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Argentina sólo es víctima de su mala cabeza

viernes 01 de agosto de 2014, 20:31h
Argentina sólo es víctima de su mala cabeza
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Hay que preguntarse si no será la culpable de su miseria. Por José Carlos Rodríguez
Los fondos buitre, el FMI, los jueces de Nueva York, el Sursum Corda... todos son culpables de que Argentina no pague. Todos, menos Argentina. Pero ha llegado el momento de empezar a plantearse si no será Argentina la culpable de su miseria.

Antes que nada, vamos a dejar claro dónde estamos, y cómo ha llegado Argentina a este punto. Hasta el momento, Argentina no ha faltado a ningún pago. De hecho, ha depositado en un banco neoyorkino 539 millones de dólares. Están destinados al pago de lo que Argentina llama “bonistas de buena fe”, los que aceptaron hace trece años renunciar al 65 por ciento del pago de sus préstamos, con tal de cobrar el 35 restante. Éstos no han recibido dicha cantidad, porque ha sido bloqueada por un juez de los Estados Unidos.

La decisión judicial se debe a que éste instruye el contencioso que tienen dos fondos con el Estado argentino. Estos dos fondos no se atuvieron al acuerdo del resto de acreedores, y quieren cobrar la totalidad de lo prestado. Argentina ha intentado negociar con ellos, pero no han llegado a un acuerdo. De modo que Argentina no ha mostrado, hasta el momento, intención alguna de no pagar a los acreedores con los que tiene un acuerdo, pero no quiere pagarlo todo a los otros dos fondos, a los que califica como “buitres”.

La cuestión no acaba aquí, porque si Argentina se ve finalmente obligada al pago del 100 por cien de la deuda con estas dos entidades, hay una cláusula (RUFO) que legitima a todos los acreedores a reclamar también la totalidad de la deuda. Eso haría que la deuda argentina alcanzase los 120.000 millones de dólares. Cuando llegó a la suspensión de pagos en 2001, ésta era de 100.000. En definitiva: no puede hacer frente a ella. Un grupo de bancos argentinos propone salvar esta situación pagando ellos la cantidad adeudada a los “fondos buitre”, pues si es una entidad privada quien lo hace, no salta automáticamente la cláusula RUFO.

Por eso el gobierno de Kirchner niega que haya suspendido los pagos. Pero también por eso otros se sorprenden de que lo diga. Standard & Poor's ha dicho que Argentina ha entrado en una suspensión de pagos selectiva. Fitch habla de “suspensión de pagos restringida”.

Lo cierto es que Argentina es uno de los “sospechosos habituales”. La expresión la ha acuñado, a partir del título de una película, Graphic detail de The Economist, a partir de los datos del libro de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff This time is different. Un libro que muestra que esta ocasión, la de Argentina, no es diferente a muchas otras. En concreto, y circunscribiéndonos sólo a los últimos 214 años, desde 1800, Argentina es uno de los cuatro Estados que han suspendido pagos en ocho ocasiones, en este tiempo. Sólo hay seis forajidos que han faltado al pago de sus obligaciones en más ocasiones: Chile, Brasil, Costa Rica y Uruguay nueve veces, y Venezuela y Ecuador, diez. España, por cierto, lo hizo en seis ocasiones, aunque la última es de la I República.

La posición de Argentina la ha explicado Nicolás Cachanovsky con un ejemplo: Imagine que va al banco a explicar que, por una caída de ingresos, no es capaz de pagar la hipoteca. El banco te lleva a los tribunales, tú alegas que tienes el derecho de no devolver el dinero con el que te compraste tu casa. Y que eres víctima de los oscuros intereses financieros, y de bancos sin escrúpulos. Y que no quieres que te molesten haciéndote ver que no puedes seguir viviendo con el mismo nivel de vida insostenible, y financiado por otros, que has tenido. El juez dicta sentencia contra ti, y entonces te pones en contacto con la prensa internacional, diciendo que el juez en injusto, y que por su decisión él, y no tú, pone en riesgo al sistema bancario internacional. Y termina diciendo: “Y ahora, intenta tú justificar la posición del gobierno de Argentina”.

¿Cuáles serán las consecuencias para Argentina de un impago? No muchas, probablemente. Los inversores saben perfectamente en qué consiste el modo argentino de gestionar sus pagos. Sencillamente, el país no es de fiar. Y, de hecho, no se fían de él. Argentina está aislada financieramente del mercado de capitales. Su economía se financia con menos capital, y más caro, lo cual retrasa su crecimiento. Sí, serán más pobres. Pero es la política que han elegido, incluso con ferviente entusiasmo. Y están acostumbrados a ese largo e inevitable declinar.
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