poco y tardíamente a los Estados Unidos y tras de ellos, a algunos países hispanoamericanos como Panamá y Cuba y aún contó con participaciones tan periféricas como la de Brasil y Portugal, que confirieron un cariz mundial, cuasi universal, al conflicto armado aquel que nos congrega cien años después.
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