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Las consecuencias de la Guerra: Un nuevo imperio

miércoles 06 de agosto de 2014, 23:15h
Las consecuencias de la Guerra: Un nuevo imperio
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La Primera Guerra Mundial cumple cien años. ¿Qué impronta económica dejó?

El mayor imperio del mundo, al comenzar la Gran Guerra, era Gran Bretaña. Al término de ésta, quien actuó de forma decisiva no fue el primer ministro británico, sino el presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson. Entre 1914 y 1918 había cambiado el curso de la historia en varios sentidos importantes, y uno de ellos fue la sustitución de un imperio por otro.

No es que la economía estadounidense no fuera ya la primera del mundo en 1914. De hecho, superaba ya el tamaño de Gran Bretaña. Pero la guerra amplió esa distancia entre los Estados Unidos y el resto hasta hacerse inabordable.

Comencemos por Gran Bretaña. Creó el mayor imperio jamás conocido. Sólo 22 países, entre los que no se encuentra España, tienen o han tenido en algún momento su territorio o una parte de él bajo mando británico. Su imperio alcanzó su cénit en el siglo XIX. Para sostenerlo, necesitaba una Armada que superara a todas las demás, y la tuvo.

Francia y Gran Bretaña estaba exhaustas, económicamente. Gran Bretaña gastó dos de cada tres libras de su presupuesto en la guerra, y ésta consumía dos quintos de su renta. Su superávit por cuenta corriente se esfumó durante la guerra. La era liberal que Gran Bretaña había contribuido a crear, desapareció. Y Fue sustituida por un proteccionismo brutal, que acabó con la cooperación internacional. El sistema monetario se vino abajo, incidiendo en la quiebra de la globalización decimonónica. Privada de ese comercio global, Gran Bretaña fue incapaz de mantener su estructura ni jugar el papel que había desempeñado. Los conflictos sociales, la caída en dsgracia del liberalismo, largamente larvada, y la ruptura de Irlanda acabaron por desgarrarla. Y Francia y Gran Bretaña eran las vencedoras. Alemania además tuvo que hacer frente a unas reparaciones que estaban muy por encima de lo que nunca pudo pagar.

La única gran economía capaz de financiar la recuperación económica era la estadounidense. Y eso hizo que Londres, que había sido el principal centro financiero del mundo desde el siglo XVII, cediese su cetro a Nueva York. Aunque en realidad se han repartido los papeles, como saben los lectores de estas crónicas: NY como centro del mercado de capitales, y la City en el mercado de divisas.

Los Estados Unidos, entre las doctrinas de Monroe y Polk y el corolario de Teddy Roosevelt, habían intervenido en América toda. Su “destino manifiesto” no se ahogó en el Pacífico, sino que siguió mirando a occidente hasta oriente. Pero para ser una potencia mundial tenía que “partir el bacalao” en Europa. Y fue lo que hizo Woodrow Wilson. 

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