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DESDE ULTRAMAR

1914-2014: Centenario Primera Guerra Mundial (II)

lunes 28 de julio de 2014, 21:12h
¡Dicen que Europa se murió en 1914! Otros solo adelantan que fue el inició de una guerra civil europea que se cerró en 1945. Y hubo quien planteó que el continente europeo solo intentó suicidarse dos veces en la pasada centuria, casi consiguiéndolo en la segunda ocasión.

Porque con la Primera Guerra Mundial surge la idea de que Europa, la vieja Europa, se acabó justo hace cien años. Me ronda y me carcome tan sugerente arquetipo. Que se sostenga que ella solo es ya el remedo de sí misma. Cuando el historiador francés René Aimé en una charla informal me confesaba que Francia hacia setenta años que nada aporta y que para él, la veta “Europa” podía estar agotada, pienso si en verdad así es y el 14 extiende sus sombras hasta nosotros o es una mera exageración. Algo, mucho se murió en aquella guerra. Así, Europa lleva un siglo reinventándose a sí misma, pero fuera, vista desde ultramar, nos deja cierta sensación de que vive de su pasado, apenas dando intermitentes destellos de su presente y su futuro. Su permanente mirada a un pasado ido pareciera que muchas veces pesa más en su presente. Le reitero que lo digo a la distancia, desde otro continente.

El último siglo trajo aparejado muchos cambios que desató aquella trapatiesta del 14. Empujo el desarrollo del armamentismo y los más mortíferos crímenes evidenciados; abrió paso a la Revolución Bolchevique, a la decadencia imperial europea y a los totalitarismos, acelerando la masificación de los medios y la cultura; es cimiente de la crisis del 29 y consolidó el feminismo, al empujar a las mujeres a las fábricas, sustituyendo a los varones que marcharon al frente, revolucionando su posición económica y mutando sus valores más acendrados, aun en la moda, que aceleró su paso entre la escasez de la guerra y el atrevimiento de las féminas a portar faldas más cortas, en tanto ganaban el derecho al voto y al divorcio y se negaban a regresar a su vida pasiva hogareña. La Gran Guerra nos condujo a la flapper liberada y audaz.

La IGM cuestionó la supremacía europea –que después Ortega y Gasset denunció en decadencia en “La Revolución de las Masas” y acusara el Círculo de Viena– y pronto los movimientos libertarios extraeuropeos la desafiaron: India, Quebec, China misma. El colonialismo tradicional entraba en su fase final. Las hostilidades dieron paso a la Paz de Versalles con su humillante firma, semilla de la siguiente gran guerra e impulsora de la Sociedad de las Naciones, el primer esfuerzo diplomático serio y permanente para alcanzar la paz, precedente de la ONU. Las revoluciones en el arte reclamante de entreguerras, prototipo del siglo XX, de intrépidas formas y cuestionantes mensajes sobre la percepción del mundo y la integridad del Hombre, acompañando nuevas expectativas y renovados discursos, también brotaron de aquella disputa cuyo centenario hoy conmemoramos.

Aunque México no fue a la guerra aquella y carece de un monumento que la recuerde, una centuria después se suma a preguntarnos: ¿aprendimos algo? Esa es la pregunta clave que deja este centenario. ¿Quisimos aprender algo y fuimos capaces de hacerlo? ¿aprovechamos esa riquísima experiencia? Júzguelo usted. Mientras, quedémonos con las proféticas palabras de Sir Edward Grey, ministro de exteriores británico, al sentenciar al inicio de la pugna aquella lamentando el fin del cénit europeo: “(poco a poco) las luces se apagan en toda Europa. No volverán a encenderse por mucho que vivamos”. Y tuvo razón. Europa no recuperó su supremacía. Y ya pasó un siglo de todo aquello.
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