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POR LIBRE

¿Qué es eso de “la segunda transición”?

domingo 10 de agosto de 2014, 14:48h
Un puñado de políticos y periodistas ha acuñado un enrevesado concepto para referirse al momento de agitación política que vive España: la segunda transición. Los cerebritos que emplean sin cesar el término de marras se refieren así a la nueva etapa política que se avecina: la previsible reforma de la Constitución, el anunciado vuelco electoral con la irrupción de la extrema izquierda en el Parlamento...

Es cierto que la abdicación del Rey supone una nueva etapa de la Monarquía Parlamentaria, una nueva etapa del régimen democrático que se inició en 1.975 con la muerte de Franco. Pero lo de la segunda transición es una chorrada.

Formalmente, la transición comenzó cuando el Rey Juan Carlos fue proclamado por las Cortes y culminó con la aprobación de la Constitución tres años después. En esos días, al cambiar de un régimen dictatorial a otro democrático, se fraguó la España actual. Fueron tiempos convulsos. A Arias Navarro solo le guiaba la lucecita de El Pardo y Adolfo Suárez tuvo que tomar el timón para desenredar los tentáculos de la dictadura con los propios votos franquistas. Pero a Don Juan Carlos no le tembló el pulso y condujo a España a donde se había propuesto.

Si se quiere, la democracia se consolidó en el año 1.982 con la victoria del PSOE en las elecciones. Pues en ese momento, se comprobó que España había enterrado definitivamente la dictadura. Y podría aceptarse que la transición durara hasta ese momento. Pero ni un día más. ¿A qué cuento viene entonces hablar de una segunda transición? Ya Zapatero pretendió erigirse en el adalid de una nueva era democrática española. Lo que intentó, y en parte logró, fue aniquilar cualquier vestigio de esa transición. En realidad, destruyó todo lo que pudo: el consenso, la unidad de España y, desde luego, la economía. Lo de Pablo Iglesias a su lado es una broma. Porque al líder de Podemos se le ve venir desde Caracas, aunque él lo disimule, pero el ex presidente del Gobierno arrampló con los cimientos democráticos amparado tras esa sonrisita de conejo despistado.

Por suerte, la robustez de la democracia resistió el embate, pero ha quedado dañada. Pues su legado, además del gran éxito político y hasta histórico del matrimonio homosexual, es la división entre las dos Españas y la deriva secesionista. Una herencia letal. Pero ni tras la conmoción del paso de Zapatero por La Moncloa, España se encamina a una segunda transición, salvo que alguno quiera volver a la dictadura. Que haberlos “haylos”. Por suerte, solo unos pocos la franquista; por desgracia, demasiados, la castrista.

Ahora, nuestra nación, tras la proclamación de Felipe VI, comienza en todo caso, una nueva etapa. Y en esa nueva etapa, lo más urgente es recuperar el consenso para poder abordar las reformas políticas que España necesita para robustecer el sistema democrático. Y la primera, ya es un clamor, reformar la Constitución. Todo un reto con el PSOE boqueando, la extrema izquierda pateando todo lo que encuentra por delante y los secesionistas tomando la calle y amenazando cada día. A ver quién le pone el cascabel al gato. Rajoy, de momento, y con razón, no encuentra el día.

Porque si se abre el melón de la Constitución, unos querrán plantear la República; otros, mantener la Monarquía parlamentaria. Algunos, centralizar el Estado para que asuma las competencias que nunca debió ceder a las Autonomías, como la educación; los nacionalistas, lo contrario: asumir todas las competencias habidas y por haber, como recaudar los impuestos, pero seguir siendo subvencionados. Los socialistas propondrán esa ambigüedad del federalismo, que nadie sabe en qué consiste. Ni ellos.

También habría que abordar la reforma del sistema electoral. Ahora, los partidos nacionalistas se benefician de la Ley D’ Hont al obtener cuatro o cinco escaños más que los partidos nacionales con los mismos votos. Una injusticia que habría que eliminar. Pero a nadie se le escapa que Artur Mas, Urkullu y compañía pondrían el grito en el cielo.

¿Es ahora posible ese consenso necesario para abordar la reforma de la Constitución? Parece difícil. Pero también es verdad que resultará imposible si se cumplen los pronósticos y el PSOE queda descuartizado por la extrema izquierda. Pues con los socialistas puede llegarse a acuerdos en asuntos de Estado. Con los antisistema, no. Todo un dilema.

Pero la democracia resistirá. Si ha sobrevivido a Zapatero, nadie podrá con ella. Ni Pablo Iglesias y sus colegas quemando contenedores. La dictadura está enterrada y bien enterrada. Y la transición queda para los nostálgicos y los historiadores.
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